El fiasco del tercerismo PS: tomarse la campaña de Guillier

El fiasco del tercerismo PS: tomarse la campaña de Guillier

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Ser el factótum, instalarse como el hombre clave tras la carta presidencial del PS-PPD-PR y PC, pareció la apuesta que el timonel socialista, Álvaro Elizalde, trazó al jugar sus cartas en abril pasado para que su partido se inclinara por Alejandro Guillier y no respaldara la opción de Ricardo Lagos Escobar. A la luz de la conformación oficial del comando anunciado la semana pasada por el candidato del eje progresista, queda en evidencia que tal estrategia no rindió los frutos esperados.

La apuesta de Elizalde fue de la mano con la idea de “jubilar políticamente” a toda la generación del socialismo que había llevado las riendas del poder en la colectividad, y participado  en los diferentes gobiernos de la coalición por 27 años, período en que el dirigente, mucho más joven que ellos, fue un actor de segunda fila, hasta la actual administración de Michelle Bachelet, donde se convirtió en ministro vocero el primer año y medio, y luego, en marzo –gracias a un acuerdo intertendencias– en presidente del PS. En el diseño original de la estrategia, como han reconocido varios cercanos al dirigente, el objetivo era que el timonel PS se instalaría como el factótum de Guillier, una vez zanjado el respaldo clave del socialismo a su candidatura.

Pero la opción por el senador por Antofagasta trajo tensiones internas en el socialismo que, al parecer, no fueron calculadas en el diseño de Elizalde. Hoy  tiene a la colectividad alineada con Guillier, pero bastante lejos de estar movilizada en su campaña con la mística política y compromiso que requieren las carreras hacia La Moneda, y esta no trajo los frutos esperados por el conductor del PS. El jueves 8 de junio, el abanderado definió su comando –el “equipo de amigos”, como lo definió–, que quedó integrado por la diputada PC Karol Cariola, como vocera; la senadora PPD Adriana Muñoz, de encargada de los ejes conceptuales; el concejal de Providencia, Jaime Parada, como responsable del área ciudadana de la campaña; el senador PS Juan Pablo Letelier, supervisando el despliegue territorial; y el alcalde PPD de La Cisterna, Santiago Rebolledo, dirigiendo el despliegue territorial- municipal.

Guillier fue categórico en cuanto a que su comando no tendría la clásica figura del generalísimo, pero puntualizó que dicho equipo estará liderado por el radical Osvaldo Correa –mano derecha del timonel del PR, Ernesto Velasco– y Osvaldo Rosales en el área del programa, dos conocidos de larga data del candidato. Los cuatro presidentes de los partidos que apoyan la candidatura serán una suerte de comité político y es ahí, lo mismo que el timonel del PC, Guillermo Teillier, del PPD, Gonzalo Navarrete, y Velasco, del PR, que Elizalde quedó ubicado en la foto pública y en el mapa del poder de la campaña.

Conocida la nómina, rápidamente en sectores del PS se tomó nota de que al presidente de su colectividad “le pasaron la máquina”, que quedó “como un actor secundario”, algo que muchos ya sospechaban, luego que el complejo caso de las inversiones del Partido Socialista consolidase la distancia que Guillier había puesto con Elizalde y la colectividad que este encabeza, y la poca evidencia de una interacción más intensa entre ellos.

El rostro público de la campaña de Guillier es la diputada Cariola, quien ha apoyado al candidato desde un comienzo, y que para él –explicaron desde el núcleo de confianza del abanderado– representa una verdadera renovación de la política, un cambio de los liderazgos tradicionales y cumple a cabalidad con la estrategia de apostar “por gente joven”. Tras bambalinas, la posición de Elizalde no se ve más favorable, y aparece –según cercanos– ante Guillier como “un presidente de partido más, igual que los otros tres”.

Esa fue la imagen que se vio este domingo 11 en el acto en el Teatro Caupolicán: Elizalde sentado como uno más de los apoyos, mezclado entre la gente en el escenario, con sus pares timoneles a cada lado. “Escucharé a los partidos, no soy antipartidos, espero un diálogo respetuoso con ellos”, dijo el candidato y, acto seguido, dedicó palabras de halago al papel que jugará la diputada Cariola.

En el entorno de Guillier reconocieron que nunca ha sido muy fácil establecer el verdadero mapa alrededor del candidato, porque es indesmentible la inclinación de su estilo por “aceptar colaboración desestructurada, lo que complica saber realmente la gente que de verdad está dando vueltas y la que dice que lo hace pero no está”. Algo que es compartido desde la Nueva Mayoría, donde parlamentarios y ex dirigentes afirmaron que una característica que tiene el abanderado es precisamente “desconfiar de casi todos”.

En ese contexto, en el núcleo duro del senador por Antofagasta explicaron que este tiene claridad absoluta respecto a que Elizalde apostó por una reconfiguración del PS, pero también que habría actuado además “por pragmatismo y no por convicción en su candidatura”, y que el caso inversiones complicó más aún al candidato, por lo que tomó distancia, ya que, si bien no puede sacar al PS de la foto, sí instaló a su presidente en un rincón.

Es cierto que el senador Letelier es una figura clave del tercerismo socialista, pero su rol en el comando poco y nada tiene que ver con Elizalde. En el círculo de hierro del abanderado explicaron que la incorporación del parlamentario –que apoyó inicialmente la opción de Lagos, hasta que este se retiró de la carrera– no se debió a una propuesta del timonel PS ni tampoco del partido como estrategia para alinear a las huestes laguistas que quedaron huérfanas, sino que respondió a una decisión “totalmente autónoma de Guillier”, debido a la cercanía y buenas relaciones que ambos han desarrollado en el Senado. “Un senador de región, aquí hay pura región”, precisó Guillier en su discurso en el Caupolicán.

El domingo 28 de mayo, el diario La Tercera publicó que, ante la falta de una estructura formal que coordinara la campaña de Guillier, se había creado una suerte de “grupo de orejeros” del candidato que intercambiaban ideas sobre contenidos, estrategias y bajadas comunicacionales. Una instancia que –de acuerdo al artículo– estaba integrada por el publicista Juan Enrique Forch, el presidente del directorio de TVN, Ricardo Solari, y el ex ministro Isidro Solís, más el senador PPD Guido Girardi, y el ex ministro laguista, Sergio Bitar.

En ese momento, se habló mucho de la capacidad de Solari –histórico líder del tercerismo del PS– de siempre ubicarse estratégicamente y no pocos en el partido, en esos días, comentaron que en solo un año había estado asesorando tras bambalinas a tres candidatos presidenciales diferentes. No hay que olvidar que, durante el 2016, fue parte clave del “segundo piso” de la ex timonel PS Isabel Allende, cuando su nombre se barajaba como la mejor chance de la tienda para unas primarias de la Nueva Mayoría, un rol asesor que cumplió junto a Enrique Correa y que tenía a la casa de la senadora, en calle Guardia Vieja, como sede de reuniones.

También apoyó a Lagos, fue parte del «consejo nacional de personalidades» que dicha candidatura conformó en marzo y, si bien no asistió al acto constitutivo, Solari envió una carta de apoyo a la campaña del ex Presidente.

Pero lo cierto es que Ricardo Solari tampoco es parte de ningún círculo de confianza ni de trabajo de Guillier, y está lejos de ser su orejero. El mismo presidente del directorio de TVN ha dicho a algunos que solo asistió una vez a una reunión a la que lo invitaron, pero que para él su prioridad es llevar a buen puerto el proyecto de ley de capitalización del canal público.

En el núcleo del senador por Antofagasta coincidieron en señalar que el líder tercerista, a pesar de sus reconocidas habilidades políticas, no pertenece formalmente a la campaña ni tampoco cumple rol estratégico alguno, al tiempo que explicaron que fue el senador Letelier quien lo invitó a una conversación puntual y que su papel no pasa de eso, que él “representa precisamente esa vieja política” que el abanderado presidencial quiere dejar atrás.

En el propio tercerismo del PS reconocen que las cosas hasta ahora no han salido como las pensó el timonel del partido, aunque son más cautos a la hora de hablar de un fracaso absoluto y plantearon que es mejor esperar a que avance la campaña y ver si con este comando ya instalado, más los ejes programáticos definidos en el “caupolicanazo”, mejora la performance de Guillier, que ha estado cuesta arriba tanto en las encuestas como en la tarea de convencer a las huestes de la Nueva Mayoría, más allá del compromiso formal.

En la Nueva Mayoría y en el PS reconocen que Guillier ha tenido problemas para encontrar “el tono adecuado” para relacionarse con los partidos que lo respaldan, un sino que el oficialismo ya vivió en un par de ocasiones, en las dos campañas presidenciales de Bachelet, con la diferencia de que en ambas oportunidades lo que jugó siempre a favor de la Mandataria fue la certeza que existía sobre su triunfo. (El Mostrador)

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