Economía, cultura y presupuesto

Economía, cultura y presupuesto

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En columnas y cartas publicadas en este diario se ha debatido sobre las supuestas limitaciones de la economía y de quienes la practican, su relación con la cultura y el financiamiento público de ella.

La economía es una ciencia que estudia y formaliza matemáticamente las decisiones de personas, empresas, instituciones sin fines de lucro y gobiernos, a partir de los objetivos -económicos y no económicos- que ellos persiguen, y las restricciones -presupuestarias y extrapresupuestarias- que enfrentan.

Las interacciones entre distintos agentes permiten modelar y explicar el comportamiento de un mercado particular y de la macroeconomía de un país. En temas como el medio ambiente, la seguridad pública o la cultura, se debe a la ciencia económica la modelación de los bienes públicos y las externalidades -positivas y negativas- en el consumo y la producción de muchos bienes y servicios, lo que justifica la intervención estatal a través de impuestos y subsidios.

La economía ha invadido exitosamente el campo de otras ciencias sociales, aportando a entender mejor las decisiones de la familia, las parejas o los delincuentes. La economía también se nutre de los avances de otras disciplinas, como la sicología del comportamiento, la teoría de las organizaciones, la ciencia política, la historia y la ética.

Desde Adam Smith hasta los premios Nobel Friedrich von Hayek, Amartya Sen y James Buchanan -de convicciones políticas muy diversas-, muchos economistas también son filósofos y cientistas políticos. Daniel Kahneman, Richard Thaler y Robert Shiller -tres premios Nobel más recientes- explican, desde la sicología y la economía, la racionalidad de la irracionalidad en las decisiones humanas. Hace pocas semanas William Nordhaus obtuvo el Premio Nobel por integrar el cambio climático al análisis económico. El precandidato al Nobel de Economía Richard Layard es uno de los precursores del estudio de la felicidad y del bienestar, conjuntamente con el Dalái Lama, premio Nobel de la Paz.

Es una caricatura falsa afirmar que “los economistas, la nueva casta sacerdotal de la dictadura del utilitarismo, tienen una fe ciega en el ‘pensar calculante’, y las palabras ‘belleza’, ‘alma’ y ‘poesía’ son para ellos palabras vacías” (Cristián Warnken), y que desprecian la cultura. Hace más de 40 años existe la Asociación Internacional de Economía Cultural, que publica su revista científica. En Chile, la necesidad y la racionalidad económica del gasto público en cultura y patrimonio han sido analizadas en un simposio del CEP, recogido en artículos publicados por Juan José Price y por mí en Estudios Públicos N.o 144 (2016).

El proyecto de presupuesto público 2019 propone un aumento real del gasto público total de 3,2%, con un incremento mayor para la cultura, de un 4,0% real. Siendo innegable este privilegio para el aporte a la cultura, la discusión se ha centrado en el método y los montos asignados a distintos museos. Amplío aquí la propuesta de mi colega economista Sergio Urzúa: consideremos el reemplazo gradual de las asignaciones discrecionales a instituciones culturales por fondos concursables. Ello solo puede beneficiar en el futuro a magníficas instituciones público-privadas, como el Museo Chileno de Arte Precolombino.

Klaus Schmidt-Hebbel
Expresidente Sociedad de Economía de Chile
Profesor titular Pontificia Universidad Católica de Chile

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