Cosmovisión andina: simbolismo y semiótica-Carlos Cantero

Cosmovisión andina: simbolismo y semiótica-Carlos Cantero

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Nuestros pueblos ancestrales, adosados a la dorsal andina, desarrollaron una deriva cultural propia, que se destaca por su riqueza y profundo contenido filosófico, ontológico y metafísico, que muestra notable resiliencia. Su visión de la bóveda celeste y sus astros tutelares, orientaron la conformación de una cosmovisión, con su propio simbolismo y semiótica, lenguaje del mundo andino que permanece invisibilizado, ignorado, lo que genera desconocimiento de su secuencia lógica, sus categorías de pensamiento, sus elementos éticos que caracterizan una forma propia y particular de estar y vivir en el mundo.

La iconografía de nuestros ancestros, cubre el paisaje de la dorsal andina, con mensajes milenarios en sus desiertos, estepas, campos y cordilleras, piedras con símbolos de profundo contenido, las cuevas y aleros rocosos atesoran espiritualidad, arte ideográfico de figuras antropomorfas y geométricas en geoglifos, petroglifos, pictoglifos, obras arquitectónicas, estelas, esculturas, tejidos, cestería y cerámicos. Un sentido simbólico y espiritual de gran relevancia; narrativo o conmemorativo, sea de caza, pesca, enfrentamientos; mágico-sagrado, ceremoniales, ritos, festividades y mitología; y, utilitario indicando caminos o rutas, fuentes de agua, áreas de pastoreo, etc.

El lenguaje mítico-simbólico refleja el alma de un pueblo, no existe un mejor relato de nuestra raíz cultural. Este trabajo busca sensibilizar y constituye un llamado para ocuparnos del rescate de la sabiduría ancestral que maestros de otros tiempos han heredado a la humanidad.

Este lenguaje simbólico cruza tiempo-espacio, sus signos y símbolos, siguen allí con su discurso visual. Esta semántica que confiere significación a la imagen o frase gráfica, que se relaciona con el lenguaje interior, cuyos valores simbólicos complementan y dan sentido a las formas exteriores.

El proceso de dominación cultural de 500 años sobre el pueblo ancestral y el consecuente sincretismo Euro-Andino, ha borrado las huellas más elocuentes de aquello que surge del alma de un pueblo, debilitando o extinguiendo lo que constituye parte esencial de nuestra identidad dual.  La herencia unilateral (europea) se impuso a la local y hemos continuado aquello. Sigue en nosotros una deriva alienante por lo foráneo, que ignora, cuando no rechaza, lo propio. En estas líneas intentaremos reparar en parte esa omisión.

SIMBOLISMO

El símbolo es la representación gráfica que, por su presencia visual, síntesis y simplicidad, facilita la comprensión, percepción y memorización rápida. Son representaciones del profundo sentido cósmico, de los ritmos y flujos de vida, expresiones geométricas con plenitud de significados.

Conocemos el simbolismo de la cultura occidental, cultivado en las fuentes de las culturas potámicas: ríos Nilo, Tigris y Éufrates, cuna de culturas primigenias: Sumeria, Babilonia y Asiria, que luego constituirían la base de la egipcia, la greco-latina, vinculada posteriormente a la cultura judeo-cristiana.

Pero, nada sabemos del simbolismo ancestral, lo andino está borrado. El desarrollo cultural tiene diversos afluentes que tributan en la historia de la humanidad. Cuando se presume una culturalidad homogénea, desconociendo otras dimensiones de esa realidad, se cae en el absolutismo.  Fundamentalismo doctrinario que desatiende la inter y multi culturalidad que ha sido fuente de conflictos a lo largo de nuestra historia.

Es pertinente llamar la atención sobre esta omisión histórica. Se trata de recuperar el tiempo perdido, de reorientar nuestro andar, poniendo en valor un patrimonio cultural ancestral de profunda riqueza.  En muchos aspectos la cultura andina muestra una primacía inigualable en términos de realidad comparada con otros pueblos coetáneos: lo observamos en sus matemáticas, la astronomía, la filosofía, la momificación, la organización urbana, la medicina, la ingeniería (especialmente la hidráulica), su agricultura y ganadería, etc.

ALGUNOS ELEMENTOS DEL SIMBOLISMO ANDINO.

Debemos tener conciencia que al tratar este tema y sus alcances de tiempo-espacio, nos movemos en distancia de miles de años, cruzando distintas ocupaciones humanas, aunque mantienen la impronta eco-cultural ancestral.

Todos los elementos del simbolismo andino están asociados a conceptos espirituales, constituyendo un lenguaje mágico. Rituales sagrados que representan un pensamiento complejo y continuo, de lo interior y exterior; de lo de arriba y lo de abajo; lo superior y lo inferior; para comprender y entrar en comunión con el alma, la espiritualidad, la conciencia, la percepción del mundo en nuestro ancestro.

Tomaremos sólo algunos ejemplos, desde ideografías particulares hasta la chacana, la cumbre del simbolismo andino. Signos y símbolos de amplia representatividad en el mundo andino y el Desierto de Atacama, con el propósito de explicitar la importancia de abordar este desafío de rescate patrimonial y cultural, de elementos que son auto-constitutivos de nuestra identidad e idiosincrasia.

COSMOVISIÓN ANDINA

La cosmovisión del mundo andino nos permite entender sus procesos mentales, la asociación de sus ideas, de su lógica comunicacional, su percepción del entorno natural y social: el cosmos, las personas, animales, plantas y artefactos culturales.  Las concepciones mágico-sagradas: lo mítico, lo real y lo sobrenatural, el mundo y el inframundo.  Sus conceptos de orden: número y ritmo  del espacio-tiempo, del todo y las partes, geometría y abstracciones del ordenamiento universal.

El cronista Juan Pachacuti Yamqui, en su obra “Relación de las antigüedades deste Reyno del Pirú” en 1613, nos entrega información de gran importancia etnohistórica, la más relevante es su referencia a la cosmovisión andina representada en el diagrama de Coricancha, que recogió de la imagen que estaba representada en la pared principal del Templo del Sol, en (Qurikancha=Templo Dorado), siglo XIII, Cuzco.

Muestra al mundo organizado según el principio andino de Hanan-Hurin aplicado en dos dimensiones, la horizontal y vertical, dos ejes dividen el espacio en cuatro campos distintos, los del lado inferior son los inversos del lado superior, al centro con un gran óvalo, que representa la gran deidad, principio y causa creadora del universo, escoltado por el sol, la luna y la cruz del sur, la pareja de humanos está en el centro de todo y, luego la representación de entes sagrados vinculados a cuerpos celestes tutelares.

 

SER Y ESTAR: LAS DIFERENCIAS CULTURALES.

El ser y estar de la cultura andina tiene un sentido mutable, se está en el “aquí y ahora”.  Constituye una comprensión distinta de la realidad que se puede resumir como: “NOSOTROS estamos y estamos porque somos” la Ñuke Mapu o Pachamama (Gavilán, 2012).  Es un ser en el acto de estar siendo, transitorio, inestable. En cambio en la cultura occidental el sentido del ser tiene una significación inmutable, es la distinción entre el ser y el estar: soy amable o estoy amable.

Hay otra gran distinción mental se observa en que, el mundo occidental está anclado en el “yo” (individualidad) y el mundo andino se aferra al NOS (nosotros). Diferencia fundamental que marca la resiliencia de esos pueblos originarios, en los que sobrevive el sentido comunitario en los trabajos de las comunidades andinas: limpia de canales, cosechas, minga, etc.

El pensamiento en la cultura andina es permanente relación e interacción con los tres niveles cósmicos: arriba (lo espiritual), abajo (inframundo), y el espacio central donde las personas viven su relacionalidad.  Por sobre la verdad de valor universal está la verdad subjetiva, situacional y cultural, (es menos conceptual que en el mundo occidental). No separa al sujeto de los objetos, ni al observador y lo observado, viven en plena relacionalidad. Se está en el mundo, en el centro de lo observado, lo que permite mirar en todas las direcciones, ser parte (infinitamente pequeña y grande) en permanente relación con el resto de los elementos constitutivos del cosmos. Una concepción en la que “el mundo está en el ser humano”, muy distinta del enfoque antropocéntrico (judeo-cristiano) del hombre en el mundo para dominarlo y someterlo.

En la cultura andina los opuestos o antagónicos no son de exclusión, sino que siguen el Principio de la Complementariedad, el uno que justifica y permite la existencia del otro, una totalidad pareada: frío-calor, vida-muerte, masculino-femenino, izquierda-derecha, arriba-abajo, etc.  El equilibrio justo surge en el principio de la reciprocidad cósmica, el equilibrio social en armonía con el equilibrio del ambiente, pensamiento vinculado al principio (Mónada) en el que todo se relaciona: UNO ES TODO Y TODO ES UNO.  Base germinal del pensamiento complejo, del enfoque Eco-Sistémico-Relacional.

EL TIEMPO EN EL MUNDO ANDINO.

Tiempo y espacio son inherentes al estar que define al ser en proceso de permanente cambio. Las cosas no son en sí mismas, sino que son en la relación.  La persona es la medida de todas las cosas, nada es estático, todo es proceso, incertidumbre.  En la cultura andina la relacionalidad, el pensamiento y el tiempo-espacio se entienden en espiral, gradiente que sigue su ritmo cíclico, relacional.

Se diferencia de la visión occidental que entiende el tiempo separado de espacio, en una linealidad mono direccional (pasado-presente-futuro). En el mundo andino se trata de una red interconectada de relaciones cósmicas en tiempo-espacio, como comienzo y fin en sí mismo. El futuro no es el porvenir ni el pasado lo que se fue, sino que están en la espiral cíclica, yendo y viniendo según la posición en eterna relacionalidad, todo interconectado en uno y todo.

LÍNEAS QUEBRADAS.

Las líneas quebradas o entrecruzadas en zigzag, denominado Qengo, tienen una amplia expresión en milenarias pinturas rupestres, murales, geoglifos, petroglifos.  Las formas, su estructura y direccionalidad tienen sentido denotativo en la iconografía andina.  Este símbolo tiene una amplia expresión geográfico cultural en el ámbito andino del hemisferio sur.

Hasta nuestros días a llegado su sentido utilitario y en la actualidad lo vemos representado en estructuras arquitectónicas, aunque no siempre se re-conoce su significación.  El símbolo de las líneas quebradas varía en la riqueza de su significado según la forma y posición, por ejemplo, si su disposición es horizontal significa no traspasar o no seguir en esa dirección.

Cuando este signo asume un sentido diagonal indica seguir, puede ser “subir a” o “bajar a”.  Este simbolismo acrecienta su significado cuando va entre dos líneas, en cuyo caso el símbolo o texto es perentorio, prohibitivo, no ir; no pasar; si tiene presencia el color negro denota además ritualidad sagrada.

LA ESPIRAL

La espiral, también llamada espiral logarítmica, es un símbolo de gran importancia en el pensamiento andino y polinésico, observamos ideogramas con múltiples manifestaciones en comunidades tempranas, de gran antigüedad y tiene una distribución que supera este espacio-tiempo, para alcanzar una extensión planetaria.

Esta estructura es una constante matemática que está presente en la naturaleza, la geometría, la música. La estructura en espiral aplica a la concepción del tiempo-espacio, a la manera como se relacionan los procesos mentales, se observa en la dinámica de gradientes en la naturaleza y el cosmos, desde la estructura en espiral de ADN, los flujos de las masas de aire, la circulación de los océanos, el crecimiento de vegetales, hasta la forma de las galaxias.

 

Se expresa también en herramientas utilitarias para la sobrevivencia de comunidades tempranas, ejemplo en este anzuelo de hueso hallado en uno de los sitios arqueologicos en caleta Abtao, Juan Lopez, Antofagasta. También se asocia con la forma de la cola de la Constelación Escorpión, que durante gran parte del año es claramente visible en este hemisferio, considerada un cuerpo tutelar y orientador.

 

En el simbolismo andino la dirección de giro de la espiral define su valor, si es en el sentido de derecha a izquierda tiene una valoración favorable, refiere a tiempos positivos; por el contrario, si el sentido del giro es de izquierda a derecha tiene una valoración negativa, se asocia a malos tiempos.

CROMATÍA

En los estudios etnográficos los colores tienen importancia, por su significación se convierten en símbolos.  El cronista Inca Garcilaso de La Vega (1609), en relación al lenguaje cromático señala que en la cultura andina tiene significado propio.  Refiriendo a la cromatía y su relación con el Quipu, señala que los colores de la lana daban cuenta y razón del ganado por sus nudos, porque los hilos eran los mismos colores del ganado. El sistema policromático es más tardío, está compuesto por todos los colores, se observa en tejidos, vestimentas, cestería, instrumentos musicales y cerámica y obras arquitectónicas.

Respecto del significado de los colores los cronistas e investigadores proporcionan información de su simbolismo: el color amarillo representa el oro, se asocia con el sol, suerte, riqueza, buena producción; el blanco representa la plata y se le asocia con la luna, el ganado, cosecha abundante; el rojo representa al guerrero y se asocia con la sangre de la persona;  el negro está asociado al tiempo, a lo sagrado, o respetado; el pardo (ocre) representa gobierno; el verde: conquista, fertilidad, reproducción; el color carmesí representa la autoridad del inca; el azul es inmensidad, aire, agua, hielos; el color morado se asocia al curaca (significa el primero o el mayor entre todos sus iguales), jefe político y administrativo del ayllu (comunidad) que ejercía la autoridad (cacique).

La mezcla cromática en la composición complejiza su significado, la estructura y la intensidad o tono del color (claro u oscuro) indica género y la edad. Por ejemplo, rojo oscuro+verde, es una mujer anciana; rojo oscuro+azul oscuro define a un varón anciano.  Así, por ejemplo, una chacana azul indica que se va hacia la grandeza; la amarilla simboliza avanzar hacia la riqueza; la verde indica mejoras en la producción agro-pecuaria; una espiral negra se asocia con lo mágico o sagrado, con buena energía.

MATEMÁTICA Y GEOMETRÍA.

Los quipus (Khipus) andinos constituyen la expresión de una matemática altamente sofisticada, de las más complejas que conoció la humanidad en esa época, mezclando elementos cuantitativos con cualitativos, un deslumbrante sistema informático temprano, aún es estudio.

La chakana constituye el símbolo ordenador, planificador y coordinador, con connotación simbólica, sagrada, mágica y religiosa, recoge además elevadas manifestaciones de las matemáticas y geometría andinas.

PRINCIPIOS: DUALIDAD, TERNARIO Y CUATERNARIO.

En la cosmovisión andina están presentes los principios de la dualidad, el ternario y el cuaternario, que permiten la comprensión del orden del cosmos y la comunidad.

DUALIDAD

La dualidad andina expresa el equilibrio de la polaridad, está asociada a los ciclos de la naturaleza. Nada es estable, todo está en relación, el mundo que se genera y regenera en constante transformación, manteniendo el orden poiético de su interior.

La unión dual tiene simbolismo ontogenético, contrapuestos complementarios, arriba y abajo; lo masculino y lo femenino; tiempo y espacio; materia y energía.  La dimensión visible de la vida (tangible) y la dimensión invisible (intangible), lo no material que es lo generativo. Por la importancia de esta secuencia de pensamiento, desarrollaron un lenguaje visual propio de la dualidad y la reciprocidad, un discurso visual a partir de elementos que se ordenan en pares complementarios (Milla Euribe, 1990).

TERNARIO

El enfoque o principio ternario se expresa en la forma como se entiende el cosmos: el mundo masculino de arriba (Hanaqpacha); el mundo femenino de abajo (Ukhupacha) y el mundo del Estar-Aquí de las personas y cosas (Kaypacha).

Dentro de este diagrama de pares opuestos y complementarios también se expresa su comprensión ontogénica (generativa) que está constituida por un enfoque ternario: un elemento binario, (1) masculino 2) femenino y, un tercero 3) unitario de propiedades ontogénicas, que sostiene a las que la anteceden y es, a la vez, punto de encuentro y germinación de ambas realidades (Kuch, 2007).

ENFOQUE CUATERNARIO: LA CHAKANA.

La chakana es el símbolo supremo de la cosmovisión andina austral, también se le conoce como la cruz andina o cruz cuadrada. En la semántica quechua significa las cuatro escaleras, y en la acepción aimara refiere a los cuatro puentes.  La Cruz, como símbolo sagrado, existía en el mundo andino austral varios miles de años antes de la llegada del símbolo cristiano. Y, el mosaico de blancas y negras y el policromático, tiene también  representación milenaria, constituyendo un ícono identitario hasta la actualidad.

La primera referencia escrita sobre la chakana está en “Crónica de relación de Antiguedades de este Reino del Piru” (1613), del cronista Juan Pachacuti Yamqui, quien explica la importancia y significado de este símbolo, estudiado en el altar del Templo Coricancha.

Tiene cuatro costados con escaleras ascendentes y descendentes. Cada uno de los cuatro lados proporcionales tiene tres escalones que representan los tres mundos de la cosmovisión andina (ya referidos).  Los cuatro lados representan los elementos de la naturaleza: agua, tierra, aire, fuego; también refiere a las cuatro dimensiones básicas de la vida comunitaria: espiritual, social, política y económica. Las diagonales conectan las cuatro esquinas del cosmos, es el símbolo (Mónada) del todo con el uno y el uno con el todo.  Principios rectores de ese pensamiento basado en relaciones de correspondencia y complementariedad.

Este símbolo mantiene su vigencia y vigor, los pueblos andinos siguen reproduciendo la gráfica en sus telas, murales y símbolos. Todo este complejo cultural está presente en el mapa mental de su cultura, como exaltación de la vida y el cosmos.

 

Este símbolo está asociado al ente (sideral) tutelar por excelencia del hemisferio sur, forma geométrica de la constelación Cruz del Sur.

La matemática de la cruz cuadrada orientó el estudio de la circunferencia central (que representa lo sagrado) que encierra profundos conocimientos de la naturaleza cósmica, el estudio de la cuadratura del círculo, del número Pi y la introducción de la fractalidad en su geometría. Eso explica la aplicación práctica de la Wipala, como método métrico, fractal andino.

 

La unión de cuatro wipalas reproduce la cruz andina escalonada, sus divisiones definen fenómenos astronómicos vinculados a la vida y la muerte; al frío y el calor; a la sequía y la lluvia; la siembra y la cosecha; día y noche; arriba y abajo; adelante y atrás; luz y oscuridad; alegría y tristeza; el bien y el mal; los puntos cardinales, las estaciones del año, las fiestas religiosas, incluso sus divisiones político-administrativas.

 

Sus lados indican las cuatro estaciones del año, que regulan sus procesos siempre asociados a diversas constelaciones y entes celestes tutelares, con sus solsticios y equinoccios. Utiliza el calendario lunar, el 3 de mayo, cuando la Cruz del Sur adquiere la forma astronómica de una cruz perfecta se corresponde al día 365.

La cosmovisión andina es holista, integradora, eco-sistémico-relacional, colectiva, complementaria, tiende hacia el equilibrio y la armonía.

En el centro contiene un circulo como principio generador y rector, entre un conjunto de divinidades que residen en estas dimensiones. Unidad de la existencia de todo el ser y todos los seres, con una identidad y domicilio cósmico común.

Carlos Milla Villena (2007), sabio (amauta) peruano, en su libro AYNI, define este concepto como la reciprocidad y re-distribución en esta cultura ancestral, principio rector de la convivencia en los Andes: ayudar y recibir ayuda; dar y recibir. Su iconografía se representa con los brazos cruzados. Asume que, el secreto de la vida está en entender que todo lo que sucede en el interior del sujeto, sucede en el exterior; y, todo lo que sucede en el exterior, sucede en su interior, el todo interconectado.

El beneficio del entorno, es también el beneficio del sujeto, y viceversa. Es el fluir constante de la energía. (Huanacuni, 2003).   Enfatiza que la ayuda se da entre individuos, pero, las relaciones de reciprocidad (Ayni) no son entre las personas sino entre la Comunidad (ayllu).  Es decir, la reciprocidad se expresa recibiendo ayuda de una persona y se practica ayudando a ese u otros individuos.  La unidad social invisible se da por sangre o afinidad espiritual (Hermandad), con cada miembro, en dualidad y reciprocidad, lo que se extiende al entorno.

Este símbolo se observa incluso en Chile meridional, en la iconografía de las comunidades de nuestros pueblos ancestrales, con vigor y presencia cotidiana. Aunque en las comunidades urbanas se ha debilitado su definición conceptual, su lenguaje visual pervive en la cultura y el ritmo de vida.  Obsérvese el atuendo en las comunidades mapuches, representada la chakana en sus tejidos, impresos, alfarería y cestería.

INVOCACIÓN

Tenemos una deuda que saldar con nuestros ancestros andinos, recuperar, valorar y proyectar su sabiduría y patrimonio histórico-cultural, su cosmovisión y profundo sentido filosófico y metafísico. Debemos desatar la negación que representa la transculturización y el sincretismo  religioso, recuperando -en la mayor medida posible- el lenguaje, el simbolismo, la semiótica, la ética, originarias del mundo andino, que permanecen invisibilizados. Debemos decodificar el pensamiento concreto, su secuencia lógica, sus categorías y elementos éticos, que caracterizan su forma propia y particular de estar y vivir en el mundo.  Descubriremos la falacia que representa exaltar la herencia europea o judeo-cristiana, desconociendo, ignorando o despreciando lo propio, el exquisito, profundo y complejo patrimonio histórico cultural del ancestro andino. (NP)

Dr. Carlos Cantero

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