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Machado felicita a Kast y pide apoyo para la transición en Venezuela

La líder de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, felicitó al Presidente electo de Chile, José Antonio Kast, tras su triunfo en el balotaje, destacando la jornada electoral como un «ejemplo para muchas naciones de América Latina y el mundo».

Machado, quien recientemente realizó una breve aparición pública en Oslo luego de mantenerse en la clandestinidad en Venezuela, utilizó su cuenta de X para enviar su «cariño y respeto al pueblo de Chile» y sus congratulaciones al Mandatario electo.

«Al Presidente electo de Chile, José Antonio Kast, le envío mi cariño y felicitaciones por la confianza que ha recibido», escribió Machado, agregando que, «en nombre de los venezolanos, le deseo muchísimo éxito en su gobierno».

La opositora venezolana cerró su mensaje con un emplazamiento directo al futuro gobierno chileno, indicando su confianza en que contará con el apoyo de Kast para «asegurar la transición ordenada a la democracia en Venezuela, para la reconstrucción de nuestro país y para consolidar un hemisferio seguro, próspero y libre». [NOTICIAS RELACIONADAS: Presidente de Perú llama por teléfono a Kast y lo invita a realizar un Gabinete Binacional en 2026; «Felicitaciones a mi amigo»: Giorgia Meloni, primera ministra italiana y referente de Kast, saluda el triunfo del republicano]

EL EMPLAZAMIENTO A JARA

El saludo de Machado cobra especial relevancia a la luz del debate presidencial, donde la candidata derrotada de Unidad por Chile, Jeannette Jara (PC), había calificado a la líder opositora venezolana de «golpista».

Kast había salido en defensa de Machado el pasado miércoles, asegurando que ella es una «heroína» que defiende la democracia ante una «dictadura y un narcodictador», y emplazó a Jara a disculparse por sus dichos, tal como lo hizo por otra polémica anterior.

El Presidente electo ganó el balotaje con el 58,16% de los votos, imponiéndose en la totalidad de las regiones y en 341 comunas del país. (NP Gemini Emol)

Galilea legitima presencia RN en Comité Político del Gbno. de Kast

El presidente de Renovación Nacional (RN), Rodrigo Galilea, ha expresado que su partido espera integrar el Comité Político en el futuro gobierno de José Antonio Kast, como condición para formar parte de la coalición de unidad que el Presidente electo busca construir.

En conversación con Desde La Redacción de La Tercera, Galilea subrayó que un gobierno de unidad requiere que los partidos tengan voz en las instancias decisivas.

«Yo esperaría que un partido como Renovación Nacional tenga presencia en lo que se denomina el Comité Político de Gobierno y justamente desde ahí tratar de influir y generar nombres, personas, experiencias para distintas áreas que para el Gobierno de José Antonio Kast son las más importantes», detalló Galilea.

Respecto a las expectativas que genera el nuevo gobierno, el líder de RN las calificó como «buenas y complicadas a la vez», lo que obliga a los futuros colaboradores a tener «muy claro que aquí no hay tiempo que perder» y a ser «lo más entusiasta y trabajador posible para que la ciudadanía comience a ver los resultados».

EL LLAMADO A LA «BUENA FE» Y EVITAR PLANES B

Galilea hizo un llamado a la madurez política de las colectividades que apoyarán a Kast, solicitando que no existan «agendas propias paralelas» entre los partidos que conformarán el Gobierno.

El objetivo fundamental de cualquier incorporación, indicó el presidente de RN, debe ser el éxito de la administración de Kast. «No es una incorporación para estar preparando planes B, planes C y planes D», enfatizó.

Finalmente, Galilea se refirió a las fricciones históricas con el Partido Republicano y el Partido Nacional Libertario, señalando que deben quedar en el pasado. Reconoció que «los desencuentros que hemos tenido» son «notorios» y «públicos», pero confió en la madurez y en el liderazgo del Presidente Kast para encauzar los «eventuales roces, que probablemente son inevitables». (NP-Gemini-La Tercera)

Cierre de ciclo e inicio de una nueva era-Juan Ignacio Brito

La elección de José Antonio Kast clausura un ciclo y entrega al próximo gobierno la posibilidad de que consolide el inicio de una nueva era en la política chilena. No solo cierra el clivaje originado en el plebiscito de 1988, sino que también acaba con el período octubrista. Paradójicamente, ha sido el fracaso del proyecto refundacional de la izquierda el que le abrió las puertas de La Moneda a un partidario del Sí. Contrario a lo que prometió Gabriel Boric en 2021, su administración no fue la tumba del neoliberalismo; justo al revés, ha facilitado la llegada de la derecha impenitente al poder.

El triunfo del postulante republicano (quien ayer confirmó que dejará la militancia del partido que él mismo fundó) solidifica la tendencia del electorado a alejarse de los partidos y candidatos provenientes de los sectores que condujeron la transición. Hoy ese distanciamiento parece irrevocable.

En el caso de Kast, el giro se traduce en que la nueva derecha es hoy hegemónica respecto de la antigua centroderecha. El balance de poder emergente debe traducirse en una gestión política que introduzca cambios reales, se distinga de las de la centroderecha y utilice como insumo principal para ello las propuestas del eje conservador de la alianza que seguramente gobernará al país. Ello no significa, por supuesto, que los elementos de Chile Vamos y centristas que puedan sumarse al Ejecutivo que asumirá en marzo no vayan a tener influencia importante, pero sí que estos deberían reconocer el liderazgo político y electoral del nuevo bloque que encabeza el gobierno.

Para consolidar la nueva era no bastará con un cambio de elenco. De hecho, eso ya tuvo lugar en los comienzos de la actual administración, con un rotundo fracaso. Acertadamente, Kast ha definido que su gobierno se concentrará en cuestiones clave que requieren tratamiento urgente. Pero los gobiernos de Chile Vamos han demostrado que una gestión técnica eficiente no lo es todo, ni mucho menos.

Si se pretende inaugurar exitosamente un nuevo ciclo perdurable, será necesario no solo promover la unidad, como repitió Kast en su discurso de anoche, sino también persuadir con una narrativa cultural fuertemente a tono con las ideas de la derecha a secas que profesan el Presidente electo y su núcleo cercano. Si quiere ser realmente exitoso, trascender y proyectarse, el Ejecutivo de Kast tendrá que aprender a caminar y masticar chicle a la vez.

El mandatario electo señaló ayer que su gobierno va a sorprender, sugiriendo que incorporará en su equipo a personeros de centroderecha y de centro. Es una idea hábil que puede asegurar una mayoría que dé gobernabilidad y permita grandes acuerdos, como se comprometió ayer Kast. Sin embargo, limitarse a ese tipo de inclusión puede resultar insuficiente.

El amplísimo triunfo de ayer no tiene que hacer olvidar que un quinto del electorado votó en primera vuelta por un candidato como Franco Parisi, que basó su campaña en la antipolítica y el descontento. La relativamente baja proporción de nulos y blancos de ayer confirma que Parisi no es dueño de esos votos. Sin embargo, el malestar existe y sería un error que el nuevo gobierno hiciera con él lo mismo que sus predecesores: barrerlo debajo de la alfombra.

Hay algo que se mantiene y que merece ser considerado. Tal como viene ocurriendo desde 2009, el electorado escogió ayer al candidato opositor. Para evitar la repetición en 2029 de la desestabilizadora oscilación pendular que impide implementar políticas y acuerdos de largo plazo, resulta imprescindible prestar atención a los dolores de ese sector invisibilizado que necesita ser escuchado y atendido. Incluso más que un pacto cupular con el centro y la antigua derecha, es eso lo que abrirá la oportunidad de inaugurar un nuevo ciclo y consolidar la opción de una mayoría viable en el tiempo. (El Mercurio)

Juan Ignacio Brito

La izquierda a camarines

La candidata comunista y gobiernista perdió en hombres y mujeres, en viejos y jóvenes, en ricos y pobres, en Santiago y en regiones. Perdió inapelablemente. En lenguaje futbolístico, esto fue una goleada. Previsible sí, pero no por eso menos contundente ni menos sabrosa. En fútbol, cuando a un equipo lo golean, se dice que tiene que volver a camarines a repensar lo que está haciendo para que no termine descendiendo.

La trifecta de una Constitución rechazada, un gobierno fracasado y una comunista derrotada pone fin en Chile al segundo estertor de la izquierda marxista que tanto daño le ha hecho a nuestro país y al continente y que lamentablemente se niega a aprender.

El primer fracaso concluyó con la caída del Muro de Berlín y la implosión de la URSS tras la autodisolución del Partido Comunista que mantenía unido a un imperio. Desde el fracaso de su proyecto de democracia distinta (que se parecía mucho a una tiranía) y de una economía estatal alternativa al capitalismo (que terminó en miseria, abuso e ineficiencia), la izquierda se fue a camarines y volvió con la lucha por las víctimas. Encontró a las mujeres, a los trans, a los indígenas, a los negros, a los inmigrantes, a la ecología, etcétera. Y si usted no se creía víctima, eso se debía a años de opresión que le impedían verlo.

Pero todo tiene un límite: el feminismo terminó con Monsalves, Blacks Lives Matters derivó en un robo de donaciones, los trans terminaron con hombres que miden 1,90 y calzan 46 compitiendo con mujeres en natación, y con violadores declarándose mujeres para que las transfirieran a una cárcel de mujeres (Escocia); los indígenas votando por la derecha, los inmigrantes copando los servicios sociales, el cambio climático con Bill Gates cambiando de opinión, las profecías de Al Gore incumplidas y Greta Thunberg ahora dedicada al antisemitismo.

La izquierda se quedó sin discurso y, de tanto amenazar con el fin del mundo, a la gente ya no le importa y prefiere la energía barata que los molinos de viento.

La otra alternativa de la izquierda latinoamericana fue el socialismo del siglo XXI que terminó igual que el socialismo del siglo XX: en dictadura, corrupción, hambruna, exilio y pobreza en Venezuela, Cuba y Nicaragua. Y hasta lograron empobrecer a Argentina.

Por eso, después de esta paliza, la izquierda debe repensar su proyecto político. Porque las dos primeras versiones han sido un fracaso, construidas sobre ideas malas, premisas falsas, diagnósticos errados y soluciones inadecuadas. En alguna parte se extravió cuando perdió a las personas de trabajo, prefiriendo al ecologista universitario sobre el carbonero de Magallanes, al vegetariano de Ñuñoa sobre el carnicero de Lo Valledor, al intelectual de Bellavista sobre el minero del cobre, la bandera mapuche sobre la chilena y a las feminazis de Las Tesis sobre la madre trabajadora.

La izquierda debe reconocer que Foucault es más pedófilo que filósofo, que la Mazzucato es una estatista sin sentido de realidad, que Piketty es más político que economista, y que sus ídolos —Chávez, Fidel, Ortega, los K y Maduro— son unos demagogos de cuarta, antidemocráticos, violentos y creadores de pobreza. (El Mercurio)

Gerardo Varela

Presidente peruano felicita a Kast y lo invita a un Gabinete Binacional

El Presidente interino de Perú, José Jerí, se comunicó telefónicamente anoche con el Mandatario electo de Chile, José Antonio Kast, para felicitarlo por su triunfo electoral y extenderle una invitación para realizar un Gabinete Binacional Perú–Chile durante el segundo bimestre de 2026.

La Presidencia peruana informó que durante la conversación se destacaron los «vínculos de amistad» y las «profundas coincidencias y complementariedades políticas y económicas» que permiten una agenda bilateral amplia y diversa.

Un punto clave de la conversación fue la mutua necesidad de abordar la seguridad. «Se evidenciaron coincidencias naturales entre ambos mandatarios, especialmente en la necesidad de enfrentar de manera conjunta la criminalidad y la delincuencia transnacional», agregó el comunicado de la entidad peruana.

ENFOQUE EN SEGURIDAD Y MIGRACIÓN

José Jerí asumió la Presidencia interina de Perú hace poco más de dos meses y ha enfocado su gestión en la agenda de seguridad. En ese contexto, decretó estado de emergencia en la frontera con Chile, tras detectarse un aumento en el cruce de migrantes.

El propio Jerí había señalado que las declaraciones de Kast en torno a la migración fueron un factor considerado para reforzar la seguridad en la zona limítrofe. La afinidad en la agenda de seguridad y orden público parece ser el motor del reimpulso de las relaciones bilaterales.

José Antonio Kast asumirá la Presidencia de Chile el 11 de Marzo de 2026, mientras que José Jerí dejará el Gobierno interino a mediados del próximo año. (NP-Gemini-Emol)

Un nuevo ciclo político para Chile-Ernesto Silva

La aplastante victoria de José Antonio Kast en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales da inicio a un nuevo ciclo político para Chile. Con este resultado, pareciera cerrarse el período que se inició con Bachelet II en 2014 y que alcanzó su máxima expresión durante el estallido de violencia de 2019 y el plebiscito constitucional de 2022. Se da inicio a una nueva etapa donde la emergencia de seguridad, la inmigración y la economía marcarán la pauta, pero con un telón de fondo que requiere gobernabilidad e ideas básicas para que Chile vuelva a progresar.

En ese contexto, planteo tres reflexiones, tres desafíos y una necesidad para la etapa que se avecina.

Tres reflexiones:

1. La derrota de la izquierda frenteamplista y la valoración de los 30 años de transición democrática y progreso económico. A partir del gobierno de Bachelet II, surgió en Chile una narrativa que intentó convencernos que todo lo hecho en las últimas 3 décadas había sido una especie de estafa, un fraude que había beneficiado sólo a algunos y en desmedro de otros. Vino el estallido de violencia, el discurso de superioridad moral del Frente Amplio, la activación desestabilizadora del Partido Comunista, la culpa de la centroizquierda, y la falta de narrativa de la centroderecha para dar cuenta de los éxitos alcanzados y de las ideas que fundaran las bases para una nueva etapa de progreso para Chile. Después de todo ello los chilenos se cansaron, y vieron que mientras la agenda ideológica de la izquierda se olvidaba de las prioridades reales, surgía desde la derecha una opción nítida para restaurar lo básico, es decir, vivir en paz y en orden. Este camino se consolida en el triunfo de José Antonio Kast y la derrota de la izquierda frenteamplista y comunista, una derrota no sólo electoral sino también política y social.

2. La nitidez de las prioridades en seguridad, inmigración y crecimiento económico como base de un gobierno de emergencia. En estos años de inseguridad y retroceso político y económico, se instaló en la discusión pública un conjunto acotado de temas que son prioritarios y que unen a personas muy diversas. La aspiración de orden y prosperidad dominan la agenda, permiten ganar una elección y determinan con claridad la agenda de los primeros meses del gobierno.

3. Un nuevo eje que organiza la discusión política: ya no es el Sí o el No a Pinochet, sino el a favor o en contra de una democracia representativa, que promueva el crecimiento y respete la seguridad y el orden. A partir de 1988, la política chilena se ordenó entre quienes apoyaron a Pinochet en el plebiscito y quieren se opusieron a su continuidad. El eje Sí-No se transformó en algo inescapable, dominante, inconfundible y determinante. Con lo sucedido desde el 62%-38% del plebiscito de septiembre de 2022 y con el resultado de esta elección presidencial, parecieran haber indicios de que se consolida un nuevo eje de articulación de la política chilena: quienes estuvieron por la democracia representativa, la igualdad formal ante la ley y el crecimiento económico, y quienes quisieron alterar la identidad de Chile a través de una revolución política, económica y social. De ser así, existe un espacio amplio para convocar a grupos muy amplios de la ciudadanía para abordar primero la emergencia, y luego avanzar hacia ajustar las instituciones en base a ideas que promuevan la libertad, la democracia y el crecimiento económico.

Estas tres reflexiones nos llevan -a mi juicio- a abordar tres grandes desafíos.

Tres desafíos:

1. Gobernabilidad para la emergencia. Está claro que el gobierno debe enfrentar la emergencia, porque eso es lo que piden los chilenos, y porque eso es lo que le permitirá sostener apoyo en los momentos difíciles. Para abordar la emergencia, se requiere un equipo y un entorno adecuado para enfrentarla. Eso nos lleva al desafío de la gobernabilidad, cuestión que ha sido tan esquiva en los últimos cuatro o cinco gobiernos. En Chile existe la alternancia, pero cuesta que exista la gobernabilidad. El centrar la agenda en la emergencia puede ser el punto de partida para iniciar la construcción de una nueva gobernabilidad, la cual debe expresarse desde el inicio en la conformación de un equipo amplio, diverso, y que actúe coordinadamente para dar gobierno a Chile.

2. Una vez abordados los primeros pasos de la emergencia, iniciar la construcción de una coalición que aspire a gobernar dos o tres períodos, para hacer de Chile un país más libre y próspero. Los chilenos queremos que se aborden las urgencias, pero también queremos un país mejor. Nos importa mucho que se logre mayor seguridad, control de la inmigración irregular y mayor progreso, pero también queremos una mejor educación, una mejor regulación laboral, condiciones adecuadas para la vejez, unas instituciones sólidas que favorezcan la libertad, y un Estado con límites claros y con un gasto público acotado y responsable, que permita el despliegue de las capacidades y talentos de las personas y de la sociedad civil. Por eso, junto con abordar frontalmente la emergencia, el gobierno de José Antonio Kast debe iniciar lenta -pero decididamente- la construcción de una coalición sólida y permanente que permita abordar los desafíos de fondo y de largo plazo de nuestro país.

3. ¿Qué oposición enfrentará José Antonio Kast desde el Frente Amplio y el Partido Comunista? Yo creo que una muy similar a la que enfrentó el segundo mandato del Presidente Piñera, es decir, una oposición poco democrática, moralista y obstruccionista. Veremos qué elige hacer el Presidente Boric, ahora en su rol de ex Presidente. Veremos también qué hace Jeannette Jara, a partir del posicionamiento construido. Pero veremos también qué hará el Socialismo Democrático, y sabremos si volverá a adherirse sin identidad alguna a lo que promueva el FA y el PC, o si retomará la identidad que tuvo mientras lideró el país durante las décadas del 90 y 2000. El gobierno del Presidente Kast debe estar preparado para esa incertidumbre.

Por último, y al cerrar esta columna, me parece de interés plantear algo necesario -diría indispensable- para el futuro de nuestro país.

Una necesidad:

1. Los países progresan por la calidad de sus ideas, sus instituciones y sus líderes. Chile aún tiene instituciones sólidas, que lograron resistir ante el embate revolucionario de las izquierdas durante el gobierno de Sebastián Piñera y el proceso constituyente. Que hayan logrado resistir es una señal de que están bien arraigadas en la ciudadanía, y bien ancladas sobre dinámicas sociales fuertes. En materia de líderes, nuestro país ha tenido un buen capital humano dedicado al servicio público, y creo que tenemos la oportunidad de seguir sumando talento para lograr buenos líderes en la conducción de instituciones y organizaciones. Al observar el nuevo Congreso -en términos de características del capital humano más que en las mayorías parlamentarias- creo que existen motivos para estar optimistas en cuanto a liderazgos actuales y a proyecciones futuras.

Pero el desafío pendiente está en las ideas. Es ahí donde tenemos mucho por hacer. Los países que progresan son aquellos que valoran y cuidan la libertad individual, que ponen límites al poder político y al rol del Estado, aquellos que creen en la democracia representativa, aquellos que confían en la sociedad civil para la búsqueda de soluciones a los problemas, y aquellos que respetan la igualdad formal ante la ley y promueven el Estado de Derecho. Nuestro país va a progresar de forma sostenida en la medida que sean esas las ideas que dominen en las mentes y corazones de los chilenos.

Bienvenido el inicio de un nuevo ciclo político para Chile. (El Líbero)

Ernesto Silva

Aprender de la derrota

La derrota de este domingo es dura para el progresismo chileno. No haber ganado la elección es lo de menos, lo complejo es ante quien se perdió.

Por su historia y por las posturas que ha defendido a lo largo de su vida, José Antonio Kast puede representar la interrupción de definiciones compartidas, que el país ha ido adoptando de la mano de un impulso progresista acumulado por décadas. Algunas de esas definiciones han sido ajenas al léxico del próximo Presidente: igualdad entre mujeres y hombres, derechos humanos, valor de la diversidad, lucha contra la desigualdad social, relevancia de lo público, importancia de la cultura, combate a los abusos.

Hubo gobiernos de distinto signo en estos años, y los énfasis fueron cambiando, pero en lo fundamental esos elementos se mantuvieron. Hoy, en cambio, esas definiciones parecen estar en entredicho. Habrá que preguntarse, entonces, si Chile está abandonando esa trayectoria o se trata solamente de una coyuntura electoral que será tan efímera como otras que hemos tenido.

En cualquier caso, la elección de este domingo pone de manifiesto que se ha generado al menos una fisura, un desapego, entre la sociedad chilena y las definiciones que nos marcaron como país desde el retorno a la democracia.

En algún momento, parte importante de la ciudadanía dejó de sentirse reconocida en esa construcción y beneficiada por sus frutos. Quienes hemos sido enviados a la oposición por el resultado electoral tendremos que reflexionar sobre esto. Nuestro papel no puede consistir solamente en oponernos al nuevo gobierno cada vez que intente tomar medidas que a nuestro juicio perjudican al país o representan retrocesos. Tampoco se limita a colaborar para mejorar o complementar sus propuestas. Nuestra principal tarea es otra, y consiste en reconstruir la vigencia de los principios en los que creemos para la vida de los chilenos y chilenas, con sus actuales preocupaciones, sueños y temores.

Las derrotas están plagadas de recriminaciones y cacerías de brujas. De poco sirven para salir adelante, pero tampoco servirá pasar por alto la profundidad de lo ocurrido, no solo en esta elección, sino en los últimos años. En ese período hemos enfrentado una sucesión de derrotas, después de haber tenido el escenario más favorable de la historia para el progresismo con el plebiscito de entrada del primer proceso constitucional. Entender la razón del retroceso de estos años es nuestra primera tarea, y es el punto de partida para poder reconstruir lo que vendrá.

Con todo lo categórico del resultado y lo ineludible de hacerse cargo de lo que significa, no hay que olvidar que triunfos y derrotas no son lo que parecen a primera vista. El nuevo Presidente tiene una breve ventana para mostrar si trabajará para los suyos o para el conjunto del país. Y su forma de desenvolverse es el primer elemento que moldea la oposición que enfrentará.

A poco andar el gobierno saliente deja la escena y todos los ojos se vuelcan al que se comienza a instalar. Y el sector político que sale de La Moneda tiene más libertad que nunca para decidir desde dónde se parará. No nos equivoquemos esta vez. (El Mercurio)

Carolina Tohá

Nuevo contexto, nuevos desafíos

Intensas críticas se hicieron audibles estas últimas semanas acerca de la presunta falta de programa (o lineamientos básicos) en materias internacionales en que habría incurrido el presidente electo. Pulsiones quejumbrosas nada infrecuentes. Casi por norma, en momentos de tensión previo a grandes decisiones, abundan las dudas, disgustos y ataques con dosis no menores de histeria. Y la tensión está dada por la dificultad que conlleva adaptarse a ser oposición. Ya lo advertía G. Andreotti, aquel cazurro premier italiano. Es un período que desgasta mucho.

Sin embargo, todo respondió a una conducta de prudencia. El país está inmerso en cambios regionales y globales profundos e ineludibles, que se acrecentarán en los años venideros, por el nuevo ciclo que se observa en el mundo entero. Adelantar posturas prematuramente suele descarrilar el debate público. Suele conducir a laberintos bizantinos. 

Yendo al fondo del problema planteado, la naturaleza de los cambios tiene dos raíces. Una, en la región misma y, otra, en el contexto global.

La primera es una que está desbrozando un cambio de base. Es el declive acelerado del eje bolivariano.

Ya no están los Evos, los Correas, los K, los Pedro Castillos ni los Unasures. Se está despejando el panorama y poco queda de esa constelación de líderes y de organismos que entendían la convivencia regional en términos esencialmente adversariales. A mayor ruido en contra del “neoliberalismo”, más fuerte se veía el avance hacia un conjunto soñado; aquel de las arcadias progresistas. A mayor estruendo y disenso, más fragmentación con el pasado y las tradiciones.

En general, el panorama hacia el 2026 es bueno, sin perder de vista que la sobrevivencia de dos experimentos “progresistas” con clara propensión a querer terminar sus días como Numancia, y pese a su paupérrima situación económica, seguirán dando dolores de cabeza. Sin embargo, de forma aislada.

El menguante eje bolivariano es un indicador que la nueva realidad regional plantea desafíos de índole más bien política. Es decir, el país se verá conminado a contribuir en la articulación de un nuevo estado de ánimo en una región angustiada con las migraciones descontroladas y el auge del crimen organizado. Dado que es imposible disociar estos dos asuntos del nefasto bolivarianismo, la disputa con los remanentes de aquel bloque no amainará tan rápido como sería deseable.

Luego, otro desafío interesante será la necesaria contribución para que América Latina pueda re-instalarse en la multiplicidad del poder mundial. Este será un ejercicio muy complejo, especialmente por la imposibilidad de circunscribirlo al derecho internacional, por lo que el aporte será demandado también en esa escurridiza y compleja habilidad política llamada techné. Será bienvenida, por ejemplo, la experiencia negociadora chilena para ayudar a que otros comprendan las bases de legitimidad que tendrá el ciclo multipolar que está comenzando. Un simple pincelazo a nivel mundial, muestra años venideros que se presentan como una explosiva combinación de disputas militares, tecnológicas y geopolíticas. Probablemente estemos hablando de los momentos más desafiantes desde el fin de la Segunda Guerra.

En un plano más específico -en el vecinal- se observan tendencias que invitan a un moderado optimismo. Hay indicios que no estamos asistiendo a una simple rotación de nuevos mandatarios. Flotan nuevas afinidades en el ambiente en proceso de formación.

Una de las cosas más sorprendentes ha sido el pragmatismo mostrado hasta ahora por el nuevo mandatario boliviano. Si aquella actitud se mantiene, hay esperanzas en arreglos bilaterales, que no sólo lleven a retomar relaciones diplomáticas, sino que abran un diálogo fructífero, orientado especialmente a superar de manera conversada el drama migratorio. Conviene subrayar eso de “conversada” y no “coordinada”. La memoria es útil y hay una experiencia política, tan reciente como nefasta, en esto de anunciar “coordinaciones”. Fue la firma con el régimen de Maduro, en enero de 2024, de un documento referido a una presunta “coordinación” policial y migratoria. Hubo harto bombo comunicacional, pero la realidad terminó siendo lapidaria. Sus contenidos ininteligibles y redacción confusa lo hicieron impracticable. Fue el resultado de una conducción política nada asertiva en esta delicada materia.

Otra invitación a un relativo optimismo es la afinidad con el presidente argentino, la cual augura una etapa marcada por un diálogo, que también debiera ser fructífero. En este caso la política será de nuevo el eslabón crucial. Un ojo estrábico será necesario ante la propensión histórica a caer en el no-diálogo cuando las cosas no andan bien. Ocurrió con los K. Muchas sonrisas mutuas y palmoteos en la espalda para ensalzar un documento sobre suministros de crudo que terminó siendo inútil. Kirchner lo cortó apenas los motivos domésticos cobraron relevancia. Lo interesante es que desde marzo en adelante, la química entre los presidentes puede nutrir un diálogo seminal. Se debe tener presente la estrecha relación de Milei con la administración Trump; algo bastante central a la hora de reforzar el sentido de pertenencia global.

Con Perú, las relaciones también podrían mejorar sustancialmente. Punto de inflexión será el resultado de la elección presidencial prevista para el 12 de abril. 

Por otro lado, en el plano más global, aparecen, a lo menos, dos desafíos mayúsculos.

El primero se asocia a una decisión-madre. Aquel ya señalado sentido de pertenencia global. Parece del todo urgente definir esta cuestión tan esencial. Se hace ineludible el momento de ser explícitos. Los últimos años han sido pródigos en desvaríos.

Algunos, remitibles al amateurismo (“política exterior turquesa”). Otros a simples desprolijidades. Y una buena cantidad, a extravíos eidéticos. El punto es que decisiones, aparentemente superfluas y marginales, al acumularse, dejaron como herencia una estela de dudas acerca de la verdadera comprensión de la élite gobernante del país sobre los asuntos globales.

Luego, 2026 se presenta con un agregado clave. EE.UU. hizo pública su nueva Estrategia de Seguridad Nacional. Allí se señalan cuestiones muy fundamentales. Por ejemplo, que la prioridad será, de ahora en adelante, aquello que los estadounidenses denominan hemisferio occidental; es decir, nuestro continente. Trasfondo de este re-ordenamiento es el llamado -explícito- a que los países de la región limiten la presencia de potencias externas en infraestructuras, puertos y activos estratégicos. Y hay párrafos muy duros con Europa occidental. “Si continúan las tendencias actuales, el continente será irreconocible en 20 años o menos”. Advierte de una erosión civilizacional en Europa.

Ante eso, la nueva autoridad deberá compaginar, acompasar, las exigencias propias de este rudo contexto externo con las posibilidades domésticas reales y con las tradiciones del país. Es un asunto que incardina con la cercanía histórica de Chile y esa parte del Viejo Continente. A partir de una pertenencia occidental indubitable, será desafiante encontrar márgenes de maniobra. Lo mismo vale con Pekín.

Finalmente, hay otros desafíos relevantes. Son aquellos provenientes de la futura inserción del país en los organismos multilaterales y la postura ante su crítico devenir. En este punto, la tarea de identificación flexible de las diversas crisis y la conveniencia del interés nacional, por medio de iniciativas plurilaterales  y de mini-lateralismo, conformarán los puzzles políticos a resolver. (El Líbero)

Iván Witker

El triunfo de Kast y lo que viene

El contundente triunfo conseguido por José Antonio Kast sobre Jeannette Jara en la segunda vuelta presidencial representa sin duda un viraje en el rumbo del país. Luego del gobierno del bloque izquierdista que lideró Gabriel Boric, cuyo proyecto político estuvo asociado a una transformación radical del país a partir de una nueva Constitución, una amplia mayoría ciudadana ha optado por un cambio que se orienta en un sentido exactamente opuesto. Las fuerzas de derecha han conseguido su victoria más resonante desde la recuperación de la democracia, y corresponderá estudiar cómo se originó.

Debemos celebrar que el proceso electoral haya concluido del modo ejemplar al que estamos acostumbrados en Chile. Los resultados se conocieron a las pocas horas, la candidata derrotada felicitó prontamente al vencedor, al igual que el presidente Boric. Y como ya es tradición, se programó de inmediato el encuentro entre el mandatario en funciones y el presidente electo con el fin de tratar los asuntos propios de la transmisión del mando y la continuidad institucional. Ello es parte del patrimonio democrático que causa respeto en el exterior y que debemos proteger entre todos.

Del resultado, se derivan muchos temas de análisis, que es de esperar que estimulen la reflexión dentro de los partidos. Uno de ellos es el significado político, sociológico también, cultural incluso, de que en la elección presidencial de 2021, Gabriel Boric se haya visto favorecido en la segunda vuelta por los temores que provocaba Kast, y que ahora, en cambio, el líder republicano haya conseguido el respaldo del 58,17% del electorado para gobernar en el período 2026-2030.

Por lo menos, tendríamos que deducir que la sociedad está siempre en movimiento, que las mareas electorales van y vienen, que no se sostiene la interpretación entusiasta sobre la durabilidad de los triunfos y que es preferible que ninguna fuerza crea que, al ganar una elección, está inaugurando una nueva era. Lo único que sirve es el sentido de las proporciones. En democracia, nadie gana todo, y además nadie gana para siempre.

En marzo próximo, iniciará su gestión un gobierno de impronta conservadora, lo que no tiene precedentes desde la recuperación de la democracia en 1989 y que, precisamente por eso, plantea no pocos interrogantes. Si Kast obtuvo 23,9% de los votos en la primera vuelta, quiere decir, obviamente, que la votación que consiguió ahora se explica porque una mayoría del electorado, pese a las dudas, optó por su nombre frente a la otra alternativa. Siempre es así en la segunda vuelta: gana quien despierta menos recelos. Nada de esto reduce la legitimidad del triunfo, pero acota sus circunstancias políticas y hace recomendable una actitud de modestia.

Aunque los discursos de campaña de Kast han dado luces generales respecto de sus motivaciones, solo tendremos una idea más nítida de lo que será su sello político y su estilo de gestión y comunicación cuando dé a conocer quiénes serán sus ministros y otros altos cargos. Todo parece indicar que se propone gobernar con una coalición que integre a todos los partidos que lo apoyaron en la campaña, incluidas las corrientes de centro.

Durante la campaña, los adversarios de Kast describieron un universo de referencias internacionales que harían temer un rumbo extremista de un gobierno suyo. Es cierto que algunas simpatías expresadas por él en diversos momentos podrían llevar a pensar que gobernantes como Trump, Bukele o Milei pudieran ser una fuente de inspiración. Si así fuera, las inquietudes se justificarían sobradamente. Los fundamentos de la democracia liberal no pueden debilitarse.

Confiemos, pues, en que Kast y los dirigentes republicanos conozcan lo suficiente a Chile como para no dejarse tentar por el trasplante de modas y modelos externos para afrontar los problemas nacionales. Cometerían un error garrafal si lo hicieran.

El país entrará ahora en una etapa en la que todos los gestos y pronunciamientos del mandatario electo y sus colaboradores serán señales sobre lo que puede venir. Es deseable que generen una corriente de confianza y buena voluntad. De aquí a marzo, será muy relevante que los nuevos equipos afinen los planes de gobierno de modo que la sociedad tenga la mayor claridad posible acerca de cuáles serán las iniciativas prioritarias y la forma de implementarlas.

Kast tiene hoy la oportunidad de mostrar un horizonte compartido, una perspectiva de integración nacional que despierte las energías creativas que existen en la sociedad. Ello exige un liderazgo que aliente, por encima de cualquier partidismo, un esfuerzo común en favor del crecimiento económico, el desarrollo social y el progreso institucional.

Luego de tantas convulsiones y confusiones, Chile necesita hacer retroceder la incertidumbre asociada al flagelo de la criminalidad. He allí el mayor reto del nuevo gobierno. Si consigue que el país mejore en ese ámbito, ello será apreciado por la inmensa mayoría.

En su primer discurso como presidente electo, Kast enfatizó su voluntad de llevar adelante un proceso de cambios que mejore efectivamente la vida de las personas, restablezca el respeto a la ley y permita vivir sin miedo. Corresponde valorarlo. Es muy valioso que haya dicho también que será el presidente de todos los chilenos.

Juzgaremos al nuevo gobierno por sus frutos. (Ex Ante)

Sergio Muñoz Riveros