Vallejo y la nueva Constitución-Vanessa Kaiser

Vallejo y la nueva Constitución-Vanessa Kaiser

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Muchos especulan, y creo, con razón, que Camila Vallejo sería la candidata a Presidente de la izquierda antidemocrática si hubiera elecciones mañana. Dado que la amplia mayoría del país rechazó su proyecto refundacional, considero de máxima relevancia imaginar su gobierno con el proyecto de nueva constitución aprobado. La pregunta clave es, ¿en qué beneficia o cómo facilita el nuevo texto la consumación del proyecto de vanguardia comunista mal llamado “mamarracho”?

Lo primero a tener en consideración son los fundamentos ideológicos de la propuesta que votaremos en diciembre. Mientras el texto actual asegura la igualdad ante la ley, el que se nos propone la reemplaza por la igualdad sustantiva quebrando con el eje en el que se funda nuestra cultura cristiano occidental.

Aunque por la efervescencia de un posible triunfo de la derecha, los historiadores, cientistas políticos, juristas y filósofos no prendan las alarmas, la verdad es que Vallejo Presidente va a poder avanzar, gracias a la igualdad sustantiva, sin restricciones en su proyecto ideológico, cual es el desmantelamiento del patriarcado usando a las mujeres como medio para acabar con la igualdad formal. El objetivo del feminismo marxista encuentra su cauce institucional en el Artículo 2.2: “La ley asegurará el acceso equilibrado de mujeres y hombres a las candidaturas a cargos de elección popular, así como su participación en condiciones de igualdad en los distintos ámbitos de la vida nacional. El Estado garantizará el ejercicio de la participación política de las mujeres”. El reemplazo de la igualdad formal que no distingue por orígenes étnicos ni condición biológica o sexual es el comienzo del fin de nuestro mundo común fundado no sólo en la igualdad ante la ley, en el principio una persona un voto y en la meritocracia, sino como consecuencia de siglos de esfuerzos institucionales y cognitivos.

Coherente con la igualdad sustantiva y la interseccionalidad, es el cambio en la comprensión de la ley desde nuestro ethos republicano que la concibe como límite al abuso del poder político a su uso como instrumento de ingeniería social. En simple, gracias al nuevo proyecto la Presidente Vallejo podrá interferir “en todas las áreas de la vida nacional” (art. 2.2, 9.1) para exigir presencia equilibrada de hombres y mujeres, cuotas de miembros de pueblos indígenas (art. 5.1) y personas discapacitadas (art. 14), pulverizando la autonomía de los cuerpos intermedios. Camila tendrá el poder no sólo de extinguir cualquier independencia de los cuerpos intermedios, sino todas las libertades individuales. Y es que nada podrá interponerse entre una dictadora comunista y el mandato constitucional a remover obstáculos (¿como el patriarcado capitalista?), redistribuir los cargos por razones de ideología de género y etnomarxismo e intervenir, como se ha hecho en Alemania y parte importante de Europa, desmantelando el aparato productivo gracias al “cambio climático”, el nuevo paradigma elevado a dogma incuestionable en el proyecto.

La Presidente Vallejo cumplirá así, por el mandato que el pueblo le entregó al refrendar el proyecto de nueva Constitución, con ese sueño que comparte con sus hermanos fascistas y que Mussolini resume en la frase, “todo dentro del Estado nada fuera de él”.

Una vez destruida la igualdad ante la ley, deconstruido el patriarcado, rediseñados los cuerpos intermedios, desmantelado el aparato productivo y adoctrinado a las nuevas generaciones con la educación climática que les enseña a no tener hijos porque los seres humanos dañamos el planeta, a Camila solo le faltará parir al hombre nuevo que será igual que ella: todos los géneros a la vez, desedipidizado (sin padres), una cuerpa con agencia.

Usted me dirá que ahí sí que el proyecto consagra claramente el derecho y deber preferente de los padres a educar a sus hijos por lo que no podrá llegar a tanto. Lamento informarle que esos artículos no serán más que dulces e inocentes renglones de letra muerta cuando, tras un probable gobierno de Matthei, la casta política termine por entregarle incluso la competencia democrática a la extrema izquierda para evitar la destrucción completa del país. Será entonces el momento de parir la psiquis del ciudadano de vanguardia; el ciudadano universal, sin patria, propiedad, familia, desarraigado de su sociedad y en lucha con su cuerpo. Lo peor es que nada de esto será inconstitucional porque el proyecto que tantos quieren aprobar establece la creación de un Estado cultural a partir de un “nuevo derecho”, el “derecho a la cultura” (art. 16. 25). Este nuevo poder estatal, cuyo alcance y denotación podrá fijar discrecionalmente la propia autoridad cultural (la propuesta no se remite a una ley futura -como en el caso de los demás derechos- para regular este “derecho a la cultura”), facultará a la Presidente Vallejo para acotar y condicionar las demás libertades y derechos que puedan obstruir los impedimentos a su proyecto de ingeniería social, amparándose en otra norma nueva que trae la propuesta: el “Estado promoverá las condiciones de justicia y solidaridad para que la libertad, derechos e igualdad de las personas se realicen, removiendo los obstáculos que la impidan o dificulten”, todo ello por cierto “con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece” (art. 1.6).

Así las cosas, como el derecho a la cultura no refiere a algún contenido sustancial o que lo limite en su aplicación, será el instrumento de ingeniería social por excelencia para la presidente Vallejo que pavimentará la transformación total de nuestra sociedad. Imagino su gélida sonrisa cuando, al fin, vea la luz aquella obra de esa vanguardia que nadie comprendió un día 4 de septiembre, cuando los chilenos elegimos quedarnos con nuestra Constitución de 2005 y terminar con el experimento constitucional. (El Líbero)

Vanessa Kaiser