La calidad de un gobierno está también, en parte, condicionada por el tipo de oposición que deba enfrentar, en especial cuando se trata de un Congreso Nacional fragmentado. Las negociaciones políticas requieren interlocutores válidos y esto, que podría parecer obvio, no lo es tanto cuando se avizora el futuro panorama opositor. Al respecto, es posible proyectar al menos tres grupos con identidades políticas complementarias, pero distintas.
En primer lugar, el Frente Amplio. En este grupo se ubicarán las fuerzas autocomplacientes respecto del gobierno saliente de Gabriel Boric. Intentarán relevar el discreto “legado” de esta administración y subrayarán el supuesto proceso de aprendizaje y maduración tras su paso por el Ejecutivo. Se trata de un conglomerado que contará con el liderazgo más importante del sector, el de Gabriel Boric, quien terminará su cuatrienio con cerca de un 35% de aprobación, cifra nada despreciable para proyectar un eventual retorno a La Moneda. Ante la radicalización que impulsará el Partido Comunista y el ethos más moderado del Socialismo Democrático, el Frente Amplio intentará perfilarse como una síntesis entre ambas culturas políticas.
Un segundo actor clave en el entramado opositor será el Partido Comunista. Encarnará la fuerza motora de la agitación social, como ya lo advirtió en el documento al Pleno del Comité Central publicado pocos días después de la victoria de José Antonio Kast en segunda vuelta. Será, como suele ser, intransigente y despiadado con el gobierno. Sin embargo, no cuenta con liderazgos con suficiente ascendiente para disputar la conducción del sector. De hecho, Jeannette Jara, su principal referente electoral, no solo fue apabullada en el ballotage, sino que además exhibió una conflictuada relación con su colectividad, que hoy precisamente la mantiene en vilo respecto de la continuidad de su militancia.
El tercer grupo es el Socialismo Democrático, donde también debe integrarse la Democracia Cristiana, que obtuvo una representación parlamentaria que la vuelve a situar como una fuerza con cierta relevancia en la arena legislativa. La centroizquierda, intentará modelar un estilo opositor más pragmático, consciente del costo que tuvo la izquierdización del sector bajo la administración Boric. Hará un esfuerzo por mostrarse menos desconectada de la realidad en temas de alta sensibilidad social, como seguridad, inmigración y crecimiento económico. Pero del dicho al hecho puede haber un largo trecho. Todo grupo político que aspira a conducir un sector requiere: ideas, liderazgos e instituciones.
La centroizquierda no ha actualizado su ideario y, de los tres grupos, es el que cuenta con menos liderazgos proyectables, puesto que todos culminaron asfixiados por el izquierdismo del sector, sino vea el caso de Carolina Tohá. En lo institucional, además, resulta difícil dibujar un conglomerado opositor apalancado por el socialismo democrático, cuando dos de los tres grupos (PC y FA) ganaron su peso específico en el ciclo político reciente a partir de la crítica implacable a la ex Concertación.
En este esquema tricéfalo surge una cuarta alternativa que busca disimular las diferencias de fondo para anteponer una agenda más ciudadana y concreta: los alcaldes. Aunque la historia reciente ha sido clara en demostrar que los liderazgos locales rara vez logran proyectarse con éxito a la esfera nacional o presidencial, el grupo encabezado por Tomás Vodanovic, Karina Delfino y Claudio Castro pretende erigirse como una cuarta vía, que aspira a representar una izquierda con capacidad de gestión, menos ideologizada y más pragmática.
De este modo, el futuro mapa opositor contempla tres proyectos que conviven con desconfianza mutua y una cuarta vía que intenta emerger desde la gestión local como antídoto frente a la desconexión y la fatiga ideológica.
Veremos quien se impone, porque lo único que es claro es que la política rara vez perdona las ambigüedades y vacíos prolongados. (Ex Ante)
Jorge Ramírez
