Mi querido padre me leyó de niña la frase con que se inicia la Constitución de EE.UU.: “We the people…”, y me explicó su tremendo significado: el poder del gobierno emana de sus ciudadanos, no de los Estados o monarcas. Ese símbolo universal de la democracia representativa me marcó, tal como ha inspirado a generaciones de interesados en las políticas públicas. Muy breve, en apenas 4.400 palabras asegura la separación del poder en instituciones y garantiza los derechos de los gobernados.

EE.UU. cumple hoy 250 años de independencia con esa misma y única Constitución, una de las obras políticas y jurídicas más importantes de la humanidad. En momentos de tanta incertidumbre, es bueno recordar que la diferencia de desarrollo entre las naciones no radica en su geografía o recursos, sino en la calidad de sus instituciones. (El Mercurio Cartas)

Karin Ebensperger Ahrens