El Gobierno lleva apenas 158 días al mando del país, pero este acotado tiempo ya es suficiente para advertir ciertos elementos reveladores de su conducción e impronta económica.

La gestión del Comité de Ministros es uno de ellos.

La recuperación del dinamismo económico fue, junto con el combate a la delincuencia, una de las dos promesas electorales por las que el candidato José Antonio Kast se convirtió en Presidente. Y la realidad de estos cinco meses no ha sido una copia feliz del edén. La economía apenas suma un mes de crecimiento en el último semestre y todos los pronósticos independientes proyectan una expansión cercana al 1,5% al cierre de 2026.

La tasa de desempleo se empina al 9,4%, sumando 41 meses consecutivos por sobre el 8%, lo que se traduce en que 983.000 personas que quieren trabajar no encuentren un empleo donde hacerlo. Esto explica que las expectativas de empleo estén en su peor momento desde los estertores de la pandemia, según los datos de Cadem. Y, paradójicamente, hace que resulte inexplicable que el Gobierno no impulse un plan agresivo para hacerle frente.

En este contexto adverso, el rol que ha tomado el Comité de Ministros para impulsar las inversiones es destacable y esperanzador. En lo que va de gobierno se ha reunido nueve veces: tres por calendario ordinario y otras seis por convocatoria extraordinaria.

En mayo se congregó tres veces, y dos veces en julio y abril, una frecuencia muy poco habitual. Si se toman los datos desde 2020 a la fecha, el Comité de Ministros solo se había juntado dos veces en noviembre de 2020, diciembre de 2024 y marzo de 2026, ya con este gobierno instalado. Y nunca lo había hecho tres veces en un mismo mes.

El volumen de inversiones autorizadas también sobresale: la instancia integrada por Francisca Toledo (Medio Ambiente), Daniel Mas (Economía y Minería), Ximena Rincón (Energía), Jaime Campos (Agricultura) y May Chomali (Salud) ha aprobado 20 proyectos por un monto total de US$ 12.012 millones. La cifra equivale a casi el 13% del presupuesto público aprobado para este año o cinco veces los excedentes de Codelco de 2025.

Un segundo dato relevante es la cantidad de proyectos de alcance millonario: de la veintena de iniciativas, la mitad son inversiones de al menos US$ 200 millones. Y casi la totalidad de ellas (19 de 20) se concentran en cuatro sectores, todos altamente intensivos en capital y empleo: minería, energía, infraestructura e inmobiliario.

A nivel de impacto laboral, solo los proyectos de energía generarían 14.600 empleos temporales y otros 260 permanentes.

Guste a quien le guste, y moleste a quien le moleste, los hechos demuestran que el Comité de Ministros se ha convertido en una suerte de ángel de la guarda a favor de la inversión en el país, especializándose en conjugar de todas las formas posibles los verbos agilizar, impulsar, dinamizar, facilitar, activar y estimular las fuerzas de la economía.

A partir de esta realidad, surgen dos preguntas incómodas. La primera es por qué estos proyectos no fueron aprobados durante el gobierno anterior, si la mayoría de ellos ya estaban presentados, están siendo analizados por los mismos cuadros ministeriales de antes y tampoco se han allegado antecedentes técnicos adicionales que signifiquen un giro copernicano de cada uno de ellos.

La segunda es comparar los números actuales con los dos gobiernos anteriores. Durante la segunda administración del Presidente Sebastián Piñera, el Consejo de Ministros viabilizó 33 proyectos, ya sea porque mantuvo su visión favorable o le dio su visto bueno, aprobando inversiones por un total de US$ 9.647 millones. En el gobierno del Presidente Gabriel Boric, el consejo autorizó 40 iniciativas, por una inversión agregada de US$ 19.520 millones.

Sería un error analizar estos números sin considerar contextos económicos, procesos políticos (con convenciones constitucionales de por medio), tasas de interés y costos de capital, cambios regulatorios e incluso precios del cobre. Pero tampoco se puede soslayar algo obvio: el Consejo de Ministros del Gobierno actual está conduciendo un cambio por arriba que las versiones de los años anteriores, aplicando una velocidad turbo que no se conocía hasta ahora. Y los datos lo respaldan.

Hay, en el fondo, una cuestión de actitud en la forma en que se enfrentan a la discusión de pavimentar o poner obstáculos antojadizos a proyectos que, en su inmensa mayoría, llegan al consejo con perspectivas favorables. Y eso es valiente y valorable, en un contexto en el que sería mucho más fácil dilatar definiciones, pedir infinitos nuevos antecedentes, mirar para el lado y lavarse las manos como un célebre prefecto romano. (El Mercurio)

Cristián Rodríguez