Un amarre con cinco nudos

Un amarre con cinco nudos

Compartir

Con o sin leyes de amarre, cada uno de los nuevos jefes de servicio se enfrentará a partir del 11 de marzo próximo con preguntas cruciales: ¿quiénes son en esta repartición las personas en las que se puede confiar, quiénes suscitan dudas, pero merecen una legítima oportunidad, y quiénes son de tal manera opositores a la nueva administración, que será casi imposible contar con ellos para gobernar bien?

Las respuestas no llegarán de inmediato y, por supuesto, habrá errores en la evaluación de algunas personas, pero evitar aquellas preguntas o no perseverar durante meses en la búsqueda de buenas respuestas sería hipotecar de entrada la posibilidad de una buena gestión.

Sí, porque lo dramático —ya lo experimentó Sebastián Piñera— es que junto a la oposición formal —los partidos de la izquierda— y a la informal —los gremios por ellos controlados, ciertos medios de comunicación y variados ambientes culturales— habrá una oposición interior, enquistada en los más íntimos resortes de la tarea gubernativa: una “quinta columna”.

Cada uno de aquellos funcionarios —sea cual sea su estatus jurídico— tiene todo el derecho a conservar sus ideas y, si es del caso, su militancia. Eso nadie lo pone en duda. Pero, ¿no tienen esas personas acaso el deber correlativo de ser leales con sus conciudadanos, trabajando con toda su capacidad y en sintonía con sus jefes directos? ¿Solo se le puede exigir al Presidente y a su equipo de mayor confianza que sean republicanos (en el sentido de ciudadanos al servicio de Chile), mientras que a los funcionarios menores se les podría tolerar que fuesen simplemente partisanos?

Cinco nudos expresarán esa “mentalidad de amarre” a la que deben estar atentos los distintos jefes de servicio, para poder, dentro de sus atribuciones, ordenar la casa. Habrá que irlos desatando uno a uno.

Habrá funcionarios que manifestarán con descaro su mayor adhesión a una determinada colectividad opositora, por sobre el servicio al que pertenecen. Su lealtad estará “allá”, en el PC, en el Frente Amplio o en el PS, y lo dirán de una u otra manera. Serán los que entregarán información reservada, faltando así a sus deberes funcionarios. Primer nudo. Otros, más ramplones, pero no menos dañinos, trabajarán con desgana, con incompetencia técnica, retrasando y enmarañando los procedimientos. Segundo nudo.

Una tercera amarra la percibirán los jefes de servicio cuando les lleguen los primeros pelambres (o quizás, recién, los cuartos): que no conocen el Estado, que no tienen las competencias para el cargo, que son fruto de compadrazgos, que tienen un pasado turbio… ¿Y quién lo dijo? Anda tú a saberlo, pero que los estarán amarrando con eso, que les estarán minando su eficacia, no cabe duda.

Un cuarto nudo quedará al descubierto cuando aquellos que hayan sido desvinculados logren por vía judicial su reincorporación. Y habrá que lidiar entonces con resentimientos y contradicciones en el corazón mismo de un servicio, con todas las lamentables implicancias de esas actitudes. Y —ya la han anunciado— una quinta amarra se expresará cuando, abandonando sus puestos de modo ilegal, ciertos servidores públicos decidan movilizarse en público y para su propio servicio. De ninguna manera se debe iniciar entonces una “caza de brujas”, pero lo que corresponde es el uso responsable de las potestades de cada jefatura.

En paralelo, lo decíamos al comenzar, se encontrarán los nuevos jefes con miles de abnegados funcionarios. Si en la escena visible el Presidente Kast tendrá que apelar a las mayorías para que dejen de ser silenciosas, en el invisible mundo interno de la administración, aquellas personas serán también un apoyo inestimable. (El Mercurio)

Gonzalo Rojas