La transición presidencial en Chile ha experimentado un drástico cambio de tono, pasando de la cordialidad inicial a una abierta confrontación política. Tras un periodo de aparente tregua marcado por reuniones privadas y la emergencia de los megaincendios en Ñuble y Biobío, las relaciones entre la administración saliente de Gabriel Boric y el equipo del mandatario electo, José Antonio Kast, se han tensado debido a acusaciones cruzadas de “amarres” gubernamentales y disputas por el control de la agenda pública.

Desde el oficialismo, se justifica la respuesta a las críticas como una reacción natural ante los constantes cuestionamientos de la futura administración. Por su parte, el equipo de Kast acusa al Presidente Boric de realizar “política chica” para mantener relevancia frente al protagonismo internacional del líder republicano. Esta disputa simbólica se ha visto alimentada por la dificultad del gobierno actual para consolidar un relato de cierre y la falta de unidad en su propia coalición progresista.

El conflicto ha trascendido lo retórico para afectar áreas sectoriales críticas. El equipo entrante denuncia falta de prudencia en la ejecución de licitaciones de última hora, como en la implementación de la “Ley Uber”, y recortes presupuestarios en Vivienda y Educación que, a su juicio, comprometen la gobernabilidad inicial. Especialmente polémica ha sido la oficialización de la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU, calificada por el Partido Republicano como un compromiso impuesto de gran envergadura.

A pesar de que las reuniones técnicas bilaterales entre ministros se han llevado a cabo formalmente, el clima de desconfianza impera. Las discrepancias sobre la entrega de subsidios habitacionales y la gestión de la infraestructura escolar para el inicio del año académico en marzo mantienen la alerta en la Oficina del Presidente Electo, mientras La Moneda sostiene que no permitirá la instalación de falsedades sobre su gestión de cierre. (NP-Gemini-La Tercera)