The war involving the United States, Israel, and Iran did more than just alter the military balance in West Asia; it also exposed the limitations of a security system that had relied for decades on Washington’s military presence and guarantees. While the United States remains a central player in the region, its allies have begun exploring new ways to protect themselves by diversifying partners and deepening their own cooperation mechanisms.
Rather than the emergence of a single new alliance capable of replacing the United States, what is taking shape is a more fragmented, multipolar security system based on overlapping alliances. The region no longer appears willing to rely on a sole guarantor; instead, it seeks to combine indigenous military capabilities, defense agreements, diplomatic mediation, and ties with various powers.
The question, then, is not whether the United States will withdraw from West Asia, but rather how much its role will change in a region that is beginning to develop its own security mechanisms.
Saudi Arabia Seeks New Guarantors
The agreement between Saudi Arabia, Turkey, and Pakistan (the Mecca Pact) could serve as a key starting point for this new architecture. Signed on August 7, it stipulates that an attack on one of the three countries will be considered an attack on the other two. The pact’s significance lies not only in its military commitments but also in the actors it brings together: three nations with distinct military capabilities, political influence, and regional ambitions.
This initiative builds upon a series of contacts that had already begun during the war. In March, Saudi Arabia, Turkey, Pakistan, and Egypt had made progress in discussions regarding a potential regional platform for security cooperation.
¿HACIA UN NUEVO SISTEMA DE SEGURIDAD EN ASIA OCCIDENTAL? LAS ALIANZAS QUE DEJA LA GUERRA DE IRÁN
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán no solo alteró el equilibrio militar de Asia Occidental. También puso en evidencia las limitaciones de un sistema de seguridad que, durante décadas, se apoyó en la presencia y las garantías militares de Washington. Mientras Estados Unidos continúa siendo un actor central en la región, sus aliados comenzaron a explorar nuevas formas de protegerse, diversificando socios y profundizando sus propios mecanismos de cooperación.
Más que el surgimiento de una nueva alianza capaz de reemplazar a Estados Unidos, lo que comienza a tomar forma es un sistema de seguridad más fragmentado y multipolar, basado en alianzas superpuestas. La región ya no parece dispuesta a depender de un único garante, sino que busca combinar capacidad militar propia, acuerdos de defensa, mediación diplomática y vínculos con distintas potencias.
La pregunta, entonces, no es si Estados Unidos se retira de Asia Occidental, sino cuánto cambiará su papel en una región que comienza a desarrollar sus propios mecanismos de seguridad.
Arabia Saudita busca nuevos garantes
El acuerdo entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán (Pacto de la Meca) puede convertirse en uno de los principales puntos de partida de esta nueva arquitectura. Firmado el 7 de agosto, establece que un ataque contra uno de los tres países será considerado un ataque contra los otros dos. La relevancia del pacto no reside únicamente en sus compromisos militares, sino también en los actores que reúne: tres países con capacidades militares, influencia política y ambiciones regionales diferentes.
La iniciativa se suma a una serie de contactos que ya habían comenzado durante la guerra. En marzo, Arabia Saudita, Turquía, Pakistán y Egipto habían avanzado en conversaciones sobre una posible plataforma regional de cooperación en materia de seguridad.
El objetivo no parece ser la creación de una organización idéntica a la OTAN, sino reducir la dependencia de estructuras externas y aumentar la capacidad de los propios países para responder ante futuras crisis.
Diversificación de poder
La guerra también dejó una pregunta difícil para los países del Golfo: ¿hasta qué punto pueden depender de Estados Unidos para garantizar su seguridad si una guerra iniciada por Washington también puede convertir sus territorios e infraestructura en objetivos?
Los ataques iraníes contra instalaciones estratégicas del Golfo reforzaron una percepción que ya estaba presente desde años anteriores, ya que, la presencia militar estadounidense ofrece protección, pero también puede aumentar la exposición de sus aliados frente a una escalada regional.
Por eso, la tendencia que comienza a observarse no supone un abandono de Washington. Los países del Golfo continúan necesitando sus capacidades militares, tecnológicas y de inteligencia. Al mismo tiempo, buscan ampliar sus opciones mediante acuerdos con Turquía y Pakistán, una mayor cooperación dentro del Consejo de Cooperación del Golfo y el fortalecimiento de sus relaciones económicas y estratégicas con otras potencias.
El resultado es una lógica de diversificación. En lugar de elegir entre Estados Unidos, Irán o China, los países de la región intentan mantener vínculos con distintos actores y evitar quedar atrapados en una única esfera de influencia.
Qatar y la diplomacia como herramienta de seguridad
Qatar representa una estrategia diferente. Mientras Arabia Saudita profundiza sus capacidades militares, Doha utiliza su posición como intermediario entre actores enfrentados. En agosto, el primer ministro qatarí se dirigió a Teherán, en medio de las nuevas tensiones entre Estados Unidos e Irán, volvió a poner de manifiesto el papel que Qatar busca desempeñar. La discusión sobre la navegación por el estrecho de Ormuz y los mecanismos destinados a reducir los riesgos marítimos convirtió a Doha en uno de los principales canales diplomáticos de la crisis.
La estrategia qatarí muestra que la nueva arquitectura regional no necesariamente se construirá únicamente a través de alianzas militares. La mediación, los vínculos económicos y la capacidad de mantener abiertos los canales de comunicación con adversarios también se han convertido en herramientas de seguridad.
Una región que no avanza en bloque
Sin embargo, hablar de un nuevo bloque regional sería prematuro. Las diferencias entre los países del Golfo siguen siendo profundas. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, dos de los principales actores del Consejo de Cooperación del Golfo, mantienen diferencias en cuestiones como Yemen y la política regional. Mientras Riad aparece cada vez más como el centro de una red que incluye a Turquía, Pakistán, Egipto y Qatar, Abu Dhabi mantiene una estrategia propia.
Esto revela una característica central de la transformación: Asia Occidental no está pasando de un sistema dominado por Estados Unidos a otro dominado por una nueva potencia. Está avanzando hacia un escenario más fragmentado, en el que distintos países construyen alianzas de acuerdo con sus propios intereses.
¿Hacia un nuevo sistema de seguridad?
La guerra de Irán todavía no parece haber producido un nuevo orden regional definitivo. Sin embargo, dejó una conclusión cada vez más difícil de ignorar: los países de Asia Occidental ya no parecen dispuestos a depender de un único garante de seguridad.
Arabia Saudita busca construir alianzas militares; Turquía aumenta su peso como potencia regional; Pakistán incorpora capacidad militar y estratégica; Qatar apuesta por la mediación; Egipto intenta recuperar influencia y Emiratos mantiene una política más autónoma.
Más que un nuevo bloque, comienza a aparecer una arquitectura de seguridad superpuesta y multipolar. Estados Unidos continuará siendo una parte fundamental de ella, pero deberá compartir espacio con actores regionales que buscan una mayor autonomía.
La principal transformación de la guerra, entonces, puede no encontrarse únicamente en quién ganó o perdió militarmente, sino en quién comenzó a asumir una mayor responsabilidad por la seguridad de Asia Occidental.

PHILIPPINES TRANSFORMS SOUTH CHINA SEA INTO PERMANENT ALLIED NAVAL NETWORK AS CHINA RESPONDS WITH AIR AND SEA PATROLS
The Philippines deepened its military cooperation strategy with the United States and Australia by conducting the 19th Maritime Cooperative Activity (MMCA) in the South China Sea, while China responded with naval and air patrols. The exercise, carried out within the Philippine Exclusive Economic Zone (EEZ), serves as further evidence of the growing coordination between Manila and its key security partners in one of the Indo-Pacific’s most contested regions.
Over the course of a week, participating forces conducted exercises covering communications, maritime domain awareness, anti-submarine warfare, at-sea replenishment, tactical maneuvers, search and rescue, and air operations. The Philippines deployed the guided-missile frigate BRP Diego Silang, the Coast Guard vessel BRP Teresa Magbanua, FA-50 aircraft, and surveillance assets and helicopters. The United States participated with the littoral combat ship USS Santa Barbara and a P-8A Poseidon maritime patrol aircraft, while Australia contributed the logistics vessel HMAS Supply, an MH-60R Seahawk helicopter, and another P-8A Poseidon.
FILIPINAS CONVIERTE EL MAR DE CHINA MERIDIONAL EN UNA RED NAVAL ALIADA PERMANENTE MIENTRAS CHINA RESPONDE CON PATRULLAS AÉREAS Y MARÍTIMAS
Filipinas profundizó su estrategia de cooperación militar con Estados Unidos y Australia mediante la realización de la 19.ª Actividad Multilateral de Cooperación Marítima (MMCA) en el Mar de China Meridional, mientras China respondió con una patrulla naval y aérea. El ejercicio, desarrollado dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) filipina, constituye una nueva muestra de la creciente coordinación entre Manila y sus principales socios de seguridad en una de las zonas más disputadas del Indo-Pacífico.
Durante una semana, las fuerzas participantes realizaron ejercicios de comunicaciones, conciencia del dominio marítimo, guerra antisubmarina, reabastecimiento en el mar, maniobras tácticas, búsqueda y rescate y operaciones aéreas. Filipinas desplegó la fragata de misiles guiados BRP Diego Silang, el buque de la Guardia Costera BRP Teresa Magbanua, aeronaves FA-50 y medios de vigilancia y helicópteros. Estados Unidos participó con el buque litoral USS Santa Barbara y un avión de patrulla marítima P-8A Poseidon, mientras Australia aportó el buque logístico HMAS Supply, un helicóptero MH-60R Seahawk y otro P-8A Poseidon.
Filipinas se apoya en sus aliados permanentes
Las Fuerzas Armadas de Filipinas describieron la actividad como una oportunidad para mejorar la “interoperabilidad marítima y la coordinación operativa” y fortalecer la capacidad de las fuerzas participantes para operar conjuntamente en apoyo de un Indo-Pacífico “libre, abierto y seguro”. La Armada estadounidense señaló que la actividad permitió perfeccionar procedimientos especializados y doctrinas marítimas compartidas, además de continuar el trabajo desarrollado en ejercicios anteriores de guerra antisubmarina.
En este sentido, la primera MMCA entre estos países se realizó en abril de 2024 y la edición de agosto de 2026 constituye la 19.ª desde entonces para las Fuerzas Armadas filipinas. Para Estados Unidos, esta actividad fue además la décima MCA del año. La frecuencia de estos ejercicios muestra que la cooperación dejó de ser una respuesta puntual a determinados episodios y está adquiriendo una dimensión recurrente, con procedimientos, comunicaciones y capacidades que se entrenan de manera sucesiva.
China responde a las reacciones de Filipinas
La reacción de Beijing llegó prácticamente en paralelo. El Mando del Teatro Sur del Ejército Popular de Liberación informó que sus fuerzas navales y aéreas realizaron una patrulla rutinaria entre el 21 y el 25 de agosto. Su portavoz, el capitán de navío Zhai Shichen, acusó a Filipinas de incorporar a países externos a la región para realizar las denominadas “patrullas conjuntas” y afirmó que estas acciones alteran la paz y la estabilidad regional. El comando aseguró que continuará defendiendo la soberanía territorial y los derechos e intereses marítimos de China.
La respuesta china se inscribe en una dinámica de acción y reacción que se volvió habitual en el Mar de China Meridional. Beijing sostiene amplias reivindicaciones marítimas en la región, mientras Filipinas defiende sus derechos dentro de su ZEE y cuenta con el respaldo diplomático y militar de una creciente red de socios. En 2016, un tribunal arbitral constituido bajo la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar concluyó que las reivindicaciones de China basadas en derechos históricos dentro de la llamada línea de nueve trazos no tenían efecto jurídico frente a las disposiciones de la Convención y determinó, entre otras cuestiones, que determinadas formaciones se encuentran dentro de la ZEE filipina. China rechazó entonces y continúa rechazando el laudo.
La cooperación con Japón es clave
En este escenario, la cooperación con Japón agrega una nueva pieza a la arquitectura de seguridad de Manila. El 22 de agosto entró en vigor el Acuerdo de Adquisición y Servicios Cruzados (ACSA), firmado por ambos países en enero de 2026. El mecanismo establece procedimientos para que las fuerzas armadas japonesas y filipinas puedan proporcionarse mutuamente suministros y servicios, facilitando el sostenimiento logístico de ejercicios y operaciones. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón señaló que el acuerdo permitirá una provisión más rápida y fluida de bienes y servicios y profundizará la cooperación entre ambas fuerzas.
Buques de la Armada de los Estados Unidos, la Guardia Costera de los Estados Unidos, las Fuerzas Armadas de Filipinas, la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón, la Marina Real Australiana y la Marina Real Canadiense navegan en formación durante un ejercicio de navegación en grupo como parte del Ejercicio Balikatan 2026 en el Mar de China Meridional, el 28 de abril de 2026. Créditos: Cuerpo de Marines de los Estados Unidos.
Para Manila, el ACSA no representa únicamente un acuerdo administrativo. El contralmirante reservista Roy Vincent Trinidad, portavoz de las Fuerzas Armadas filipinas para el Mar de Filipinas Occidental, afirmó que el mecanismo permitirá ampliar el “alcance operativo” del país y fortalecer el apoyo y sostenimiento de sus capacidades en la Armada, la Fuerza Aérea, el Ejército y el Cuartel General Conjunto. También señaló que el acuerdo contribuirá al programa de modernización destinado a reforzar las capacidades de defensa externa de Filipinas.

EXPERT SAYS TRUMP MAY NOT HAVE PROBLEM ACKNOWLEDGING NK NUKE POSSESSION
A prominent expert said that U.S. President Donald Trump may not have a problem with acknowledging North Korea’s possession of nuclear weapons as he thinks it is “not his fault,” while noting that Pyongyang might wait for the November midterm election outcome before a potential summit with Trump.
Victor Cha, president of the Geopolitics and Foreign Policy Department at the Center for Strategic and International Studies (CSIS), made the remarks during a podcast, as Trump is seeking to meet North Korean leader Kim Jong-un later this year amid questions over whether he would adhere to the long-elusive goal of the North’s denuclearization.
“When it comes to Trump and North Korea as a nuclear weapons state, I actually don’t think President Trump has a problem with acknowledging North Korea’s possession of nuclear weapons, or that they are, in fact, a nuclear weapons power,” he said during the CSIS podcast.
“I don’t think he has a problem with that because … in his mind, that is not his fault. That is the failure of 35 years of U.S. policy, everybody before him, and that is why he is in this situation,” he added.
Last month, Trump said that Pyongyang has 57 “very powerful” nuclear weapons, saying that if he had been president during the North’s pursuit of nuclear weapons, he would not have allowed it, while reiterating that he gets along with Kim “very well.”
In response to concerns about whether the Trump administration would stick to the denuclearization goal, a White House official told Yonhap News Agency earlier this week that U.S. policy on North Korea has not changed. The official, however, stopped short of reaffirming the denuclearization goal.
Cha expected that North Korea might wait until the U.S. midterm elections, after which it might think it could have more leverage in potential talks with the United States.
“I think that if the North Koreans are at all interested in meeting Trump again, they will wait till later in the year. In particular, from their perspective, they will believe they have more leverage after the president is more likely weakened by the midterm elections in November,” he said.
During the podcast, retired Gen. Vincent Brooks, who led U.S. Forces Korea from 2016-2018, said that the earliest window for potential summitry between Trump and Kim might be between November and the Group of 20 summit set to take place in Florida in December.
Brooks noted that North Korea can afford to wait for a meeting with the U.S. given that it may want to assess “where the wind is blowing” in the face of various events, such as Chinese President Xi Jinping’s planned visit to Washington this month, a major Central Committee session of the Chinese Communist Party next month and then the U.S. midterm elections the following month.
“I think the consequences are: the sooner it happens, the more performative it will be,” he said.
“The later it is, the more likely there can be some substance,” he added.
Brooks assumed that both Washington and Pyongyang would have a desire to have an “early touch point” during the fall and then have opportunities for a substantive follow-up discussion thereafter.
Commenting on the G20 summit later this year, Cha raised the possibility of Trump inviting Kim to the G20 gathering.
“Can you imagine the idea that Trump would invite North Korea to the G20? Because the G20 itself is not something that president Trump cares much about, but this would be something that would gather all the attention, global attention of the U.S. hosting the G20,” he said.
While questions linger over whether Kim would have an interest in reengaging with Trump amid deepening cooperation with Russia and improved ties with China, Cha outlined a range of reasons why Pyongyang might want a meeting with Washington.
“I don’t think North Korea is a status-quo power. They are always looking to improve their position, and meeting with the U.S. could improve their position vis-a-vis both China and Russia by showing they have an active hedge,” he said.
“The second thing is that … I don’t think they worry every day that the U.S. is going to attack them. But they have seen what the U.S. has done in Iran and Venezuela and potentially in Cuba, and so there is something on their side to be said for having a touch point with the president to minimize the chances of that.”
Cha also argued that North Korea may have a desire to talk with Trump about South Korea’s push to have nuclear-powered submarines and other stronger military capabilities.
He also anticipated that if a Trump-Kim summit is held, it could be a “bigger meeting” that would reaffirm the agreement from their first meeting in Singapore in June 2018, which included establishing new relations between the two countries and building a “stable and enduring peace” on the Korean Peninsula.
Trump held three in-person summits with Kim during his first term: the first in Singapore in June 2018, the second in Hanoi in February 2019 and the third at the inter-Korean border village of Panmunjom.
SEGÚN UN EXPERTO, TRUMP PODRÍA NO TENER PROBLEMAS EN RECONOCER QUE COREA DEL NORTE POSEE ARMAS NUCLEARES
Un destacado experto afirmó que es probable que el presidente de EE. UU., Donald Trump, no tenga inconveniente en reconocer que Corea del Norte posee armas nucleares, ya que considera que ello “no es culpa suya”; asimismo, señaló que Pionyang podría esperar a conocer los resultados de las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre antes de celebrar una posible cumbre con Trump.
Victor Cha, director del programa de Geopolítica y Política Exterior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), hizo estas declaraciones durante un pódcast, en un momento en que Trump busca reunirse con el líder norcoreano, Kim Jong-un, más adelante este año, en medio de dudas sobre si se mantendrá el objetivo —durante mucho tiempo esquivo— de la desnuclearización del Norte.
“En lo que respecta a Trump y a Corea del Norte como Estado con armas nucleares, la verdad es que no creo que el presidente Trump tenga problemas para reconocer que Corea del Norte posee armas nucleares, o que es, de hecho, una potencia nuclear”, dijo durante el pódcast del CSIS.
“No creo que le suponga un problema porque… en su opinión, eso no es culpa suya. Es el fracaso de 35 años de política estadounidense —de todos sus predecesores— y por eso se encuentra en esta situación”, añadió.
Trump declaró que Pionyang cuenta con 57 armas nucleares “muy potentes” y afirmó que, de haber sido presidente cuando el Norte buscaba obtener armas nucleares, no lo habría permitido; al mismo tiempo, reiteró que se lleva “muy bien” con Kim.
Published twice per week by Nuevo Poder. Articles and op-eds focusing on geopolitical issues around Indo-Pacific area
Editor: LW, senior fellow of REDCAEM and CESCOS
Submit contributions (that can be read with ease and pleasure), to ilwb@email.cz
