As a consequence of global geopolitical tensions, the United States made a nearly unprecedented decision in September 2025: it expressed its support for South Korea’s ambitions to acquire uranium enrichment and reprocessing capabilities, intended to secure Seoul’s nuclear fuel supply and improve its management of spent fuel.
The announcement came as a major surprise, since the United States, having uncovered South Korea’s secret nuclear weapons program in the 1970s, had blocked Seoul from acquiring these technologies because they can also be used in the production of nuclear weapons. A key issue, however, was that South Korea held snap elections last year to replace ousted President Yoon Suk-yeol, who had been the first South Korean president to publicly address the issue of nuclear weapons (statements he later retracted).
Meanwhile, the progressive Lee Jae-myung swept to victory in the June 2025 elections, and senior members of his cabinet were quick to deny that South Korea would ever pursue its nuclear ambitions under his leadership. Even Lee himself acknowledges that South Korea could not withstand the international sanctions that would be imposed if it were to adopt a nuclear posture in the future.
COREA DEL SUR NUCLEAR: EL DESAFIO DE AVANZAR HACIA LAS CAPACIDADES DE ENRIQUECIMIENTO Y REPROCESAMIENTO DE URANIO SIN CONVERTIRSE EN UNA AMENAZA
Como consecuencia de las tensiones geopolíticas a nivel mundial, Estados Unidos tomó una decisión casi sin precedentes en septiembre de 2025: expresó su apoyo a las ambiciones de Corea del Sur de adquirir enriquecimiento y reprocesamiento de uranio, destinados a asegurar el suministro de combustible nuclear de Seúl y mejorar su gestión del combustible gastado.
El anuncio fue una gran sorpresa ya que, desde que Estados Unidos descubrió el programa secreto de armas nucleares de Corea del Sur en los años 70, había bloqueado que Seúl adquiriera estas tecnologías porque también pueden usarse en la producción de armas nucleares.
Pero una cuestión clave fue que, el año pasado, Corea del Sur celebró elecciones anticipadas para reemplazar al presidente destituido Yoon Suk-yeol, quien había sido el primer presidente surcoreano en abordar públicamente el tema de las armas nucleares (declaraciones que luego retiró).
Por su parte, el progresista Lee Jae-myung arrasó con la victoria en las elecciones de junio de 2025, y los miembros de alto nivel de su gabinete se apresuraron para negar que Corea del Sur persiguiera alguna vez sus ambiciones nucleares bajo su mandato. Incluso el propio Lee reconoce que Corea del Sur no podría soportar las sanciones internacionales que le afectarían si en algún momento llegara a adoptar una postura nuclear en el futuro.
El futuro nuclear de Corea del Sur
Es prácticamente seguro que, en algún momento de la próxima década, Corea del Sur adquirirá capacidades de enriquecimiento y reprocesamiento. Y en algún momento, antes o después de eso, un gobierno más dispuesto a explorar el camino hacia un arma inevitablemente volverá a tomar el poder. Por ello, antes de que eso ocurra, los líderes políticos de hoy deben hacer todo lo posible para comprometer a los gobiernos del mañana con la no proliferación.
La acción más sencilla sería que Corea del Sur renunciara a su búsqueda de enriquecimiento y reprocesamiento. Podría encontrar alternativas al uranio ruso y chino, y otras soluciones para el almacenamiento de combustible gastado que no requieran reprocesamiento. Pero, más allá de esa posibilidad, la mera existencia de capacidades de enriquecimiento y reprocesamiento es, por definición, una preocupación por latencia nuclear. Por lo tanto, Corea del Sur debería procurar proporcionar la mayor garantía posible de que no utilizará estas capacidades para construir una bomba.
Estas medidas no deberían ser solo declaraciones políticas, sino medidas técnicas y legales que no puedan revertirse rápidamente, o acuerdos comerciales y diplomáticos que crearían dependencias de caminos demasiado costosas para deshacer. La decisión dela administración Lee de utilizar uranio poco enriquecido de origen estadounidense en los futuros submarinos nucleares surcoreanos (otro anuncio sorpresa) es un ejemplo de este tipo de acuerdo.
La exportación de reactores nucleares por parte de Corea del Sur es otra forma de garantía implícita: cada reactor adicional que Corea del Sur exporta, y cada memorando de entendimiento sobre energía nuclear que firma con otro país, eleva aún más el coste de la energía nuclear.
Pero Corea del Sur debe considerar cuidadosamente dónde ubicar sus instalaciones de enriquecimiento, a qué nivel enriquecer uranio y con quién hacerlo. Debe reconocer que existe un equilibrio entre las garantías de proliferación y la “soberanía nuclear”. Por ejemplo, Seúl debería evitar cualquier acuerdo que enriquezca uranio de forma independiente a un nivel alto en instalaciones en territorio coreano, y buscar vías que mejoren la transparencia y el escrutinio internacional, como la tecnología de caja negra en el extranjero.
Además, los legisladores surcoreanos deberían esforzarse aún más por codificar el uso pacífico de la energía nuclear en la ley y prohibir explícitamente las actividades proliferativas.

JAPAN: LAUNCH OF H3 ROCKET A SUCCESS, SIX MONTHS FOLLOWING FAILURE
Japan’s flagship H3 rocket blasted off from Kagoshima Prefecture, placed artificial satellites into their planned orbits and helped to quickly restore confidence in the nation’s space program.
The launch of the No. 6 vehicle from the Tanegashima Space Center achieved two key objectives: completing the first flight of a new configuration and verifying the cause of a rocket failure half a year earlier.
According to the Japan Aerospace Exploration Agency (JAXA), the No. 6 vehicle, a two-stage rocket measuring about 57 meters in length and weighing about 271 tons, lifted off at 9:53 a.m.
It features three main engines but no side-mounted solid rocket boosters, a design known as the “30 configuration.”
The primary dummy satellite it carried weighed 1.6 tons and was accompanied by six small secondary satellites, each weighing between 9 and 65 kilograms, as rideshare payloads.
The H3 rocket was developed to reduce costs and expand services compared with its predecessor, the highly reliable H-2A rocket, which was retired after its 50th flight.
The H3 has three configurations–22, 24 and 30–depending on the number of main engines and boosters.
The 22 and 24 configurations have already been successfully launched. The June 12 flight of the No. 6 vehicle with the 30 configuration completes the set.
It has typically taken about a year to resume launches after the failure of a flagship rocket. This time, however, success was achieved about six months after the failed launch of the No. 8 vehicle in December 2025
A key factor was that the cause of the failure was not a fundamental defect in the rocket’s core systems, such as its engines or fuel tanks.
Instead, the problem was caused by partial separation inside the payload support structure (PSS), which connects the rocket to the satellite, during manufacturing.
The shock from the fairing separation likely triggered a collapse of the PSS, damaging piping and leading to engine shutdown.
For the No. 6 vehicle, a repaired PSS was used.
The June 12 launch validated the corrective measures implemented after the No. 8 failure, paving the way for launches of government satellites and exploration missions.
Another important factor is that the No. 6 vehicle was originally intended for use to test the 30 configuration, with a dummy primary payload.
“Compared to a standard mission, the psychological hurdle was lower, making it easier to use this flight to resume launches,” a government source said.
The H3 is now confirmed as Japan’s primary flagship rocket.
And the 30 configuration, which emphasizes lower costs and operational flexibility, is expected to allow Japan’s space transportation efforts to transit from the demonstration phase to actual service deployment.
JAPON : ÉXITO EN EL LANZAMIENTO DEL COHETE H3, SEIS MESES DESPUÉS DE UN FALLO
El cohete H3, buque insignia de Japón, despegó de la prefectura de Kagoshima el 12 de junio, colocando satélites artificiales en sus órbitas previstas y contribuyendo a restablecer rápidamente la confianza en el programa espacial del país.
El lanzamiento del vehículo Nº 6 desde el Centro Espacial de Tanegashima logró dos objetivos clave: completar el primer vuelo de una nueva configuración y verificar la causa del fallo del cohete ocurrido seis meses antes.
Según la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), el vehículo n.º 6, un cohete de dos etapas de unos 57 metros de longitud y aproximadamente 271 toneladas de peso, despegó a las 9:53 a. m.
Cuenta con tres motores principales, pero carece de propulsores de combustible sólido laterales, un diseño conocido como «configuración 30».
El satélite simulado principal que transportaba pesaba 1,6 toneladas y estaba acompañado por seis pequeños satélites secundarios, cada uno con un peso de entre 9 y 65 kilogramos, como cargas útiles compartidas.
El cohete H3 se desarrolló para reducir costos y ampliar los servicios en comparación con su predecesor, el altamente confiable cohete H-2A, que fue retirado tras su vuelo número 50.
El H3 tiene tres configuraciones: 22, 24 y 30, según el número de motores principales y propulsores. Las configuraciones 22 y 24 ya se han lanzado con éxito. El vuelo del 12 de junio del vehículo número 6 con la configuración 30 completa la serie.
Fuente: https://www.asahi.com/ajw/articles/16639430

TAIWAN HAS TAKEN INSPIRATION FROM UKRAINE BY GIVING ITS CITIZENS A WEAPON AGAINST CHINA: “IT’S LIKE ACQUIRING A NEW SKILL”
This effort also aligns with another objective: reducing technological dependence on China and building its own supply chain.
A video from the Ukrainian unit Signum showed one of the first successful attacks with improvised FPV drones against Russian positions in 2022, a scene many analysts consider the starting point of the tactical revolution now being studied by militaries around the world. It began as a makeshift solution by volunteers and enthusiasts. Four years later, countries like Taiwan are training their citizens and piloting them as part of their defense.
The Ukrainian lesson. The war in Ukraine has changed many things, but one of the most profound has been how the drone has gone from being an auxiliary tool to a central component of modern warfare. Miles of daily missions, inexpensive precision strikes, and a constant ability to monitor, adjust fire, and wear down the enemy have transformed the logic of the battlefield. In Taiwan, this reality is being closely observed because the conclusion is clear: if Ukraine has managed to resist a superior power for years thanks, in part, to democratizing drone warfare, the island believes it must learn that lesson before it’s too late.
TAIWÁN SE HA INSPIRADO EN UCRANIA DANDO A SUS CIUDADANOS UN ARMA FRENTE A CHINA: “ES COMO ADQUIRIR UNA NUEVA HABILIDAD”
Este esfuerzo también encaja con otro objetivo: reducir la dependencia tecnológica de China y construir una cadena de suministro propia
Un vídeo de la unidad ucraniana Signum mostró en 2022 uno de los primeros ataques exitosos con drones FPV improvisados contra posiciones rusas, una escena que muchos analistas consideran el punto de partida de la revolución táctica que hoy estudian ejércitos de medio mundo. Aquello empezó como una solución casera de voluntarios y aficionados. Cuatro años después, países como Taiwán están enseñando a sus ciudadanos a pilotarlos como parte de su defensa.
La lección ucraniana. La guerra de Ucrania ha cambiado muchas cosas, pero una de las más profundas ha sido la forma en que el dron ha dejado de ser una herramienta auxiliar para convertirse en una pieza central del combate moderno.
Miles de misiones diarias, ataques de precisión baratos y una capacidad constante para vigilar, corregir fuego y desgastar al enemigo han transformado la lógica del campo de batalla. En Taiwán esa realidad se observa con atención porque la conclusión es evidente: si Ucrania ha logrado resistir durante años a una potencia superior gracias, en parte, a democratizar la guerra con drones, la isla cree que debe aprender esa lección antes de que sea demasiado tarde.
Convertir civiles en operadores. Por eso Taipéi ha puesto en marcha su primer programa civil de formación en pilotaje de drones, una iniciativa impulsada por la Kuma Academy que busca enseñar a ciudadanos corrientes algo que hace pocos años parecía reservado a militares o aficionados avanzados.
Contaba el Guardian que, en una pequeña sala llena de conos, jóvenes, jubilados y trabajadores practican vuelos básicos, maniobras de control y navegación visual. Lo importante no es solo aprender a volar, sino asumir que ese conocimiento puede tener un valor estratégico real. Uno de los participantes lo resume con una frase que encapsula toda la filosofía del programa: “Es como darme una nueva habilidad, algo que podría usar algún día si hiciera falta”.
El dron como arma ciudadana. Ese es el cambio más profundo: en Taiwán el dron empieza a verse como una especie de arma cívica, no necesariamente ofensiva, pero sí útil para sobrevivir y contribuir en una crisis. La idea no es armar a la población, sino moverla de una defensa pasiva (esconderse y esperar) a una defensa activa basada en observar, detectar y compartir información.
En un escenario de invasión china, estos pequeños aparatos podrían servir para vigilar movimientos enemigos, localizar heridos, coordinar evacuaciones o mantener enlaces visuales en zonas donde las comunicaciones tradicionales fallen. La lógica es simple: no todos pueden empuñar un fusil, pero casi cualquiera puede aprender a volar un dron.
Prepararse para China. Qué duda cabe, el telón de fondo es la creciente presión de China sobre la isla. Taiwán vive bajo la amenaza constante de una posible operación militar china y cada vez más ciudadanos parecen asumir que la preparación individual es parte de la defensa nacional.
La expansión de grupos de defensa civil, los cursos de primeros auxilios y ahora la alfabetización con drones forman parte de esa transformación social. Desde ese prisma, la preparación ya no es solo cosa del ejército, cada ciudadano pasa a ser una posible pieza dentro de una red de resistencia más amplia.
Aprender a volar sin automatismos. El detalle técnico de estos cursos dice mucho sobre cómo Taiwán entiende la guerra futura: los drones son pequeños, ligeros, de fabricación nacional y sin GPS ni piloto automático. La razón es meridianamente clara. En un conflicto moderno la guerra electrónica puede inutilizar sistemas automáticos en segundos, así que el piloto debe aprender a controlar la máquina por pura vista y reflejos.
Es calcado a lo que ocurre en Ucrania, donde el combate electromagnético obliga a improvisar y adaptarse constantemente. Taiwán no quiere formar usuarios de tecnología cómoda, quiere formar operadores capaces de seguir funcionando cuando la tecnología falle.
La autonomía estratégica. Este esfuerzo también encaja con otro objetivo: reducir la dependencia tecnológica de China y construir una cadena de suministro propia para drones. Taiwán fabrica parte de su armamento, pero sigue dependiendo de ventas de armas de Estados Unidos para sus sistemas más pesados. Además, la incertidumbre política en Washington y los vaivenes en la relación con Pekín refuerzan la sensación de vulnerabilidad.
Por todo ello, para muchos taiwaneses aprender a volar un dron ya no es un pasatiempo ni una curiosidad técnica. Es más bien una forma tangible de prepararse para un futuro incierto, con la convicción de que, si llega el peor escenario, cada habilidad adquirida hoy puede marcar la diferencia en el futuro.
Published twice per week by Nuevo Poder. Articles and op-eds focusing on geopolitical issues around Indo-Pacific area
Editor: LW, senior fellow of REDCAEM and CESCOS
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