Las diferencias entre los partidos que respaldan al Presidente José Antonio Kast han comenzado a profundizarse durante los primeros meses de su administración, en medio de cuestionamientos a la conducción política de La Moneda, disputas por espacios de influencia y desacuerdos sobre iniciativas legislativas. El escenario ha puesto en evidencia las dificultades para articular una alianza estable entre el Partido Republicano, Chile Vamos y otras fuerzas de derecha, mientras crecen las presiones para introducir cambios en el gabinete y fortalecer la coordinación con el Congreso.

Uno de los principales focos de conflicto se ha concentrado en el ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot, quien ha recibido críticas desde sectores republicanos por los tropiezos legislativos del Ejecutivo. Ante esta situación, la directiva de Renovación Nacional (RN), encabezada por la senadora Andrea Balladares, junto con parlamentarios y miembros de su comisión política, acudió a La Moneda para manifestarle públicamente su respaldo.

El encuentro respondió al malestar acumulado en RN por los cuestionamientos contra una de sus figuras históricas, a quien algunos sectores oficialistas responsabilizan por el rechazo de iniciativas relevantes para el Gobierno. Entre ellas figuran la reforma constitucional que buscaba ampliar hasta 30 días la detención de extranjeros con orden de expulsión, las dificultades para avanzar en el financiamiento de la Sala Cuna Universal y las modificaciones que quedaron fuera de la denominada megarreforma.

Desde la Secretaría General de la Presidencia (Segpres), sin embargo, defienden los resultados de la gestión legislativa y destacan que, durante los primeros seis meses de mandato, el Ejecutivo consiguió convertir 20 proyectos en ley, mientras otras 33 iniciativas obtuvieron la aprobación del Congreso. Pese a estas cifras, persisten los cuestionamientos a la capacidad del ministro para conducir una agenda exigente, cuya próxima prueba será la tramitación del Presupuesto 2027.

La controversia ha generado una reacción más amplia dentro de RN. Algunos dirigentes consideran que las críticas provenientes del Partido Republicano afectan la relación entre los socios de Gobierno y reflejan una falta de reconocimiento hacia el aporte de Chile Vamos. La presidenta de la colectividad, Andrea Balladares, ha defendido el derecho de su partido a expresar diferencias, señalando que advertir oportunamente sobre los problemas también constituye una forma de respaldar al Ejecutivo.

El integrante de la comisión política de RN Marcelo Brunet ha manifestado preocupación por lo que considera reacciones desproporcionadas de sectores oficialistas, mientras otros dirigentes advierten que la discusión excede la continuidad de García Ruminot y alcanza al papel que desempeña Renovación Nacional dentro de la administración.

Las dificultades también responden a las distintas trayectorias políticas de las colectividades gobernantes. Mientras Chile Vamos acumula experiencia administrativa tras los dos gobiernos de Sebastián Piñera, el Partido Republicano enfrenta su primera participación en la conducción del Ejecutivo. Esta diferencia ha complicado la coordinación y la definición de prioridades comunes.

El presidente de Evópoli, Luciano Cruz-Coke, ha destacado precisamente la existencia de culturas políticas distintas, marcadas por la experiencia gubernamental de Chile Vamos y el desarrollo electoral del republicanismo. A ello se suman desacuerdos sobre proyectos relacionados con seguridad, eventuales indultos a exuniformados condenados por hechos vinculados al estallido social y propuestas para incorporar mayor participación privada en Codelco.

Las tensiones han reactivado el debate sobre la conveniencia de institucionalizar una coalición oficialista que permita resolver diferencias y establecer mecanismos permanentes de coordinación. Sin embargo, el Partido Republicano ha descartado esa alternativa, lo que alimenta las dudas sobre la continuidad de una alianza electoral entre las actuales fuerzas de Gobierno.

Desde Chile Vamos también existen cuestionamientos a la distribución de responsabilidades dentro del Ejecutivo. Algunos dirigentes consideran que el entorno presidencial ha privilegiado a figuras de confianza del Mandatario, dejando fuera a profesionales con experiencia en la administración pública. En ese sector sostienen que la falta de participación de los partidos dificulta la construcción de mayorías parlamentarias y debilita la estabilidad gubernamental.

El malestar, no obstante, también alcanza al Partido Republicano. Parte de sus dirigentes estima que la colectividad ha asumido costos políticos importantes por medidas impopulares, como el aumento de los combustibles, sin obtener una participación equivalente en las decisiones estratégicas. Asimismo, existen reparos por la postergación de iniciativas vinculadas a su agenda valórica y por el protagonismo otorgado a otras fuerzas políticas.

El presidente republicano, Arturo Squella, ha planteado estas inquietudes ante Kast, particularmente respecto de la influencia de los asesores presidenciales y la necesidad de consultar a los partidos antes de adoptar decisiones relevantes. Pese a ello, ha relativizado la gravedad de los conflictos, atribuyéndolos a diferencias habituales dentro de cualquier gobierno y destacando el respaldo parlamentario que han recibido numerosas iniciativas oficiales.

Otro factor de tensión proviene del Partido Nacional Libertario, encabezado por Johannes Kaiser, que ha buscado diferenciarse del Ejecutivo y mantener autonomía frente al resto de la derecha. La colectividad ha expresado desacuerdos en materias valóricas y cuestionado la disposición gubernamental a respaldar sus propuestas.

Uno de los episodios más controvertidos fue la presentación del proyecto denominado Escucha su corazón, destinado a modificar procedimientos relacionados con el aborto permitido bajo las tres causales vigentes. La iniciativa, impulsada por parlamentarios libertarios y representantes de otras colectividades de derecha, provocó diferencias incluso dentro del gabinete, particularmente entre las posiciones expresadas por el Ministerio de Salud y la Segpres.

Kaiser anunció, además, que su partido dejará de participar en determinadas instancias de coordinación con el Gobierno y las colectividades oficialistas, con el propósito de evitar que se interprete como una adhesión formal a la administración. La decisión introduce incertidumbre respecto del respaldo de sus ocho diputados, cuyos votos han resultado relevantes para aprobar proyectos del Ejecutivo.

En este contexto, comienzan a configurarse dos sectores dentro de la derecha: uno integrado principalmente por republicanos y la UDI, y otro conformado por RN, Evópoli y representantes de Demócratas. Aunque existen coincidencias programáticas, las diferencias sobre conducción política, prioridades y participación en las decisiones han dificultado la consolidación de un bloque cohesionado.

Las críticas también apuntan al diseño político establecido por Kast al asumir la Presidencia. Diversos dirigentes cuestionan la influencia del denominado Segundo Piso de La Moneda, particularmente del asesor Alejandro Irarrázaval, a quien atribuyen una participación determinante en las decisiones del Ejecutivo.

La excandidata presidencial Evelyn Matthei ha sido especialmente crítica de este esquema, al advertir sobre la existencia de una estructura formal de Gobierno y otra integrada por asesores y autoridades del círculo presidencial, que concentraría una parte importante del poder político. Sus cuestionamientos coinciden con las inquietudes de dirigentes que reclaman mayor participación de los partidos en la conducción de la administración.

En la UDI, entretanto, la directiva encabezada por Guillermo Ramírez ha privilegiado una relación de colaboración con el Ejecutivo, aunque esa estrategia también ha generado diferencias internas. La próxima renovación de la conducción partidaria aparece como una instancia relevante para definir el grado de autonomía que mantendrá el gremialismo frente a La Moneda.

A estas dificultades se agregan las críticas por la coordinación comunicacional del Gobierno. La senadora de RN y presidenta del Senado, Paulina Núñez, ha advertido sobre un déficit político en el gabinete y la necesidad de introducir modificaciones. Desde la UDI, la diputada Constanza Hube ha compartido la conveniencia de reforzar la vocería gubernamental, aunque ha cuestionado la exposición pública de las diferencias entre aliados.

La posibilidad de designar a un ministro dedicado específicamente a la Secretaría General de Gobierno (Segegob) aparece como una alternativa para mejorar la coordinación política y comunicacional, funciones que actualmente recaen en Claudio Alvarado junto con sus responsabilidades en Interior.

El escenario ha llevado a algunos dirigentes a establecer comparaciones con los comienzos de las administraciones de Sebastián Piñera y Gabriel Boric, que debieron introducir ajustes en sus equipos para ampliar sus bases de apoyo y enfrentar dificultades políticas.

Por ahora, no existen señales claras de que Kast esté dispuesto a modificar sustancialmente su estructura de conducción. Sin embargo, las diferencias entre los partidos, los cuestionamientos a la influencia de su círculo cercano y la necesidad de asegurar mayorías legislativas aumentan la presión sobre La Moneda.

La capacidad del Ejecutivo para superar estas disputas será determinante en la tramitación de sus próximas reformas y del Presupuesto 2027. También pondrá a prueba la viabilidad de un oficialismo integrado por colectividades con distintas experiencias, prioridades y aspiraciones políticas, cuya unidad continúa dependiendo más del respaldo al Gobierno que de una estructura común de conducción. (NP-ChatGPT-Juan André Quezada/La Tercera)