El deterioro de las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá, marcado por disputas arancelarias, diferencias en política industrial y cuestionamientos al futuro del T-MEC, podría generar nuevas oportunidades para algunos países latinoamericanos, aunque especialistas advierten que difícilmente habrá grandes beneficiados.
Las actuales diferencias entre Washington y Ottawa se producen en medio de un cambio en la estrategia económica estadounidense. José María Ramos, profesor del Colegio de la Frontera Norte (COLEF), sostiene que Estados Unidos está impulsando una política de “nacionalismo económico” orientada a fortalecer su capacidad productiva y mejorar su posición en la competencia geopolítica con China.
La estrategia proteccionista también estaría debilitando la confianza de los socios comerciales de Washington. Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior de Colombia (Analdex), señala que la incertidumbre sobre el cumplimiento de los acuerdos está modificando la percepción de Estados Unidos como socio confiable.
Durante décadas, la integración económica entre Estados Unidos, Canadá y México fue considerada un referente para América Latina, primero mediante el TLCAN y posteriormente con el T-MEC. Sin embargo, las disputas arancelarias impulsadas por Washington han aumentado los cuestionamientos sobre la estabilidad de ese modelo.
Frente a este escenario, Díaz plantea que los países latinoamericanos deberían acelerar la diversificación de sus relaciones económicas, fortaleciendo el intercambio dentro de la propia región y ampliando sus vínculos con Europa y Asia.
Una eventual mayor distancia entre Estados Unidos y Canadá podría abrir espacios para exportadores latinoamericanos, particularmente en minerales críticos, energía y productos agrícolas. Brasil, Chile, Perú y Argentina aparecen entre los países con posibilidades de aprovechar una reorganización de los flujos comerciales.
Sin embargo, los especialistas descartan que el conflicto permita identificar grandes ganadores. En el caso de Brasil, Díaz considera que el principal beneficio podría ser político, al reforzar los argumentos de quienes han promovido una estrategia comercial menos dependiente de Estados Unidos.
México enfrenta una situación diferente debido al elevado grado de integración de su economía con la estadounidense. Ramos sostiene que las negociaciones impulsadas por Washington están adquiriendo un carácter cada vez más bilateral, tendencia que podría profundizarse si el T-MEC pierde relevancia como marco regional.
Un debilitamiento del tratado no significaría necesariamente una menor integración entre México y Estados Unidos. Por el contrario, podría derivar en acuerdos directos, evaluaciones periódicas y renegociaciones más frecuentes entre ambos países.
México mantiene además una posición estratégica para Washington por su participación en sectores como la industria automotriz, los semiconductores, los minerales críticos y las cadenas de suministro vinculadas al nearshoring. Según Ramos, esa relevancia genera una relación de “dependencia asimétrica”: Estados Unidos conserva una posición dominante, pero necesita de la capacidad productiva mexicana para fortalecer las cadenas regionales y competir con China.
En ese contexto, el principal riesgo para México sería pasar de las reglas relativamente estables establecidas por el T-MEC hacia una relación comercial más bilateral, políticamente condicionada y expuesta a renegociaciones constantes.
La competencia entre Estados Unidos y China aparece como uno de los factores centrales para determinar el futuro de la integración económica norteamericana. Los especialistas prevén que la incertidumbre generada por Washington incentivará a distintos países latinoamericanos a buscar nuevos mercados y profundizar sus relaciones con Asia y otras regiones.
El escenario apunta así más a una reorganización gradual del comercio continental que a la aparición de grandes beneficiarios. México podría reforzar su importancia estratégica para Estados Unidos, mientras otras economías latinoamericanas buscarían diversificar sus mercados y disminuir su dependencia de Washington. (NP-ChatGPT-DW)
