Leon Weintraub, sobreviviente polaco de 100 años, recordó ante DW las atrocidades vividas tras la invasión nazi a Lodz en 1939. Tras ser hacinado en el gueto de Litzmannstadt, donde el hambre extrema y las enfermedades marcaron su adolescencia, fue deportado en 1944 al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. En ese lugar vio a su madre por última vez antes de que fuera asesinada en las cámaras de gas, mientras él lograba sobrevivir ocultándose por azar entre un grupo de prisioneros destinados a trabajos forzados.
Durante su cautiverio, Weintraub transitó por diversos campos de concentración como Gross-Rosen y Flossenbürg, sufriendo humillaciones y torturas sistemáticas por parte de las SS. Al final de la guerra, logró escapar de un tren que los nazis pretendían hundir en el lago Constanza. Tras ser rescatado por soldados franceses, pesando apenas 35 kilogramos y enfermo de tifus, se reencontró con tres de sus hermanas, quienes también sobrevivieron al genocidio que terminó con la vida de millones de personas.
Motivado por su cercanía con la muerte, Weintraub se radicó en Alemania para estudiar medicina y se convirtió en ginecólogo con el fin de “ayudar a dar vida”. Posteriormente se trasladó a Suecia ante el resurgimiento del antisemitismo en Polonia durante la década de los 60. Desde entonces, ha dedicado su vida a la divulgación histórica y el combate contra el negacionismo, llegando incluso a participar en proyectos de preservación de memoria mediante hologramas para las futuras generaciones.
El testimonio de Weintraub enfatiza la falta de base científica en las ideologías raciales y advierte sobre el peligro de olvidar el pasado. Pese a las tragedias experimentadas, el médico mantiene una visión optimista, instando a la humanidad a abandonar el odio y construir un futuro pacífico basado en el sentido común. Su historia permanece como un legado de resiliencia frente a uno de los periodos más oscuros de la historia contemporánea. (NP-Gemini-DW)
