¿Por qué se habla del segundo piso como de una instancia que toma decisiones por sí misma, cuando no hace otra cosa que lo que le permite el Presidente? Si se disfraza la realidad no hay tratamiento que pueda ser efectivo. Hay más interesados en hacer la corte que en procurar que se haga bien el trabajo.
Lo que tienen que preguntarse en el gobierno es quién está cómodamente ubicado en su sitio. Porque nadie puede estar cómodo si no sabe si se está ejerciendo la conducción política y a quién recurrir en caso de tomar una decisión específica. Si esta es una percepción generalizada, lo obvio es preguntarse quién ubicó mal las piezas. No hay que ser muy astuto para cerciorarse de que todos los caminos conducen a Roma, es decir, a Kast.
El gobierno tiene dos buenos ministros en el área política dedicados a apagar incendios y un segundo piso que se excede en sus funciones. El clamor general es que estas anomalías se solucionen. Es un reclamo con destinatario conocido. Siguiendo la costumbre nacional se habla con indirectas. Y nadie alude al Jefe de Estado, como si en todo esto fuera un espectador en vez del causante.
Con un tratamiento tan oblicuo, no hay modo de conseguir un mejor funcionamiento. No se trata de pedirle al Ministro del Interior que cumpla el rol de coordinación política que le corresponde. Se trata de averiguar qué es lo que ha impedido hasta ahora que lo haga, no obstante tener las condiciones necesarias. La respuesta es siempre la misma: la irresolución de Kast en darle su respaldo en las controversias.
Como los engranajes han empezado a fallar, y algunos parecen tomarse atribuciones que no les corresponde, la suspicacia cruzada ha ido en aumento.
La interrogante es si el Mandatario y su entorno están facilitando la coordinación política de su gobierno y la respuesta es que ocurre todo lo contario.
El ministro Poduje informó que no estaba dispuesto a tener con sus colegas otra relación que la de pares y que sólo obedecía al Presidente. Lo que correspondía era que el Mandatario le señalara que debía hacerle caso a Quiroz y a los ministros del Comité Político cuando actuaran implementando sus instrucciones y no lo hizo.
Lo que se le está pidiendo es que clarifique la línea de mando, no que reparta bendiciones. Un Presidente no puede hacer de comentarista de lo que ocurre en su gabinete, sino que dirime cuando hay dudas. Acaba de hacer lo contrario.
A río revuelto, ganancia del segundo piso
En su primera reacción pública ante el conflicto interno, Kast respaldó a Poduje, desestimó las críticas realizadas por García Ruminot, su ministro Segpres, se olvida de mencionar a Alvarado, pide que todos “armonicen” sus miradas por ser complementarias y le declara a cada uno de ellos que cuentan con su respaldo. Al dejarlos al mismo nivel y, a nombre de la paz, apaga el fuego con bencina.
Antes de que el Presidente hablara, la senadora María José Gatica había señalado que “esperamos que los ministros entiendan que aquí no se mandan solos, sino que tiene que haber una coordinación previa”, y la presidenta de RN, Andrea Balladares, había señalado que “las formas del ministro Poduje hoy día no son las correctas. En la vida y en la política las formas importan”, su actuación “lo enreda a él en su gestión, lo que creo que es muy malo”. Ahora, ¿en qué queda todo esto?
Lo típico cuando se renuncia a ejercer el liderazgo ocurre cuando el Presidente habla y todo queda igual o peor de como estaba antes. Eso sin dejar de decir que la idea de que Kast se adelante a dirimir a tiempo las controversias ya demostró que es una idea ilusa. Las expectativas han descendido mucho.
Vaya uno a saber quién “armoniza” si la coordinación política de gobierno es desautorizada, los que se van de lengua son respaldados y la línea de mando se reemplaza por las exhortaciones al buen comportamiento.
En realidad, sí se escoge una forma de funcionamiento. Cuando las cosas no pasan como debieran, acontecen del modo que parece más cercano a la normalidad. Se sigue a quienes están más próximos al Presidente y parecen hablar creíblemente a su nombre. La línea de apoyo se excede en sus atribuciones.
Si el segundo piso actúa como si no hubiera línea de mando, esa línea no existe o puede ser pasada por alto cada vez que a alguien se le antoja, informando que interfiere en la misión específica que se le ha encomendado.
Kast no tiene el manejo fino de su administración porque, de otro modo, no se entendería que hubiera dejado que el descontento alcanzara la dimensión pública y transversal que ahora es ampliamente conocida. De modo eufemístico se llama “descoordinaciones” a lo que no es otra cosa que carencia de conducción central.
Los desordenados aparecen después de los errores
A casi dos meses de estar en el poder, el gobierno no consiguió un adecuado equilibrio entre sus distintas autoridades. La negativa o la imposibilidad de Kast de dirimir conflictos internos hará que estos sigan su curso, se multipliquen las faltas de coordinación y se haga imposible el cambio de comportamiento de los mismos actores que ya se encuentran en permanentes disputas.
Pretender que todos queden contentos es conseguir que todos salgan enojados. Al final, hay que dirimir y escoger, demorarlo agrandará en problema día a día. El comportamiento presidencial está siendo decepcionante y eso se constata en que el gobierno tiene una mala evaluación y Kast absorbe ese costo en su totalidad.
Habrá que reconocer que hay malos ministros y son fáciles de identificar: los que toman decisiones que no pueden sostener ni explicar; los que solucionan problemas, pero agregan otros que no existían y los que no saben dónde están.
La coordinación política no se puede suplir por la intervención de los asesores presidenciales. El hecho mismo de que lo intenten muestra su ineptitud. En esto los partidos oficialistas han sido muy clarividentes y lo que están solicitando es de sentido común. No se puede apoyar un gobierno sin comportamiento coherente o en permanentes pugnas internas.
El oficialismo requiere privilegiar el ponerse de acuerdo con quienes obtienen su poder de la representación ciudadana. Es a ellos, ordenados en bancadas y partidos, a quienes La Moneda debe tener más cerca. El reducido espacio que han tenido hasta ahora para entregar sus opiniones es insuficiente en beneficio de una corte de Palacio que no tiene que dar la cara y que tiene poder sin responsabilidad.
Concordada una carta de navegación que actualice las prioridades, los ministros pueden dedicarse a implementar una buena gestión y no existe gestión exitosa sin conseguir la colaboración de cercanos y lejanos. Las autoridades no sólo deben tener méritos profesionales, sino un comportamiento adecuado a sus funciones. La arrogancia prepotente y deslenguada, es propia de emperadores, no de ministros. (El Líbero)
Víctor Maldonado
