En un giro estructural para la sostenibilidad de la industria minera, la Subsecretaría de Salud Pública (SSP) aprobó a comienzos de febrero un nuevo reglamento que permite el uso de escorias de cobre como material de construcción en obras de infraestructura abierta. La normativa transforma estos desechos, antes destinados exclusivamente a botaderos, en recursos valorizables para la fabricación de elementos ornamentales, pavimentación de carreteras y autopistas bajo un modelo de economía circular.
Chile produce actualmente más de 160 toneladas diarias de este residuo, subproducto del refinamiento del mineral en las fundiciones. Hasta la entrada en vigencia de este decreto, la gestión de la escoria estaba limitada a su disposición final, generando pasivos ambientales de gran escala. La nueva regulación establece ahora un marco técnico que permite su aprovechamiento seguro, siempre que cumpla con estrictos estándares de estabilidad química, baja toxicidad por lixiviación y trazabilidad del material.
El respaldo científico para esta medida proviene de más de una década de estudios realizados por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), que lideró proyectos piloto exitosos como la pavimentación de pistas aéreas en Quintero y plazas en Catemu. Ejecutivos de Codelco y Anglo American destacaron que este avance no solo reduce la presión ambiental de las faenas, sino que también ofrece beneficios concretos para los territorios donde operan, al proveer insumos de construcción de alta resistencia.
Tras este hito, la industria y la academia ya fijan su atención en el próximo desafío: los relaves mineros, que representan el mayor volumen de desechos del sector. Expertos señalan que, de contar con normativas similares basadas en evidencia técnica, Chile podría liderar la transformación de subproductos históricos en recursos productivos, avanzando hacia una minería moderna que logre mitigar sus emisiones y su impacto en el entorno natural. (NP-Gemini-La Tercera)
