El gobierno de Rusia ha iniciado una nueva fase de restricciones contra Telegram, una de las aplicaciones de mensajería más utilizadas en el país, con el objetivo de fomentar el uso de alternativas locales bajo control estatal. La medida, confirmada este martes por el regulador de telecomunicaciones Roskomnadzor, incluye una ralentización deliberada del servicio tras acusar a la plataforma de no proteger los datos personales de los usuarios y de permitir su uso para fines criminales y terroristas.

De acuerdo con reportes de monitoreo digital, se han registrado miles de quejas por interrupciones y lentitud en el funcionamiento de la aplicación en las últimas 24 horas. Roskomnadzor advirtió que las limitaciones se mantendrán de forma indefinida hasta que la compañía, fundada por el empresario Pavel Durov, cumpla estrictamente con la legislación rusa sobre la eliminación de contenidos prohibidos y la autorregulación de su plataforma.

Como alternativa, el Kremlin está promoviendo la aplicación “Max”, una “superapp” desarrollada por VKontakte que ya debe venir preinstalada en todos los dispositivos móviles vendidos en Rusia. A diferencia de Telegram, Max se integra con servicios gubernamentales y sistemas de pago locales, pero ha sido criticada por expertos en seguridad debido a su falta de cifrado fuerte y su diseño orientado a la vigilancia y el monitoreo de los ciudadanos.

Pavel Durov respondió a estas acciones asegurando que los intentos por forzar la migración de los usuarios fracasarán, tal como ocurrió en experiencias previas en otros países. Sin embargo, la medida ha generado preocupación incluso entre blogueros militares y funcionarios rusos, quienes utilizan activamente Telegram para comunicaciones estratégicas y temen que estas restricciones afecten la coordinación operativa en el actual contexto geopolítico. (NP-Gemini-La Tercera-EFE)