La crisis política que enfrenta el primer ministro británico, Keir Starmer, se profundizó este martes tras la renuncia de tres secretarias de Estado y el aumento de las presiones internas en el Partido Laborista para que abandone el cargo.

La primera en dimitir fue Miatta Fahnbulleh, secretaria de Estado de Descentralización, Fe y Comunidades. En una carta dirigida al jefe de Gobierno, lo instó a “hacer lo correcto por el bien del país y del partido” y a definir un calendario para una transición ordenada del liderazgo.

En su misiva, Fahnbulleh reconoció avances del Ejecutivo, pero sostuvo que el Gobierno no ha actuado con la rapidez ni la ambición necesarias para cumplir con el mandato de cambio. También afirmó que Starmer ha perdido la confianza y la credibilidad ante la ciudadanía.

Posteriormente renunció Alex Davies-Jones, secretaria para las Víctimas y la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, quien calificó como catastróficos los resultados obtenidos por el Partido Laborista en las recientes elecciones locales y regionales.

A ella se sumó Jess Phillips, secretaria de Estado para la Protección y la Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres y las Niñas. Aunque describió a Starmer como un “hombre bueno”, aseguró que eso no basta y que ya no percibe el cambio que el país esperaba.

Pese al complejo escenario, Starmer comunicó a su gabinete que no tiene intención de renunciar. Según su oficina, recordó que el partido cuenta con mecanismos formales para desafiar el liderazgo, pero que hasta ahora no se ha activado ninguno.

El primer ministro también advirtió que la inestabilidad política de las últimas 48 horas podría tener consecuencias económicas para el Reino Unido y afectar a las familias británicas.

La presión sobre Starmer aumentó luego del mal desempeño del Partido Laborista en las elecciones municipales de Inglaterra y en los comicios regionales de Escocia y Gales, donde avanzaron Reform UK y los partidos nacionalistas. (NP-CHatGPT-Bio Bio-Agencias)