El regreso de Michelle Bachelet a la política nacional, tras su fallida candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas, abrió un nuevo escenario de tensiones en la oposición, especialmente al interior del Partido Socialista (PS), donde existen diferencias sobre el papel que debería asumir la exmandataria frente al gobierno del Presidente José Antonio Kast y su eventual competencia por el liderazgo del sector con el expresidente Gabriel Boric.

Durante el homenaje organizado en el Teatro Municipal de La Pintana por partidos opositores y la fundación Horizonte Ciudadano, Bachelet despejó las dudas sobre su continuidad en la vida pública. “A quienes pensaban que después de esto me iba a ir para la casa, les tengo una mala noticia: esto no va a pasar”, afirmó ante cerca de mil asistentes, quienes respondieron con una ovación.

Sus palabras fueron interpretadas por algunos dirigentes socialistas como una señal favorable para que la exjefa de Estado asuma mayor protagonismo político, especialmente después de que la administración de Kast no respaldara su aspiración de encabezar Naciones Unidas. Sin embargo, esa posibilidad también despertó inquietudes entre quienes consideran inconveniente instalar una disputa de liderazgo con Boric.

Una de las principales impulsoras de un papel más activo de Bachelet es la presidenta del PS, Paulina Vodanovic, quien estima que su trayectoria, reconocimiento público y respaldo dentro del progresismo podrían fortalecer la fiscalización al Ejecutivo. Al término del homenaje, la senadora respondió con un expresivo “junten miedo” cuando fue consultada sobre las declaraciones de la exmandataria.

Detrás de estas diferencias aparece una discusión más profunda sobre el futuro de la izquierda. Mientras algunos sectores socialistas buscan recuperar la influencia que históricamente tuvo el partido dentro de la centroizquierda, otros promueven una alianza estratégica con el Frente Amplio (FA), colectividad que adquirió mayor protagonismo durante el gobierno de Boric.

En esta última posición se encuentra el diputado socialista Daniel Manuchehri, quien valoró la disposición de Bachelet a continuar contribuyendo al debate público, pero advirtió que las colectividades políticas deben asumir su propia responsabilidad en la reconstrucción de un proyecto común. A su juicio, recurrir permanentemente a la expresidenta como respuesta a las dificultades de la oposición posterga la formación de nuevos liderazgos y la recuperación de la confianza ciudadana.

Pese a las diferencias entre sus respectivos entornos, Bachelet y Boric mantienen una relación política cercana, construida durante los últimos años mediante conversaciones periódicas e intercambio de opiniones. La exmandataria fue una consejera habitual del expresidente frenteamplista durante su administración, vínculo que contribuyó a superar antiguas desconfianzas entre sectores del socialismo y la generación política que llegó a La Moneda en 2022.

Esa colaboración quedó nuevamente reflejada el 24 de septiembre, cuando ambos suscribieron una declaración crítica de la decisión del gobierno de Kast de incorporarse al denominado Escudo de las Américas, iniciativa promovida por el Presidente estadounidense Donald Trump en medio de las tensiones geopolíticas con China.

La declaración conjunta generó reparos entre antiguos colaboradores de Bachelet, quienes consideran que la intervención se aleja de su estilo tradicional de relacionarse con los gobiernos en ejercicio. Según fuentes cercanas a la expresidenta citadas en el texto original, ella ha privilegiado históricamente las conversaciones directas y reservadas con los mandatarios cuando existen discrepancias en asuntos de política exterior.

El homenaje realizado en La Pintana también permitió observar públicamente la cercanía entre ambos exjefes de Estado. Llegaron juntos al recinto, compartieron asientos en primera fila y mantuvieron una actitud de complicidad durante la ceremonia. Incluso participaron de los momentos musicales del encuentro, que incluyó una interpretación de Michelle, canción de The Beatles.

La actividad surgió inicialmente como una cena privada impulsada por antiguos integrantes del equipo que respaldó la candidatura de Bachelet a Naciones Unidas. Posteriormente, sus organizadores optaron por transformarla en un acto público de reconocimiento, aunque la expresidenta manifestó reparos iniciales. La exministra Ana Lya Uriarte desempeñó un papel relevante para conseguir su aceptación y concretar la ceremonia.

En paralelo, las diferencias sobre el futuro de la oposición también se expresan en la relación entre Vodanovic y el exministro del Interior Álvaro Elizalde, quien mantiene cercanía política con Boric y ha defendido la construcción de un eje de colaboración entre el PS y el Frente Amplio. La posibilidad de que Elizalde vuelva a encabezar el socialismo en abril de 2027 agrega otro elemento a la disputa interna.

En sectores del PS existe preocupación por la participación activa de Boric en el debate político, especialmente ante las especulaciones sobre una eventual nueva candidatura presidencial en 2029. Bajo ese escenario, algunos dirigentes consideran que Bachelet podría constituir un contrapeso relevante y evitar que el expresidente concentre el liderazgo opositor.

No obstante, personas cercanas a ambos exmandatarios sostienen que ninguno ha definido completamente su papel en la política nacional. Boric continúa desarrollando actividades desde su oficina en el barrio Bellavista, mientras avanza en la configuración de su futura fundación y sus principales áreas de trabajo.

Bachelet, por su parte, mantiene interés en continuar vinculada a asuntos internacionales y no tendría previsto adoptar apresuradamente una estrategia de intervención en la contingencia. Sus colaboradores consideran que privilegiará un período de reflexión y diálogo antes de establecer nuevas responsabilidades políticas.

Por ahora, una de sus prioridades es fortalecer Horizonte Ciudadano como un espacio de encuentro entre las distintas sensibilidades progresistas. La propia expresidenta ha planteado que la fundación debe convertirse en una instancia abierta, capaz de promover conversaciones y contribuir a la unidad del sector.

De esta manera, el principal desafío para Bachelet será compatibilizar su renovada presencia pública con el propósito de articular a una oposición que todavía enfrenta diferencias sobre su conducción. Aunque algunos dirigentes buscan instalar una competencia con Boric, la relación de colaboración entre ambos podría resultar determinante para definir el futuro político del progresismo y su estrategia frente al gobierno de Kast. (NP-ChatGPT-Francisco Artaza/La Tercera)