Una buena manera de testear la idoneidad de cualquier atribución que restringe las libertades ciudadanas —como lo es, por ejemplo, el facilitar la interceptación de las comunicaciones por parte de la autoridad— es representarse que estas facultades podrían también ser utilizadas por los adversarios y no solo por aquellos que consideramos nuestros aliados. Dicho de otra manera, una buena representación del límite para el legítimo ejercicio de la fuerza por parte del Estado consiste en imaginar que estas acciones podrían no solo afectar a otros, sino también a nosotros. (El Mercurio-Cartas)
Jorge Navarrete P.
Abogado
