Hoy el debate en salud se ha centrado en la reducción presupuestaria de un 2,4% que deberá ejecutarse, equivalente a $413.193 millones. La ministra se ha empeñado en señalar que esta baja no afectará la atención de los pacientes. Sus detractores señalan que esto no será posible y que el mandato se contradice con las crecientes demandas en salud que serán postergadas.

Una vez más, como sucede a menudo en salud, la discusión está mal orientada. Si la forma de ejecutar la reducción comprometida no se hiciera de manera transversal como se ha señalado, afectando a todos los componentes del sistema de salud incluyendo la Atención Primaria, sino mediante ajustes proporcionales a las áreas de ineficiencia, se podrían lograr reducciones incluso superiores a las señaladas sin afectar la atención de salud.

Existe la evidencia que hace posible ponderar estos ahorros si se hicieran intervenciones específicas que se estiman pueden alcanzar montos superiores a los propuestos. Entre estas hay que considerar el ausentismo laboral, compras descentralizadas de insumos y medicamentos, subutilización de pabellones quirúrgicos, brechas de ineficiencias interhospitalarias, “overhead” administrativo y sobrecostos asociados a pagos a sociedades médicas.

Es de esperar que si se encauza adecuadamente esta discusión hagamos de esta una oportunidad para que podamos realizar con sentido de urgencia los cambios estructurales que el sistema requiere a objeto de hacer posible que los recursos que demanda salud lleguen a las personas. (El Mercurio Cartas)

Dr. Emilio Santelices C.