Los efectos del cierre del estrecho de Ormuz podrían prolongarse durante meses e incluso años, según advierten actores clave de la industria energética. El director ejecutivo de Saudi Aramco, Amin Nasser, señaló a inversionistas que una reapertura inmediata de la estratégica vía marítima no bastaría para normalizar el mercado en el corto plazo. A su juicio, la recuperación del equilibrio entre oferta y demanda tomaría varios meses, mientras que una interrupción más prolongada podría extender las distorsiones hasta 2027.

La crisis ha impulsado los precios internacionales del petróleo cerca de un 30% por encima de los niveles previos al conflicto, encareciendo combustibles, fertilizantes y transporte. Este escenario ha contribuido al aumento de la inflación global, generado tensiones en las cadenas de suministro y elevado los costos de producción de alimentos en distintos mercados.

Especialistas del sector advierten que la reapertura de Ormuz no garantizaría una recuperación inmediata del tráfico marítimo. Las compañías navieras exigirían un período de observación para evaluar la estabilidad de la zona y la efectividad de las medidas de seguridad. Además, la presencia de patrullas navales internacionales sería considerada un requisito clave para restablecer la confianza de las tripulaciones y operadores.

Expertos sostienen que incluso incidentes aislados podrían retrasar el retorno de los buques a la región. Según analistas del mercado energético, muchas empresas han reorganizado sus rutas comerciales durante la crisis y podrían mostrarse reticentes a asumir nuevamente riesgos operativos en el Golfo.

A los desafíos logísticos se suman los daños registrados en infraestructura energética estratégica. Diversos yacimientos, refinerías, gasoductos y terminales de exportación resultaron afectados por los ataques, generando millonarios costos de reparación. Entre las instalaciones más comprometidas figura el complejo de Ras Laffan, en Qatar, donde parte importante de la capacidad de producción de gas natural licuado quedó fuera de servicio.

Las autoridades y consultoras del sector estiman que la recuperación completa de algunas instalaciones podría tardar varios años. Asimismo, las empresas productoras enfrentan eventuales conflictos contractuales derivados de incumplimientos en las entregas, situación que podría seguir afectando los cronogramas de exportación durante los próximos años.

La reactivación de las plantas también requerirá exhaustivas inspecciones técnicas. Tras meses de inactividad, especialistas advierten sobre riesgos asociados a corrosión, acumulación de presión y deterioro de equipos, factores que obligan a realizar procesos de puesta en marcha con estrictos estándares de seguridad.

Mientras tanto, el mercado energético global continúa dependiendo de medidas transitorias para compensar la menor oferta proveniente del Golfo. Estados Unidos ha incrementado su producción petrolera, China ha recurrido a sus reservas estratégicas y varios países miembros de la Agencia Internacional de la Energía han liberado parte de sus inventarios para contener el impacto.

Sin embargo, analistas advierten que estas reservas podrían comenzar a agotarse durante los próximos meses. De ocurrir ese escenario, los precios del crudo enfrentarían nuevas presiones alcistas, con posibles efectos sobre el crecimiento económico mundial. Algunos especialistas incluso alertan que un aumento significativo de los precios de la energía podría terminar desencadenando una nueva recesión global. (NP-ChatGPT-DW)