Informaciones provenientes de Washington sugieren que la reciente cancelación de visas a autoridades chilenas sería solo el inicio de una ofensiva mayor por parte del Departamento de Estado. Según trascendidos, el presidente Gabriel Boric y otros miembros de su gabinete podrían ser los próximos sancionados. La medida no solo respondería a riesgos de seguridad nacional por los acuerdos con China, sino a evidencias de corrupción, coimas y redes de favores que han sido detectadas por agencias de inteligencia norteamericanas.
La lista de implicados excedería el ámbito gubernamental, extendiéndose a conocidos empresarios acusados de lavar dinero y mantener vínculos con organizaciones criminales internacionales, mafias y grupos extremistas. Asimismo, se mencionan ejecutivos de televisión que habrían aceptado financiamiento para difundir propaganda de regímenes autoritarios. El mensaje de Estados Unidos es drástico: la inseguridad regional está directamente ligada a la corrupción institucional, y no se tolerará que beneficios personales comprometan la infraestructura estratégica del hemisferio.
El embajador Brandon Judd ha dejado entrever que estas sanciones, aunque ejecutadas bajo la administración Trump, son el resultado de investigaciones de largo aliento que revelan una “doble moral” en la élite chilena, que busca lucrar con el Partido Comunista Chino mientras disfruta de los beneficios de acceso a Estados Unidos. En este escenario, se discute incluso la eliminación del programa Visa Waiver para Chile, proponiendo como alternativa el sistema Global Entry, que exige una validación de seguridad mucho más rigurosa y antecedentes impecables.+1
Esta crisis deja al presidente electo, José Antonio Kast, en una posición de “jaque mate” diplomático antes de asumir. En su próxima reunión con Donald Trump, Kast deberá decidir entre cerrar las puertas a la influencia china —enfrentando el rechazo de sectores empresariales locales— o arriesgarse a ser catalogado como adversario por la Casa Blanca. La advertencia es clara: la elección de Washington sobre Beijing no es solo una postura política, sino una renuncia obligatoria a los esquemas de dinero opaco que han permeado a administraciones de diversos signos en las últimas décadas. (NP-Gemini-Carel Fleming,Interferencia)
