Las petroleras estatales Pemex, de México, y Petrobras, de Brasil, avanzaron este mes en una alianza destinada a fortalecer la cooperación en exploración y producción de hidrocarburos, en una iniciativa respaldada políticamente por los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva.

Ambas compañías suscribieron un memorando de entendimiento con una vigencia inicial de dos años. Paralelamente, negociaron un segundo acuerdo relacionado con refinación y comercialización de biocombustibles, particularmente etanol.

El acercamiento fue acompañado por una videollamada entre Sheinbaum y Lula, quienes expresaron su respaldo a la cooperación entre las dos mayores economías latinoamericanas. Sin embargo, especialistas del sector energético consultados por DW advierten que, pese a las posibilidades técnicas, existen factores económicos, legales y políticos que podrían dificultar la materialización de los proyectos.

PETROBRAS: EXPERIENCIA EN AGUAS PROFUNDAS

Uno de los principales argumentos a favor de la alianza es la complementariedad entre ambas petroleras. Petrobras cuenta con amplia experiencia y tecnología para desarrollar proyectos de exploración en aguas profundas, mientras Pemex posee un conocimiento histórico de los yacimientos y las condiciones del territorio mexicano.

El consultor energético brasileño Adriano Pires destacó que Petrobras dispone de tecnología avanzada para la exploración submarina y que Brasil mantiene una posición relevante como productor y exportador de combustibles.

El especialista Gonzalo Monroy, director de la consultora GMEC, también identifica oportunidades, especialmente por la experiencia brasileña en la explotación de hidrocarburos ubicados bajo extensas capas de sal. México tendría formaciones con características similares en sectores del Golfo.

No obstante, Monroy advierte que el memorando firmado no tiene carácter vinculante, por lo que ninguna de las compañías está obligada a efectuar inversiones. Este punto resulta especialmente relevante en una industria cuyos proyectos requieren elevados niveles de capital.

El consultor venezolano Elio Ohep considera que Petrobras podría aportar conocimiento tecnológico y capacidad financiera, mientras Pemex obtendría experiencia y México podría beneficiarse mediante regalías. Sin embargo, estima que eventuales resultados concretos podrían observarse recién en un horizonte de entre cinco y 15 años.

A ello se suman obstáculos regulatorios. Especialistas señalan que el actual marco mexicano podría no ofrecer condiciones suficientemente atractivas para una inversión de Petrobras mediante contratos de servicios o asociaciones mixtas.

Por este motivo, los expertos llaman a moderar las expectativas generadas por el anuncio. Hasta ahora, se trata de un memorando preliminar con una duración de dos años y no de un compromiso definitivo de inversión.

ETANOL

El segundo eje de las conversaciones corresponde a los biocombustibles, especialmente al etanol. Brasil cuenta con una industria ampliamente desarrollada en esta materia y utiliza mezclas de etanol con gasolina en proporciones considerablemente superiores a las existentes en México.

La expansión de este combustible en el mercado mexicano, sin embargo, enfrentaría dificultades. De acuerdo con Monroy, gran parte de la flota vehicular del país no estaría preparada para utilizar mezclas con altas concentraciones de etanol.

Brasil, en contraste, dispone de una extensa presencia de vehículos con tecnología flex fuel, capaces de operar con distintas proporciones de gasolina y etanol.

Una eventual expansión significativa del etanol en México también obligaría a modificar infraestructura de almacenamiento y distribución. Según cálculos citados por el especialista, Pemex podría necesitar inversiones de entre US$6.000 millones y US$8.000 millones para adaptar instalaciones y estaciones de servicio.

La situación financiera de la petrolera mexicana aparece así como uno de los principales obstáculos para llevar adelante proyectos de gran escala.

FACTORES POLÍTICOS

Además de los desafíos técnicos y económicos, los especialistas identifican un fuerte componente político en el acercamiento entre México y Brasil.

El gobierno de Sheinbaum enfrenta un escenario marcado por las negociaciones comerciales con Estados Unidos y las presiones relacionadas con el mercado energético mexicano. Brasil, por su parte, atraviesa un período electoral que podría influir en las decisiones adoptadas por el gobierno de Lula.

Los analistas advierten que, al tratarse de dos compañías controladas por el Estado, un cambio de administración también podría modificar sus prioridades y, eventualmente, el futuro de la cooperación.

En ese contexto, la continuidad del acuerdo dependerá no solo de su rentabilidad económica y viabilidad técnica, sino también del escenario político que enfrenten ambos países durante los próximos años.

Los especialistas también plantean cautela a partir de anteriores acuerdos entre petroleras estatales latinoamericanas. Uno de los casos mencionados es la asociación que Petrobras mantuvo con la venezolana PDVSA durante los gobiernos de Lula y Hugo Chávez.

Pires recordó particularmente el proyecto de una refinería en Recife, posteriormente vinculado al complejo escenario investigado durante el caso Lava Jato. A partir de esa experiencia, el experto manifestó reparos respecto de acuerdos energéticos impulsados principalmente desde los gobiernos.

Así, aunque la cooperación entre Pemex y Petrobras presenta oportunidades tecnológicas y comerciales, los expertos coinciden en que todavía existe una distancia considerable entre la firma de un memorando y la ejecución efectiva de inversiones petroleras de gran escala. (NP-ChatGPT-DW)