El Partido Nacional Libertario (PNL) conmemorará su primer año de existencia el próximo viernes 6 de marzo en el Teatro Coliseo, en un evento denominado “Jornada de la Libertad”. La instancia, que espera reunir a más de dos mil asistentes, contará con la participación de figuras internacionales como los argentinos Agustín Laje y Nicolás Márquez, consolidando al partido liderado por Johannes Kaiser como una fuerza relevante en la derecha chilena tras los resultados de la última elección parlamentaria.
Este hito ocurre en un momento de definiciones estratégicas para la colectividad, que ha optado por no integrarse al gabinete del presidente electo, José Antonio Kast. Desde el PNL explican que el encuentro servirá para trazar los ejes de una “oposición amigable”, rol que se enfocará en fiscalizar el cumplimiento del programa de gobierno y en vigilar la probidad de los futuros funcionarios. Esta postura ya ha tenido sus primeros roces, especialmente tras las críticas de Kaiser al nombramiento de Andrés Jouannet como subsecretario de Seguridad.
En el plano institucional, el partido se prepara para coordinar su nueva bancada en el Congreso, compuesta por ocho diputados y una senadora. Durante el evento se espera delinear la estructura de trabajo legislativo bajo el liderazgo de Kaiser, además de avanzar en la creación de un centro de estudios y una academia de formación ideológica programada para el primer semestre de 2026. Estas iniciativas buscan dotar de insumos técnicos a sus parlamentarios y fortalecer las bases doctrinarias de su militancia.
Pese al ambiente de celebración, la interna libertaria no está exenta de tensiones. El diputado Cristián Labbé ha cuestionado la decisión de la directiva de restarse del gobierno de Kast, calificando la conducción actual de “totalitaria”. Frente a esto, la mesa directiva reafirmará sus “líneas rojas” en materias como el control fronterizo y la reforma al Poder Judicial, asegurando que su autonomía es vital para garantizar que la próxima administración no se desvíe de los principios defendidos durante la campaña.
FUGA DE LUGARTENIENTES
La decisión del Partido Nacional Libertario (PNL) de restarse del futuro gabinete de José Antonio Kast ha desatado una ola de renuncias y duras críticas contra su líder, Johannes Kaiser. Militantes y exjefes de equipos técnicos acusan al exabanderado presidencial de transformar la colectividad en un proyecto personalista y autoritario, prescindiendo del consejo de los expertos que elaboraron su programa de gobierno. El quiebre se profundizó tras el rechazo del Ministerio de Minería, una cartera que el círculo cercano a Kaiser calificó despectivamente como un “cargo ratón”, lo que provocó la salida de figuras clave en áreas como hacienda, salud, educación y minería.
El malestar interno apunta a que la cúpula del PNL, compuesta por Kaiser, Juan Antonio Urzúa y Hans Marowski, impuso “líneas rojas” ideológicas que resultaron inviables para la coalición de derecha, como la exigencia de eliminar programas de identidad de género. Esta postura es vista por los sectores disidentes como una muestra de inexperiencia política y una “lectura limitada” de la importancia estratégica de integrar el Ejecutivo. El diputado Cristián Labbé ha sido uno de los críticos más vocales, denunciando un “totalitarismo” dentro de la tienda y acusando a la directiva de amputar las capacidades técnicas de sus propios militantes al negarse a ejercer el poder real.
Quienes abandonan el proyecto libertario describen una estructura de toma de decisiones donde solo prevalece la voluntad de Kaiser, a quien comparan con un “youtuber” que prefiere la opinología antes que realizar cambios desde el Estado. La molestia escaló al ámbito familiar tras la intervención de la senadora electa Vanessa Kaiser, cuyos dichos reforzaron en la militancia la percepción de que el partido funciona hoy como una “pyme familiar”. Mientras el grupo más radical de la base fiel a Kaiser celebra la distancia con sectores de centro como Amarillos o Demócratas, los cuadros profesionales advierten que el partido está perdiendo su capital más valioso: el talento técnico que trabajó durante meses en un plan de desarrollo para el país.
Esta crisis de identidad ocurre apenas meses después de que el propio Kaiser asegurara que votar por Kast era votar por Chile, una promesa que para muchos militantes implicaba una adhesión incondicional al éxito de la nueva administración. Hoy, con casi la mitad de sus lugartenientes programáticos fuera de la colectividad, el PNL enfrenta el desafío de mantener su relevancia parlamentaria sin el respaldo de los equipos que dieron sustento a su campaña. La fuga de militantes e independientes hacia otros sectores de la derecha parece inminente, mientras la directiva libertaria se atrinchera en una postura de fiscalización externa que muchos consideran un error histórico para el sector. (NP-Gemini-La Tercera-El Mostrador)
