Si bien José Antonio Kast obtuvo en diciembre de 2025 la votación más alta en una elección presidencial de segunda vuelta realizada en Chile con voto obligatorio, el Presidente de la República no ha logrado consolidarse en su posición del líder político principal del país. La principal razón por la que Kast no ha logrado usar su cargo para adquirir una posición de incuestionable liderazgo nacional es porque, primero, debe consolidarse como el líder de la derecha política en Chile. Mientras no logre afianzarse como el líder incuestionado de la derecha, difícilmente el Presidente de la República podrá consolidarse como el líder republicano que necesita la nación para salir del pozo en que está estancada y retomar el camino del desarrollo y del crecimiento sostenido.

Nadie puede cuestionar la legitimidad democrática de Kast. El 58,2% de la votación que obtuvo en la segunda vuelta de diciembre de 2025 representa una inobjetable señal de apoyo y confianza popular. Si bien Kast solo logró el 23,9% de la votación en la primera vuelta (incluso menos que el 27,9% que había conseguido en 2021, cuando pasó a segunda vuelta como el candidato más votado en la primera ronda), el hecho que haya derrotado tan decididamente a la candidata de izquierda, la militante comunista Jeannette Jara, demuestra que Kast supo convencer a una mayoría de los chilenos con su propuesta de gobierno para el periodo 2026-2030.

Pero la legitimidad democrática no es sinónimo de liderazgo efectivo. En los casi cuatro meses que lleva como Presidente, Kast ha tenido problemas para consolidarse como el líder político indiscutido de la nación. La comentada incómoda situación ocurrida el 25 de junio, cuando Kast literalmente se peleó en público con un niño, refleja un cierto grado de frustración de este Presidente que no ha podido aunar voluntades para dirigir al país en la dirección que él cree correcta.

La incomodidad que muestra en varias de sus apariciones públicas sugiere que Kast no está habitando su cargo de la manera que él esperaba. Mientras su predecesor, Gabriel Boric, quiso redefinir lo que significa habitar el cargo de Presidente -sin corbata y con aspecto de estudiante demasiado mayor para seguir en la universidad- Kast ha querido, desde el primer día, dotar al cargo de un espíritu republicano y un aire de respeto y autoridad. Pero los chilenos, que mayoritariamente desaprueban la forma en que Kast está haciendo su trabajo como Presidente, no parecen convencidos de que sea el líder que sabe cómo retomar el camino correcto que necesita el país.

Una razón que pudiera explicar por qué Kast no ha podido convertirse en el Presidente de todos los chilenos y en el líder que puede poner al país en el sendero correcto es que ha fallado estrepitosamente en convertirse en el líder político de su sector. Una buena parte de la derecha chilena no ve en Kast a su líder. Incluso después de haber votado por él y pese a que los partidos de derecha son parte del gobierno (con decenas de personas en cargos clave), los partidos de derecha tradicional ni siquiera aceptan ser miembros de facto de la coalición de gobierno. Es más, uno de los dos partidos más importantes de la derecha radical, el Partido Nacional Libertario, repetidamente nos recuerda que no es un partido de gobierno. Lo que es peor, el propio partido político de Kast, el Partido Republicano, se dedica más a pelearse con los otros partidos de derecha que a construir las bases de lo que debe ser un gobierno de derecha amplio.

Cuando asumió el poder, Kast renunció al Partido Republicano precisamente porque necesitaba dar una señal de que gobernaría con toda la derecha. A cuatro meses de iniciado el gobierno, Kast no ha logrado convertir la coalición multipartidista de facto que ocupa los cargos más importantes del gobierno en una coalición multipartidista que se reconozca como tal. Aunque son parte del gobierno -cobran sueldos como funcionarios de confianza y ejercen labores criticas representando al gobierno-muchos militantes de RN, UDI y Evópoli se niegan a aceptar que forman parte de una coalición de gobierno. El propio Kast no se atreve a decir que lidera una coalición de gobierno precisamente porque sabe que será desmentido en el acto por los propios líderes de los partidos cuyos militantes ocupan esos cargos clave en el gobierno.

Pero si no es capaz de demostrar que puede aunar las fuerzas de partidos que, teniendo sus diferencias, reman en la misma dirección, el Presidente Kast difícilmente podrá consolidarse como el líder que pueda llevar a Chile a un mejor distinto. Si no es capaz de alzarse como el líder de la derecha chilena, Kast no podrá consolidarse como el líder que hoy necesita Chile. (El Líbero)

Patricio Navia