Una nueva escalada militar entre Pakistán y Afganistán volvió a tensionar la seguridad regional luego de que Islamabad ejecutara ataques aéreos sobre las provincias afganas de Khost, Kunar y Paktika, en la acción más grave desde el acuerdo alcanzado en abril para evitar una mayor intensificación del conflicto.

El gobierno talibán informó que los bombardeos provocaron la muerte de 13 personas, entre ellas 11 niños, una mujer y un adulto mayor, además de dejar 14 heridos. Pakistán confirmó la ofensiva, aunque sostuvo que el objetivo fueron instalaciones terroristas y aseguró que entre las víctimas había 26 militantes.

Las versiones contrapuestas vuelven a evidenciar la disputa narrativa que acompaña el conflicto fronterizo. Mientras Kabul denuncia ataques contra población civil, Islamabad afirma que sus operaciones están dirigidas exclusivamente contra grupos armados que operan en territorio afgano.

En la provincia de Khost, cientos de personas participaron en los funerales de nueve integrantes de una misma familia que fallecieron cuando su vivienda colapsó tras el impacto de un bombardeo. Entre las víctimas había siete niños de entre 3 y 15 años, además de una mujer y un hombre adulto. Un segundo ataque destruyó otra vivienda del mismo grupo familiar y acabó con el ganado que constituía su principal fuente de ingresos.

Tras los hechos, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Afganistán convocó al encargado de negocios de Pakistán para expresar una protesta formal por la violación del espacio aéreo y los ataques contra hogares civiles, instando además a Islamabad a resolver sus problemas de seguridad interna sin afectar a la población afgana.

Desde Pakistán, el ministro de Información, Attaullah Tarar, defendió la operación y aseguró que fueron destruidos un centro de entrenamiento, un refugio de insurgentes, un depósito de municiones y una instalación utilizada por comandantes, reiterando que la campaña antiterrorista continuará.

Los bombardeos se produjeron un día después de que presuntos integrantes del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) atacaran un puesto de seguridad en Khyber Pakhtunkhwa y mataran a seis miembros de la Constabularia Federal. Islamabad acusa al gobierno talibán de permitir la presencia del grupo en Afganistán, mientras Kabul rechaza esa acusación y sostiene que se trata de un problema interno pakistaní.

Las relaciones entre ambos países se han deteriorado aceleradamente desde octubre de 2025, cuando Pakistán inició una serie de operaciones militares que derivaron en el cierre de la frontera y la paralización del comercio bilateral. En febrero de este año, Islamabad declaró estar en “guerra abierta”, mientras que en marzo un bombardeo sobre un centro de rehabilitación en Kabul dejó más de 400 muertos, según cifras afganas que Pakistán niega.

China intentó mediar en abril con una ronda de negociaciones en Urumqi, donde ambas partes acordaron evitar una nueva escalada y avanzar hacia una solución integral. Sin embargo, los recientes ataques ponen en duda la vigencia de ese compromiso.

Según datos de Naciones Unidas, los enfrentamientos ya han provocado el desplazamiento de unas 94.000 personas y han dejado a otras 100.000 aisladas en zonas fronterizas, mientras crece la preocupación internacional por una posible intensificación del conflicto en los próximos días. (NP-ChatGPT-Infobae-Agencias)