Cada enero, miles de jóvenes reciben su puntaje PAES como si fuera una sentencia. No porque la prueba lo declare, sino porque el sistema educativo ha instalado la idea de que en ese número se juega su valor, su inteligencia y su futuro académico.

Es justo reconocer que la PAES es un instrumento técnicamente mejorado respecto de sus versiones anteriores y que cumple una función ordenadora en el sistema de admisión. Sin embargo, sigue siendo una prueba estandarizada que mide desempeño académico en un momento específico. No mide vocación, perseverancia, creatividad, madurez ni capacidad de aprendizaje a lo largo del tiempo. Es una fotografía y no una biografía.

El problema surge cuando ese puntaje se transforma en el criterio casi exclusivo de acceso a la educación superior. La evidencia es consistente: los resultados continúan estando fuertemente asociados al origen socioeconómico, al tipo de establecimiento escolar y al capital cultural familiar. Ninguna prueba estandarizada, por bien diseñada que esté, puede compensar doce años de desigualdad estructural. Exigir PAES no es una decisión neutral, aunque se la presente como puramente técnica.

Existen universidades que han optado por no exigir este requisito. No lo hacen por relajar exigencias, sino por sostener una convicción distinta acerca del mérito y de la responsabilidad formativa. Abrir las puertas a trayectorias diversas implica asumir un compromiso mayor con el diagnóstico temprano, el acompañamiento académico y el aprendizaje efectivo de los estudiantes.

La pregunta de fondo no es si la PAES es buena o mala. La pregunta es otra y más incómoda: si queremos universidades que seleccionen a quienes ya vienen listos o instituciones que asuman la tarea de formar a quienes aún están en proceso.

Tratar un puntaje como destino puede resultar cómodo. Asumir la diversidad de trayectorias humanas es más complejo, pero también más coherente con una concepción de la educación superior como espacio de formación y transformación, y no solo de clasificación. (NP)

Carlos Barría Román
Rector Universidad UNIACC