Una nueva controversia vinculada al desarrollo de la inteligencia artificial llegó a la Corte Suprema, luego que OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, decidiera impugnar el registro de la marca MindGPT obtenido en Chile por Beijing CHJ Information Technology, compañía china ligada al fabricante de vehículos eléctricos Li Auto.

El conflicto se originó en 2023, cuando la firma asiática solicitó registrar la marca MindGPT para una serie de productos y servicios relacionados con software, desarrollo tecnológico, marketing y educación. La solicitud fue aprobada tanto por el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi) como por el Tribunal de Propiedad Industrial, decisiones que ahora son cuestionadas por OpenAI ante el máximo tribunal del país.

La empresa estadounidense sostiene que la denominación MindGPT infringe derechos asociados a su familia de marcas, entre ellas ChatGPT y GPT-4, argumentando que el término GPT posee una fuerte identificación comercial con sus productos y servicios de inteligencia artificial.

En su presentación judicial, OpenAI cuestiona la conclusión de los organismos nacionales que consideraron a GPT como una sigla de carácter genérico y con escasa capacidad distintiva. La compañía afirma que la denominación ha sido reconocida como marca registrada en diversas jurisdicciones internacionales y que su notoriedad está ampliamente acreditada por el uso masivo de sus plataformas.

La firma liderada por Sam Altman argumenta además que la estructura de la marca MindGPT reproduce un esquema similar al utilizado en ChatGPT, basado en la combinación de un sustantivo con la sigla GPT. Según la empresa, esta semejanza podría generar confusión entre consumidores respecto del origen empresarial de los servicios ofrecidos.

Como parte de sus antecedentes, OpenAI destaca el alcance global de ChatGPT y sostiene que millones de usuarios asocian actualmente la sigla GPT con sus desarrollos tecnológicos, por lo que la coexistencia de ambas marcas podría derivar en una utilización indebida de su reputación comercial.

La posición de la compañía china es diametralmente opuesta. Su representación legal sostiene que GPT corresponde a la abreviatura de “Generative Pre-trained Transformer”, una expresión ampliamente utilizada en la industria tecnológica y que, por lo mismo, no puede ser monopolizada por una sola empresa.

Los abogados de Beijing CHJ Information Technology recuerdan además que OpenAI intentó registrar la sigla GPT en otras jurisdicciones y enfrentó objeciones precisamente por su carácter descriptivo. Asimismo, destacan que numerosas aplicaciones y plataformas de inteligencia artificial incorporan actualmente esa denominación dentro de sus nombres comerciales.

La empresa china también argumenta que MindGPT fue desarrollada como un asistente de inteligencia artificial para vehículos eléctricos de Li Auto y que no compite directamente con los productos ofrecidos por OpenAI. Como respaldo, presentó registros de la marca obtenidos en diversos países y regiones del mundo.

La decisión que adopte la Corte Suprema podría transformarse en un precedente relevante para futuras disputas sobre propiedad intelectual en el ámbito de la inteligencia artificial, especialmente en un escenario donde la expansión global de estas tecnologías ha intensificado los conflictos por el uso de nombres, marcas y conceptos asociados a modelos generativos. (NP-ChatGPT-Emol)