La productividad se estancó incluso antes de 2010. El Imacec tuvo un quiebre en su tasa de crecimiento mensual durante 2012 (es decir, fue ese año cuando la economía comenzó a crecer al ritmo actual) y la inversión perdió dinamismo antes de 2014. A pesar de todo esto, la megarreforma se funda en el mito de que la economía chilena perdió dinamismo con Bachelet, producto de su reforma tributaria de 2014.

Diversos académicos han dicho que la mejor evidencia mundial muestra un efecto limitado en crecimiento de reducciones al impuesto corporativo. Incluso un metaanálisis reciente concluye que el efecto promedio es nulo. La Comisión Marfán señaló que existiría un efecto en el crecimiento, pero su cálculo asume una compensación por el aumento de otros impuestos. Sin esa compensación, el efecto debería ser menor, porque los menores ingresos fiscales implican menor gasto (lo que reduce la inversión pública) o mayor deuda (lo que sube la tasa de interés, bajando la inversión privada). Pero no importa la evidencia: ni de Chile, ni del mundo. El mismo Marfán ofreció un espacio técnico para mejorar la reforma, para encontrar un mejor diseño tributario que la ley vigente, pero minimizando el efecto en la recaudación fiscal. Su ofrecimiento no fue considerado.

No hay, al menos desde el 90 a la fecha, una reforma tributaria con tan poco acuerdo técnico y político.

La reforma se va a aprobar. Luego de eso vamos a tener semanas, meses, en que cada nueva inversión se va a celebrar como la prueba irrefutable del éxito de la reforma. Nunca se dirá si, por ejemplo, ese proyecto ya estaba en el catastro de bienes de capitales (que informa los proyectos ya programados por los directorios de las empresas y que está hace tiempo en cifras récord). Incluso estos días se celebra que Bank of America pronostica un crecimiento de 3% para 2027 en caso de que se apruebe la reforma. No se advierte que sin reforma ya estábamos creciendo sobre el 2,5% promedio entre 2024 y 2025 (cerca de 3% si miramos el PIB no minero), y que en 2027 deberíamos recuperar parte del crecimiento que no vamos a tener en 2026.

Mucho de esto se ha dicho y no ha cambiado ningún voto. Pero habiendo tramitado una ley de presupuesto, estoy seguro de que hay información que ya tiene el Ministerio de Hacienda y que cambiaría muchos votos si se diera a conocer: ¿cuánto van a reducir el gasto social los próximos tres años para compensar los miles de millones de dólares que su informe financiero reconoce perderán producto de la reforma? ¿Hubiera aceptado el PDG un acuerdo político de 100 millones de dólares en beneficio para la clase media, si hubieran conocido qué beneficios se van a recortar solo en 2027, para compensar la caída en los ingresos por 1.000 millones de dólares que reconoce el informe financiero (10 veces el valor de su acuerdo)? El presupuesto 2026 se aprobó con un aumento de 1.000 millones de dólares para salud. ¿Cuánto sería la variación en el presupuesto de salud 2027 con y sin megarreforma?

Van a votar a favor, pero muchos no votarían de esa manera si, a diferencia de lo que hicieron en campaña, hoy —no después, cuando ya no haya nada que hacer— nos dijeran la verdad de los recortes sociales que vienen producto de la reforma. (El Mercurio)

Nicolás Grau

Exministro de Hacienda y Economía