Cerca de la mitad de las potenciales donaciones de órganos en Chile no llega a concretarse, principalmente debido a la oposición de las familias o al desconocimiento sobre la voluntad que había manifestado el fallecido, según cifras del Ministerio de Salud.
El problema cobra especial relevancia considerando que actualmente 2.277 personas esperan un trasplante en el país.
La legislación chilena establece que todas las personas mayores de 18 años son donantes, salvo quienes hayan expresado formalmente su negativa mediante una declaración notarial. Sin embargo, en la práctica, la posición de los familiares puede impedir que una potencial donación se concrete.
La ministra de Salud, May Chomali, sostuvo que uno de los principales desafíos consiste en producir un cambio cultural. “Necesitamos más donantes porque tenemos listas de espera muy importantes”, señaló.
El proceso de procuramiento comienza tras confirmarse la muerte encefálica de un potencial donante. Los equipos médicos determinan qué órganos son aptos y la Coordinación Nacional de Procuramiento y Trasplante organiza la extracción, asignación de receptores y traslado hacia los centros correspondientes.
Todo debe realizarse en períodos muy acotados debido al tiempo limitado durante el cual los órganos permanecen viables.
El exministro de Salud Osvaldo Artaza destacó la importancia de que las personas conversen previamente con sus familias y expresen claramente su decisión. Según explicó, todavía existen mitos, desconfianza y temores en torno al sistema de trasplantes.
La presidenta del Colegio Médico y expresidenta de la Corporación del Trasplante, Anamaría Arriagada, planteó además que las dificultades no se limitan a las familias. A su juicio, Chile necesita fortalecer la educación sobre donación y mejorar la capacidad de los hospitales para identificar potenciales donantes.
Arriagada también propone revisar la institucionalidad responsable del sistema de procuramiento y trasplantes, dotándola de mayor independencia, recursos y facultades de fiscalización.
El debate vuelve así a poner sobre la mesa una cuestión central: cómo garantizar que la voluntad manifestada por una persona en vida sea efectivamente respetada después de su fallecimiento y evitar la pérdida de órganos que podrían salvar otras vidas. (NP-ChatGPT-Bio Bio)
