Ucrania informó este domingo que al menos dos personas murieron y otras 69 resultaron heridas tras un masivo bombardeo ruso que incluyó cientos de drones y decenas de misiles, entre ellos el sistema hipersónico Oréshnik. El ataque, que tuvo como principal objetivo la capital Kiev, llevó al gobierno ucraniano a solicitar nuevamente más apoyo internacional en defensa aérea y mayores sanciones contra Rusia.
La Fuerza Aérea ucraniana detalló que Rusia lanzó un total de 690 sistemas ofensivos entre drones y misiles. Según las autoridades militares, entre el arsenal utilizado se encontraban más de 50 misiles de crucero, más de 30 misiles balísticos y el avanzado misil hipersónico Oréshnik, considerado uno de los sistemas más sofisticados del arsenal ruso.
El Presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, condenó el ataque y acusó a su homólogo ruso, Vladimir Putin, de continuar atacando zonas civiles. Según indicó, el bombardeo provocó daños en decenas de edificios residenciales y establecimientos educacionales, además de dejar prácticamente destruido el Museo de Chernóbil y afectar otras infraestructuras culturales y gubernamentales en Kiev.
Desde Moscú, el Ministerio de Defensa confirmó el uso de distintos tipos de misiles, incluido el Oréshnik, aunque aseguró que los objetivos eran instalaciones militares. Las autoridades rusas calificaron la ofensiva como una respuesta a supuestos “ataques terroristas” cometidos por Ucrania contra objetivos civiles en territorio ruso y en zonas ocupadas.
El ex Presidente ruso y actual subjefe del Consejo de Seguridad, Dmitry Medvedev, sostuvo que el ataque fue una represalia por un reciente bombardeo contra una residencia estudiantil en Lugansk, hecho que Moscú atribuye a Kiev y que habría dejado 21 muertos. Ucrania negó cualquier responsabilidad en ese episodio.
Tras la ofensiva, el canciller ucraniano, Andrí Sibiga, insistió en la necesidad de incrementar el respaldo militar y político a Ucrania. El ministro solicitó nuevas capacidades de defensa aérea, inversiones para la industria militar ucraniana y una mayor presión internacional sobre el gobierno ruso, además de acelerar las decisiones para el ingreso de Ucrania a la Unión Europea.
El ataque generó reacciones de apoyo desde distintos gobiernos occidentales. El canciller alemán, Friedrich Merz, condenó el uso del sistema Oréshnik y calificó la ofensiva como una escalada “sin escrúpulos”. También manifestaron respaldo a Ucrania líderes como Emmanuel Macron, Giorgia Meloni y la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, quien describió el bombardeo como un “acto terrorista abominable”. (NP-ChatGPT-Emol-Agencias)
