La suerte del nuevo gobierno se jugará, sobre todo, en el esfuerzo de comprensión del mandatario y sus colaboradores de que su tarea es rigurosamente política. Ello supone mostrarle al país un horizonte de sentido que inspire confianza y articular una gestión que mejore lo que existe. Nada es más complejo que eso en una sociedad abierta, en la que los gobiernos están bajo escrutinio público todos los días y los tropiezos se pagan de inmediato.
La política es, o debe ser, un intento de comprensión global de la realidad, de lo cual dependen las posibilidades de actuar eficazmente, reconocer a tiempo los cambios de escenario, anticipar los factores que pueden generar dificultades y definir la mejor respuesta posible. Precisamente por eso, es crucial la capacidad de análisis y reflexión que tenga el gobierno. A veces sirven la intuición y el olfato, pero será mejor si se estudian seriamente las tendencias que condicionan la marcha de Chile y el mundo. Ello exige que el presidente cuente con asesoría estratégica de excelencia.
¿Está atento el Segundo Piso a la evolución de la guerra en el Medio Oriente y sus probables efectos económicos, militares y geopolíticos? Nadie sabe cuánto durará esta guerra ni hasta dónde puede llegar la insensatez belicista, pero sería un grave error creer que se trata de “una guerra lejana” e ignorar que se ha creado un cuadro internacional de enorme peligro.
Cualesquiera que sean las circunstancias, el gobierno tiene el deber de pensar en los mejores resguardos nacionales que sea posible. Pero, si el Segundo Piso se va a dedicar a fiscalizar a los ministros o a chequear el cumplimiento de las medidas, ¿quiénes se van a encargar de pensar prospectivamente, advertir sobre los riesgos que surgen y recomendar los cursos de acción más apropiados?
No se trata de política de comunicaciones, ni de las cuñas para la prensa o la TV, sino de la hoja de ruta nacional, del sentido de la acción de gobierno, lo que naturalmente influye, por supuesto, en el tipo de lenguaje que se use en la vocería o en las pautas informativas. Al respecto, lo primero es “el hablar veraz”, según la expresión de Rosanvallon, y eso implica respeto por los ciudadanos.
El gobierno no esperaba, ni podía esperar, que se le vinieran encima tan pronto problemas como los enfrentados en las primeras dos semanas, el mayor de los cuales fue el alza de los combustibles, pero no sirve lamentarse. Recordemos que Piñera inició su primer gobierno con amplias zonas del país devastadas por el terremoto y el maremoto de febrero de 2010, y superó la prueba. Al final, la forma en que enfrentan las dificultades es lo que muestra de qué madera están hechos los gobernantes, si son capaces o no de encarar con inteligencia y templanza los imprevistos, las calamidades y, cómo no, las consecuencias de los propios errores.
Respecto de esto último, lo más serio ha sido la remoción de Consuelo Peña, subdirectora de Inteligencia y Crimen Organizado de la PDI, por decisión de Eduardo Cerna, director del PDI, quien habría actuado a instancias de Trinidad Steinert, ministra de Seguridad. Ella ha negado haber influido en la remoción, pero el episodio ha generado muchas dudas acerca de si reúne las condiciones para desempeñarse en un cargo tan neurálgico en los planes del gobierno.
Ha vuelto a emerger el déficit de calidad que arrastra nuestra vida política. En momentos de real emergencia por el shock de los combustibles, hubo quienes mostraron la hilacha de la mezquindad partidista o personalista, y no solo en las filas opositoras, sino en el propio bloque de gobierno. Varios parlamentarios mostraron enorme ansiedad por volverse famosos a cualquier precio. Quien llegó más lejos fue, sin duda, Daniella Cicardini, senadora del PS, que pidió la renuncia del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz.
Una parte de la izquierda se orienta a realizar un tipo de oposición que no se hará problemas respecto de los métodos. El PC y el Frente Amplio se preparan para ello. Se trata de hacer fracasar a Kast, para lo cual el modelo a seguir es más o menos la estrategia aplicada contra el segundo gobierno de Piñera. Veremos si los otros partidos de izquierda o centroizquierda siguen esas aguas, o buscan evitar un escenario de confrontación ciega. Al parecer, la DC y el PPD han adquirido conciencia de que el país no puede recaer en las costosas convulsiones que casi lo llevaron al desastre en 2019.
Se han elevado las exigencias del gobierno. En un contexto de agudas turbulencias internacionales, y obligado a acotar las prioridades nacionales, Kast tendrá que mostrar calma y al mismo tiempo determinación para no dejarse intimidar por las dificultades ni por quienes quieren capitalizarlas políticamente. Sus posibilidades de llevar a cabo una gestión fructífera están abiertas. Necesita mostrar una perspectiva de progreso e integración nacional, disposición de diálogo y cooperación con todos los sectores que quieren que Chile salga adelante. (Ex Ante)
Sergio Muñoz Riveros
