Más del 23% de los profesores de educación primaria y secundaria de establecimientos públicos en Chile no contaba en 2024 con la cualificación completa requerida para ejercer, una proporción que supera ampliamente el promedio registrado entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

De acuerdo con el informe Panorama de la Educación 2026, divulgado por el organismo internacional, el 23,4% de los docentes chilenos se encontraba en esa situación, frente al 9,1% promedio de los países de la OCDE. En términos relativos, la proporción observada en Chile equivale a más del doble de la media de la organización.

La clasificación utilizada por la OCDE abarca diferentes situaciones. Incluye a profesores que poseen las cualificaciones académicas necesarias, pero carecen de la certificación o preparación pedagógica exigida; a quienes cuentan con formación docente, pero no con todas las credenciales académicas requeridas, y también a profesionales que no cumplen ninguno de esos dos requisitos.

El reporte muestra, además, dificultades para completar y mantener la dotación de profesores. Al comienzo del año escolar 2024, el 3,6% de las plazas docentes de educación secundaria pública en Chile permanecía vacante.

A este escenario se agrega la salida de profesores que sí cumplían plenamente los requisitos. Entre 2024 y 2025, el 8,4% de los docentes plenamente cualificados abandonó la profesión, cifra superior al promedio de 6,4% registrado entre los países de la OCDE.

El panorama educacional chileno, sin embargo, también presenta avances. La proporción de personas de entre 25 y 34 años que no había completado la educación secundaria superior disminuyó de 17% en 2015 a 10% en 2024. Con ello, Chile se ubicó por debajo del promedio de 12% informado por la OCDE.

Los datos también muestran un elevado nivel de término de la enseñanza secundaria superior. El 88% de quienes comienzan un programa de ese nivel, ya sea de formación general o técnico-profesional, consigue finalizarlo dentro de los dos años posteriores a la fecha prevista para su conclusión.

Persisten diferencias según sexo. Las mujeres tienen una probabilidad seis puntos porcentuales superior a la de los hombres de completar esos estudios, una brecha que, según el reporte, es similar a la observada en gran parte de los países analizados.

Otro de los desafíos se concentra en los jóvenes que se encuentran fuera del sistema educativo y del mercado laboral. En 2025, el 19% de los chilenos de entre 18 y 24 años no estudiaba, no trabajaba ni participaba en programas de formación. Aunque el porcentaje disminuyó respecto del 21% registrado en 2015, continúa por encima del promedio de 13% de la OCDE.

En materia de financiamiento, Chile aumentó el gasto público destinado a educación desde el nivel primario hasta el terciario. Este pasó de representar el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2015 al 4,4% en 2023. En los países de la OCDE para los cuales existen datos comparables se produjo la tendencia contraria: el promedio descendió de 4,4% a 4,2% del PIB durante el mismo período.

Entre las principales brechas permanece la cobertura de la educación inicial. En 2024, el 79% de los niños desde los tres años y hasta la edad de ingreso a la enseñanza primaria estaba matriculado en el sistema educativo. La cifra se situó once puntos porcentuales por debajo del promedio de 90% de la OCDE.

También existe distancia en educación superior. En 2024, el 37% de los adultos en Chile había alcanzado estudios terciarios, mientras que el promedio de la OCDE llegaba a 43%. En contraste, el 42% de la población adulta chilena tenía como máximo nivel educacional la enseñanza secundaria superior o algún programa postsecundario no terciario, proporción superior a la media registrada por los países integrantes del organismo.

En conjunto, las cifras muestran un escenario con avances en la finalización de la enseñanza secundaria y un aumento del esfuerzo fiscal destinado a educación, pero con brechas relevantes en la cualificación y permanencia de los docentes, la participación de los jóvenes en estudios o trabajo, la cobertura de la primera infancia y el acceso a la educación terciaria. (NP-ChatGPT-Emol)