El Gobierno de Nicaragua, encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, anunció este sábado la excarcelación de «decenas de personas», entre las que se cuentan al menos 30 presos políticos, según reportes de medios locales y agencias internacionales. Aunque el Ejecutivo nicaragüense atribuyó la medida a la conmemoración de sus 19 años en el poder, la decisión ocurre en un contexto de máxima presión diplomática por parte de la administración de Donald Trump.
Entre los liberados identificados hasta ahora se encuentran opositores, líderes comunitarios y el pastor evangélico Rudy Palacios. El comunicado oficial del régimen evitó el término «presos políticos» y calificó la acción como un símbolo de su «compromiso con la paz y la convivencia familiar», pese a que la mayoría de los beneficiados permanecía en prisión sin procesos judiciales transparentes.
EFECTO DOMINÓ TRAS LA CAPTURA DE MADURO
La liberación en Managua se produce apenas 24 horas después de que la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua instara al régimen a seguir el ejemplo de Venezuela, país que liberó a un número importante de presos políticos tras la reciente captura de Nicolás Maduro en una misión militar estadounidense. La sede diplomática fue enfática en señalar que en Nicaragua aún restan más de 60 personas «injustamente detenidas o desaparecidas», incluyendo ancianos y trabajadores religiosos.
El propio Donald Trump celebró previamente las liberaciones en Venezuela como una «búsqueda de la paz», mensaje que fue replicado por las oficinas regionales de EE. UU. para aumentar la presión sobre el bloque de aliados del chavismo en Centroamérica. Para la oposición nicaragüense, estas excarcelaciones son un triunfo de la presión externa y no un gesto voluntario del sandinismo.
CUESTIONAMIENTOS A LA LEGITIMIDAD DE LA «DINASTÍA»
En paralelo a los anuncios de liberación, el Departamento de Estado de EE. UU. emitió una dura declaración cuestionando la permanencia de Ortega en el poder. La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental recordó que el mandato iniciado en 2006 debía durar cinco años y no convertirse en una «dinastía ilegítima vitalicia».
«Reescribir la Constitución y aplastar a la disidencia no borrarán las aspiraciones de los nicaragüenses de vivir libres de la tiranía», publicó el organismo estadounidense. Esta postura reafirma que, pese a las liberaciones de este sábado, la relación entre Washington y Managua se mantiene en su punto más crítico, con el foco puesto en la restauración de la democracia en la nación centroamericana. (NP-Gemini-Emol-EFE)



