La historiadora Lucía Santa Cruz cuestionó la decisión del gobierno de concentrar la mayor parte de los recursos de Fondecyt en áreas consideradas estratégicas, como ciencia, minería, inteligencia artificial, ingeniería y astronomía, en desmedro de las humanidades y las ciencias sociales. A su juicio, la medida responde a una visión de corto plazo y desconoce el papel que estas disciplinas tendrán en una sociedad marcada por rápidos cambios tecnológicos.
La controversia surgió luego de conocerse modificaciones en las bases del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico. De acuerdo con lo informado por la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, fueron definidas diez áreas estratégicas que concentrarán el 70% de los recursos disponibles. La determinación generó críticas entre académicos e intelectuales, mientras el Consejo de Rectores expresó su preocupación por lo que considera una señal que no reconoce el carácter integral del conocimiento.
El Presidente José Antonio Kast defendió la decisión argumentando que el Estado enfrenta recursos limitados frente a múltiples necesidades. Santa Cruz reconoció la urgencia de impulsar el crecimiento económico, elevar la productividad y enfrentar problemas como la pobreza y el subdesarrollo, pero sostuvo que reducir el concepto de desarrollo a su dimensión económica supone desconocer otras necesidades humanas.
La historiadora, integrante de la Academia Chilena de Ciencias Sociales y consejera del Instituto Libertad y Desarrollo, sostuvo que resulta imposible anticipar con certeza qué capacidades demandará el mercado laboral en las próximas décadas. En ese escenario, afirmó que la expansión de la inteligencia artificial vuelve especialmente importantes las habilidades intelectuales y creativas, junto con la capacidad de analizar críticamente una creciente cantidad de información.
Santa Cruz planteó que el pensamiento crítico se fortalece precisamente en disciplinas donde no existen respuestas únicas y donde la reflexión, la interpretación y la argumentación resultan fundamentales. También rechazó una separación rígida entre ciencias y humanidades, señalando que las fronteras entre ambas áreas son cada vez menos definidas y que numerosos problemas contemporáneos requieren enfoques interdisciplinarios.
Como ejemplo, indicó que los avances científicos pueden abrir interrogantes que requieren análisis éticos y filosóficos, mientras que la propia filosofía necesita incorporar conocimientos provenientes de campos como la física. Del mismo modo, señaló que disciplinas como la economía pueden beneficiarse de aportes provenientes de la biología evolutiva y la neurociencia para comprender mejor las conductas humanas.
La académica coincidió además con las críticas formuladas por el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, respecto de una eventual devaluación de las humanidades frente al predominio de la tecnología. Según Santa Cruz, capacidades como el análisis, la reflexión crítica, la resolución de problemas y la comunicación no pueden ser sustituidas por herramientas tecnológicas. Expresó, asimismo, preocupación por el riesgo de que la inteligencia artificial favorezca una creciente homogeneización de las opiniones y reduzca la diversidad y originalidad del pensamiento.
La historiadora también afirmó que percibe una sobrevaloración de la ciencia y de la técnica en la decisión gubernamental. Si bien consideró comprensible que, ante dificultades económicas, se privilegien herramientas destinadas a aumentar la productividad, sostuvo que la discusión de fondo está relacionada con la definición de desarrollo y con la concepción que se tenga del ser humano.
Santa Cruz ha defendido anteriormente el papel de las humanidades en la formación democrática. En mayo de 2025, al ser distinguida como miembro académico honorario de la Universidad Adolfo Ibáñez, destacó que disciplinas como la historia, la filosofía y la literatura permiten desarrollar capacidades asociadas con la comprensión del otro, la tolerancia y la reflexión sobre la condición humana. En su análisis actual insistió en que la literatura y el arte permiten aproximarse a dimensiones de la experiencia que no pueden ser comprendidas exclusivamente mediante la razón o la tecnología.
En medio de la discusión, Santa Cruz también formuló críticas hacia las élites chilenas, a las que atribuyó escaso interés por la lectura y la reflexión conceptual. Señaló que la creciente complejidad de los dilemas políticos, económicos, sociales y morales exige capacidades de análisis que, en su opinión, difícilmente pueden desarrollarse prescindiendo de las humanidades.
Respecto de la distribución de becas, sostuvo que los recursos públicos no deberían asignarse mediante cuotas predeterminadas para determinadas disciplinas. Su posición es que el financiamiento debe depender de la calidad y el mérito de cada proyecto, lo que permitiría que en distintos períodos puedan recibir mayores recursos las humanidades, las ciencias sociales o las áreas científicas y tecnológicas, dependiendo de la calidad de las investigaciones presentadas.
Santa Cruz también planteó una autocrítica hacia el propio ámbito humanista. Cuestionó tendencias observadas en universidades extranjeras donde, según afirmó, determinadas posiciones ideológicas han limitado la investigación y la libertad de expresión. Para la historiadora, las universidades deben garantizar la posibilidad de investigar, discutir y expresar ideas controvertidas o impopulares, debido a que esa libertad constituye una condición necesaria para la creatividad, la innovación y el avance del conocimiento.
Finalmente, advirtió sobre los incentivos que enfrentan actualmente las carreras académicas, particularmente la presión por publicar artículos en revistas indexadas. Según explicó, este sistema puede favorecer investigaciones de escasa trascendencia y, al mismo tiempo, disminuir el interés por estudiar problemas específicamente latinoamericanos, debido al peso que tienen las publicaciones internacionales en la evaluación académica. (NP-ChatGPT-La Tercera)
