El boom del litio sigue en expansión. Y Chile sigue retrocediendo en participación de mercado. De ser el primero del mundo en la primera década del siglo, con 40% de participación, hoy ha caído a 19%. Su producción ha subido, pero la de otros países, mucho más. Australia y China ya nos relegaron al tercer lugar. Cochilco proyecta que Argentina nos bajará del podio en los próximos años.

Estamos enredados en que el litio no es concesible en Chile. Se han buscado soluciones complejas, como los CEOL —intentados desde 2012, sin aportar aún ninguna tonelada adicional— y la restrictiva Política Nacional del Litio. Estos mecanismos, en el mejor de los casos, solo nos permitirían una velocidad lenta en medio de una carrera de atletas de clase mundial. Correr ensacados es nuestro juego ancestral, pero no aporta al medallero internacional.

Sabemos lo que atrae inversión minera: democracia, institucionalidad, estabilidad, riqueza geológica, demanda mundial expansiva y una legislación minera que dé certeza al inversionista. Tenemos todo eso en nuestra minería. Pero en el litio no. La inconcesibilidad nos condena a competir en las divisiones menores.

Hay que alinear el litio con el resto de la minería, haciéndolo concesible. Se ha objetado que se requerirían cambios constitucionales. No es así. Solo hay que hacer cambios puntuales a la Ley Orgánica Constitucional de Concesiones Mineras y al Código de Minería. Y eso solo requiere mayoría absoluta de los senadores y diputados en ejercicio (quorum calificado).

El boom del litio no nos esperará para siempre. Durará lo que durará. Hay que acelerar hoy y a fondo. No sigamos corriendo ensacados contra competidores con zapatillas de clavos. (El Mercurio Cartas)

Gerardo Jofré