León XIV recuerda algunas verdades-Roberto Astaburuaga

León XIV recuerda algunas verdades-Roberto Astaburuaga

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La semana pasada, el Papa León XIV pronunció un discurso ante el Cuerpo Diplomático que, para algunos, ha sido calificado como el más político de su elección. Al mismo tiempo, la atención mediática se ha centrado en las referencias a Venezuela, la migración y el derecho internacional. Pero el Papa profundizó en otras materias y denunció atentados a la dignidad humana y al cristianismo y que ocurren en Chile.

Ante los típicos y siempre infructuosos cantos de sirena sobre el deber de la Iglesia Católica de actualizarse según los tiempos modernos, el Santo Padre, de forma contundente y clara, recordó la doctrina sobre los bienes fundamentales que ha defendido y promovido históricamente. Recordó la importancia de la institución de la familia, como aquella unión exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre, que acoge y cuida plenamente la vida por nacer. Ese cuidado al no nacido implica un rechazo categórico al aborto y al financiamiento del derecho al aborto seguro y el cuestionamiento a la asignación de recursos públicos para abortar en lugar de apoyar a las madres: el objetivo principal debe seguir siendo la protección de todos los niños no nacidos y el apoyo efectivo y concreto a todas las mujeres para que puedan acoger la vida. Al mismo tiempo, condenó la maternidad subrogada, como una práctica que considera al niño como un producto y a la madre, al explotar su cuerpo. Del mismo modo, condenó la eutanasia como una falsa forma de compasión, en lugar de promover políticas de auténtica solidaridad y ofreciendo soluciones al sufrimiento humano, como los cuidados paliativos.

El Papa también advirtió sobre los atentados contra la libertad religiosa y la persecución al cristianismo, respecto a la cual muchos prefieren mirar para el lado, como hemos comentado anteriormente. Defendió el rechazo por parte de médicos y profesionales de la salud a participar en prácticas como el aborto o la eutanasia y recordó cómo en América y Europa se extiende una forma sutil de discriminación religiosa contra los cristianos cuando se restringe su capacidad de proclamar las verdades del Evangelio por razones políticas o ideológicas.

León XIV advierte de los problemas de la comunicación de nuestro tiempo porque es necesario que haya acuerdo sobre las palabras y los conceptos que se utilizan, ya que, si las palabras pierden su conexión con la realidad, y la realidad misma se vuelve discutible y, en última instancia, incomunicable. Por ello, las palabras deben volver a expresar ciertas realidades de forma inequívoca y así podrá reanudarse el diálogo auténtico sin malentendidos (…) en nuestros hogares y espacios públicos, en la política, en los medios de comunicación y en las redes sociales. El Papa no desconoce que se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que, en un intento por ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan.

Muchos de los males denunciados por el Romano Pontífice ocurren y se promueven en Chile, mientras otros ya han sido instalados y son mayoritariamente aceptados. Lo peor es que el Estado se ha convertido en el gran impulso y defensor de dichos males. Se impulsan leyes que permiten la eutanasia y el aborto libre, mientras restringe reglamentariamente la objeción de conciencia; no promueve iniciativas para prohibir la maternidad subrogada. Se impone la perspectiva de género en los reglamentos internos de todo establecimiento educacional desde la más tierna infancia y la perspectiva de género en todo órgano del Estado. Se manipula el lenguaje para introducir la ideología de género en caballos de Troya disfrazados de prevención del abuso sexual, referirse a la eutanasia como “muerte digna” o normalizar que se hormone niños desde los 9 años para intentar cambiar de sexo.

Si en el periodo 2000 a 2025 en Chile el progresismo cultural y el subjetivismo moral causaron graves y dañinos retrocesos en la protección de la vida, la familia, la religión y la educación, en el próximo cuarto de siglo es necesario avanzar en su promoción.

Comenzando el segundo cuarto de siglo, la valentía del Papa de decir las cosas por su nombre, sin distinciones enredadas ni disculpas innecesarias, constituye un llamado a todos los católicos en Chile de vivir y defender públicamente nuestra fe en las leyes, en las escuelas y en el hogar.

Comenzando el segundo cuarto de siglo, la valentía del Papa de decir las cosas por su nombre, sin distinciones enredadas ni disculpas innecesarias, constituye un llamado a todos los católicos en Chile de vivir y defender públicamente nuestra fe en las leyes, en las escuelas y en el hogar. (El Líbero)

Roberto Astaburuaga