La politóloga Laura Fernández asumió este viernes la presidencia de Costa Rica para un mandato de cuatro años, con el compromiso de endurecer la lucha contra el narcotráfico y reforzar la seguridad en un país que históricamente fue considerado uno de los más estables de América Latina.
La ceremonia de investidura se realizó en el Estadio Nacional de San José, donde Fernández, de 39 años, aseguró que no vacilará en enfrentar al crimen organizado y anunció una estrategia de “mano dura” para combatir el aumento de la violencia y la penetración del narcotráfico en instituciones estatales.
La nueva mandataria, cercana al presidente saliente Rodrigo Chaves, adelantó que impulsará la construcción de una cárcel inspirada en el modelo de máxima seguridad implementado en El Salvador por el presidente Nayib Bukele. También anunció reformas para endurecer las penas y extender el cómputo del año carcelario.
Fernández gobernará con el respaldo de 31 de los 57 diputados del Congreso y mantendrá a Rodrigo Chaves como ministro de la Presidencia y de Hacienda, consolidando un esquema político de continuidad que algunos analistas han descrito como un gobierno compartido.
La presidenta aseguró que promoverá reformas institucionales profundas, aunque descartó que estas impliquen vulnerar la separación de poderes o los derechos humanos. No obstante, sectores opositores y expertos han advertido sobre el riesgo de una concentración excesiva de poder.
En política exterior, Fernández reafirmó su cercanía con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y con gobiernos de derecha de la región. A la ceremonia asistieron, entre otros, el rey Felipe VI y el Presidente de Chile, José Antonio Kast.
Fernández, hija de agricultores, madre de una niña y de orientación liberal en lo económico y conservadora en lo social, se convirtió en la segunda mujer en asumir la presidencia de Costa Rica. (NP-ChatGPT-Emol)
