Este 22 de septiembre Chile adhirió formalmente al llamado “Escudo de las Américas”, iniciativa de coordinación regional impulsada por Estados Unidos para enfrentar el crimen organizado transnacional. Chile se integra como el miembro número 15, junto a Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Trinidad y Tobago y Estados Unidos. Se trata de un marco de coordinación voluntaria entre gobiernos americanos, no es una Tratado Internacional, ni una alianza militar. El objetivo principal es compartir información y mejorar la cooperación frente a organizaciones criminales que operan en varios países. Esta iniciativa identifica como amenazas al Tren de Aragua, el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, MS-13, ELN y otras organizaciones criminales de la región. La participación en esta instancia permitirá a Chile compartir información e inteligencia sobre crimen organizado, acceder a sistemas de análisis de datos. capacitar a funcionarios de Carabineros y la PDI, mejorar la coordinación fronteriza, especialmente con Argentina, Bolivia y Perú y coordinarse con otros países frente a organizaciones criminales transnacionales.
El fin de esta iniciativa debiera ser celebrado por todos los actores políticos, ya que el crimen organizado es un flagelo horroroso que, por lógica ordenada hacia el bien, no debiera gustarle a nadie, con excepción de los que se benefician de la acción criminal. Lo cierto es que muchas voces han gritado en contra del ingreso de Chile a esta iniciativa y todas las críticas son de naturaleza ideológica. No quieren que Chile de alinee con Estados Unidos de Norte América. Hace unos meses el connotado historiador británico, Niall Ferguson, habló de la “Segunda Guerra Fría” entre Estados Unidos y China, impulsada por la confrontación tecnológica, económica y geopolítica. A diferencia de la “primera” Guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la que la visión ideológica hacía que cada actor intentase anular al otro, en este nuevo proceso, la interdependencia mutua complejiza y acelera los procesos. Taiwán es uno de los puntos críticos, ya que marcaría el fin de la “Chimérica” integración económica entre ambos. Igual que en la primera Guerra Fría los gigantes se dividen las áreas de influencia y obligan a los actores menores a tomar partido. Las divisiones son ideológicas como siempre.
Este nuevo ordenamiento quedó claro ante los reparos al “Escudo de las Américas”. La izquierda en masa se hizo presente. Rápidamente los expresidentes Gabriel Boric y Michelle Bachelet pidieron a José Antonio Kast reconsiderar la permanencia de Chile. Según ellos su principal preocupación es que la política exterior chilena mantenga autonomía y no quede subordinada a prioridades definidas por una potencia extranjera. Hoy les preocupa esto, cuando felices y entusiastas participaban del Foro de Sao Paulo o el Grupo de Puebla y de la supuesta organización de defensa a la democracia. Por su parte, el Frente Amplio se “revolcó de indignación”, el diputado Gonzalo Winter cuestionó el hecho que el Gobierno presentara la iniciativa como cooperación contra el crimen organizado. Según Winter, el documento estadounidense también contempla seguridad económica, minerales críticos, infraestructura digital y coordinación multilateral, por lo que pidió conocer con precisión qué compromisos asumió Chile. Claramente el Partido Comunista se iba a oponer a cualquier acercamiento con “el imperialismo que defiende el capitalismo” y que es la principal piedra en el camino para el avance al “paraíso comunista”.
Este año, el comunismo mundial ha perdido gran parte del relato con reveces de envergadura. El diputado Marcos Barraza criticó el ingreso de Chile en la instancia, calificándola falta de transparencia ya que la decisión se tomó sin informar previamente al Congreso. Esto no es un tratado internacional, por lo que la crítica carece de todo fundamento. Por su parte, la diputada Lorena Pizarro anunció un oficio al canciller y utilizó la expresión “Operación Cóndor 2.0”, vinculando su preocupación con posibles dimensiones represivas de la cooperación regional. En el Partido Socialista, el diputado Marcos Ilabaca cuestionó la forma en que se gestionó el proceso y anunció que esos antecedentes serían parte de la interpelación al canciller. También expresó preocupación porque, según su interpretación, información sobre los contenidos habría aparecido primero desde Estados Unidos y no en la comunicación inicial del Gobierno chileno. La centroizquierda también reclamó, el presidente de la DC, Álvaro Ortiz, y el diputado PPD Raúl Soto cuestionaron el momento y contexto de la adhesión. Ortiz sostuvo que, a su juicio, la visita presidencial a EE.UU. no era el contexto adecuado para suscribir este tipo de compromisos.
Lo cierto es que la izquierda como un todo está “dando vueltas en círculos”, están desesperados, no soportan quedar en el eje de las ideas de la libertad y están dispuestos a entorpecer ayudas esenciales para Chile con tal de no alinearse con Estados Unidos en esta nueva Guerra Fría. (El Líbero)
Magdalena Merbilháa
