El poder de la mujer en la moda trasciende la simple compra. Con un mercado global
proyectado para crecer de 1.36 billones de dólares en 2024 a 1.78 billones en 2029, el
consumo femenino es el catalizador crítico para reformar las prácticas más problemáticas de
la industria. La acumulación de desechos, el uso intensivo de agua y la explotación laboral en
gigantes asiáticos como China, Bangladesh, Vietnam e India, exigen un cambio urgente en la
mentalidad de las consumidoras, especialmente en Latinoamérica, región que suele recibir el
impacto del desecho plástico disfrazado de “moda”.
Las mujeres hoy impulsan la necesidad de un modelo consciente y regenerativo. No basta con
comprar; se debe exigir como consumidoras que las marcas reevalúen sus cadenas de
producción y se comprometan con la ética laboral. Ante esto, los movimientos activistas
femeninos proponen tres soluciones fundamentales: Slow Fashion; que prioriza calidad y
durabilidad sobre cantidad. Mujeres de todas las edades optan por prendas atemporales,
rechazando macrotendencias que dañan el entorno y son imposibles de reciclar. Mercado de
Segunda Mano; es una plataforma de reventa en crecimiento exponencial que permite reducir
la huella de carbono mientras se encuentran piezas únicas. Alquiler de Ropa; fomenta la
circularidad al permitir el acceso a prendas de alta gama para ocasiones especiales sin
necesidad de adquisición permanente.
Es imperativo que las marcas incorporen iniciativas de sostenibilidad en el planeta: materiales
regenerativos, reducción de plásticos y programas basados en las 3R (Reducir, Reutilizar,
Reciclar). Sin embargo, el desafío es cultural. La industria ha explotado históricamente las
inseguridades femeninas y estándares de belleza irreales, exacerbados por redes sociales que
imponen ciclos de consumo basados en la insatisfacción. A pesar de la rentabilidad del Fast
Fashion impuesto por potencias como China y EE.UU., el consumo lineal e impulsivo debe
transformarse. Tomando consciencia que la mujer no es solo la principal compradora, sino
una líder cultural y agente de cambio. Su poder colectivo es la fuerza capaz de exigir una
transformación ética, moldeando una economía donde la moda coexista en armonía con la
conservación y respeto al entorno. (Dirección de Comunicación y Medios, Vicerrectoría de Vinculación y Compromiso Público Universidad Católica de Temuco)
Claudia Gómez
Académica Centro de Estudios de Género UCT
