El invierno parece no querer irse, a pesar de los intentos primaverales.

A casi una semana de la publicación de la columna –y documento– de los alcaldes Tomás Vodanovic (Frente Amplio) y Jaime Bellolio (UDI), ambos ediles han destinado parte de su agenda a recorrer medios de comunicación y espacios de debate para explicar su llamado a ponerse de acuerdo transversalmente en temas fundamentales y construir políticas públicas de largo aliento, evitando así el que cada cuatro años se reinicie absolutamente todo según el color político que llegue al Poder Ejecutivo, Legislativo, regional o municipal.

La invitación, como puntapié inicial, parece de una altura de miras que se echaba en falta en nuestro país, al menos, desde hace casi una década.

Cualquier medición de opinión pública demuestra que la ciudadanía está harta de los políticos y las instituciones que ellos habitan. No se salva ninguna. Ese hartazgo deviene en desconfianza y desafección pero, además, en una indiferencia que le da rienda suelta al péndulo que tiene al país en pocos meses embobado por un inexperto mesianismo progresista y luego embelesado por una improvisada pirotecnia marketera.

Además, cualquiera que dedique parte de su jornada a conversar con adultos o jóvenes de diversas comunas del país, percibe rápidamente que las ciudades parecen cubiertas por una bruma de incomodidad y la sensación permanente de que en cualquier momento se va a largar a llover torrencialmente en hemiciclos, ministerios, oficinas, medios y redes sociales una plétora de críticas, insultos, juicios y amenazas que sólo contribuyen al aumento del caudal cada vez mayor de una suerte de amargura colectiva.

En ese sentido, la propuesta de Bellolio y Vodanovic parece ser un auténtico intento para que, al menos, un primer rayo de luz permita generar, sin atolondramientos, algunos brotes de mirada en conjunto y reflexión honesta y no mezquina.

Pero este invierno en el que estamos se resiste. El efecto de El Niño Godzilla que afecta al clima tiene su correlato social en ese perfil de político que se aferra a un afán de protagonismo deseoso de likes y de algún espacio en la pantalla, aunque sea en roñosos programas de politainment.

Siguiendo la metáfora griega aludida por Vodanovic y Bellolio respecto a la necesidad de plantar árboles en cuya sombra sabemos que no nos sentaremos, pareciera que abundan los políticos alérgicos a cualquier brote primaveral de ese tipo.

La alergia afecta a diestra y siniestra. El comunista Daniel Jadue, la frenteamplista Consuelo Veloso, el republicano Agustín Romero o el nacionallibertario Cristóbal Utturicoechea se mostraron, junto a otros cuantos, abiertamente reticentes a sentarse a dialogar con la contraparte y ven como un gesto de debilidad el abrir espacios que permitan pensar más allá de la propia trinchera.

A ellos se sumaron los alcaldes independientes de centroderecha, Sebastián Sichel y Agustín Iglesias, quienes respondieron con una carta señalando obviedades como que los acuerdos no son suficientes, sino que se necesitan soluciones o que los vecinos no van a los municipios a preguntar si existen consensos.

Todos estos alérgicos parecen conformarse –y así lo demuestran en sus perfiles de redes e intervenciones públicas– con la cuña que les dé pantalla, el reel que les genere más likes o la postura que más se comparta en sus endogámicos grupos de WhatsApp.

Los mismos Bellolio y Vodanovic lo advierten en su columna inicial, el verdadero enemigo es la demagogia y el populismo. Evidentemente conocen el ambiente mezquino que abunda en parte de sus mismas colectividades.

Este primer asomo primaveral debe celebrarse. Quizás –esperemos que no– termine siendo sólo un breve momento en que las nubes se abren. Pero la dupla edil sabe perfectamente que, de una u otra manera, el invierno acabará. (El Líbero)

Alberto López-Hermida