Como todos sus predecesores al iniciar sus mandatos, el Presidente José Antonio Kast está gozando de su luna de miel. La primera medida de aprobación presidencial, en su primera semana en el poder, muestra un saludable 57% de aprobación. El desafío de Kast en las próximas semanas será demostrar a su base que cumplirá con sus promesas de campaña más importantes y convencer al resto del país que gobernará pensando en el bienestar de todos, incluidos aquellos que no votaron por él.
La luna de miel presidencial es un patrón bastante conocido. Al menos desde 2006, cuando Adimark comenzó a realizar encuestas mensuales de aprobación presidencial—y desde 2014, cuando CADEM comenzó con sus mediciones semanales—todos los presidentes gozan de niveles relativamente altos de aprobación al iniciar sus mandatos. En sus primeras mediciones, los presidentes Piñera (2010-2014), Bachelet (2014-2018), Piñera (2018-2022) y Boric (2022-2026) tuvieron niveles saludables de aprobación: 52, 52, 51, y 50, respectivamente.
Los expertos que se dedican al estudio de la opinión pública subrayan que existe una tendencia de U en la aprobación presidencial, con porcentajes más altos al comienzo y final del periodo. El entusiasmo por lo cambios que ha prometido el gobierno explica la alta aprobación inicial mientras que la alegría de saber que el gobierno se acaba da cuenta del aumento en aprobación que reciben los presidentes antes de dejar el poder. En muchos casos, la aprobación presidencial termina tiene forma de J-invertida (mayor popularidad al comienzo y una mejora apenas perceptible al final del periodo).
Pero es innegable que la aprobación de Kast en su primera semana supera la de sus antecesores. El presidente que ha sido ampliamente catalogado por la prensa internacional como un líder de extrema derecha ha logrado que un 57% de los chilenos apruebe su gestión a menos de una semana de iniciado el periodo. Aunque muchos dudaban de que los chilenos escogieran a un político que apoyó decididamente a la dictadura militar y votó en el plebiscito de 1988 a favor de la continuidad en el poder de Augusto Pinochet, Kast no solo logró una victoria cómoda en la segunda vuelta de diciembre de 2025 sino que, además, ha tenido la aprobación presidencial más alta en su primera semana en el poder desde que hay registros.
Como las encuestas también muestran que una amplia mayoría de los chilenos ve con malos ojos a la dictadura militar, es evidente que la identificación con el legado de la dictadura de Pinochet ya no representa el mismo pasivo que en épocas anteriores. La decisión de la izquierda de radicalizarse hacia posiciones extremas en los últimos años y el ampliamente impopular legado del proceso constituyente han ayudado a que ser simpatizante de la dictadura militar ya no sea una postura que inevitablemente produzca un rechazo popular insuperable.
Pero la historia también nos muestra que el efecto de luna de miel se termina relativamente pronto. En el caso de Boric, pasó un mes antes de que el rechazo a su gestión superara a la aprobación. Con el paso de los meses, algunos presidentes logran recuperar su aprobación y mantienen una aprobación mayor que su desaprobación. Pero otros, como Boric, se pasan todo su periodo con niveles de desaprobación superiores a los de aprobación. Aquellos que gobiernan fundamentalmente buscando dejar felices a sus bases más duras, pero olvidan que deben gobernar velando por el bienestar de todos, a menudo terminan atrapados en su propia trampa de impopularidad.
En sus primeras semanas en el poder, Kast comenzará a dar señales sobre cuál será su norte. Las decisiones que tome inevitablemente generarán ya sea descontento en sus bases más duras o rechazo en esas grandes mayorías que optaron por otros candidatos en la primera vuelta de noviembre y que ahora temporalmente aprueban su desempeño. Sus decisiones sobre reformas tributarias, políticas de inmigración y contra la delincuencia serán sometidas a escrutinio por una población que todavía tiene que formarse una opinión sobre quién es realmente Kast.
Los gestos y los símbolos importan mucho. Por eso, la decisión que deberá tomar Kast sobre cómo usa su poder presidencial de indulto será un momento clave para todo lo que resta de su gobierno. Si Kast opta por seguir los pasos de Boric e indultar a personas que han sido condenadas por graves delitos de violaciones a los derechos humanos, también quedará manchado por hacer algo que una mayoría de las personas rechaza. Si en cambio Kast usa su poder de indulto de forma muy cuidadosa, aplicándolo solo en casos en que haya evidencia innegable de que se cometieron injusticias al condenar a uniformados simplemente por hacer su trabajo y cumplir sus tareas, la gente aceptará la decisión de usar esa prerrogativa presidencial. El presidente deberá ser especialmente criterioso al tomar la decisión de a quiénes aplicará un indulto.
La imagen que se formen los chilenos sobre qué norte guía a su nuevo Presidente impactará fuertemente en la aprobación presidencial que reciba Kast en lo que resta de este periodo que recién comienza. El indulto será la primera medida en la que Kast deba decidir si quiere gobernar para su base más dura o si quiere gobernar para cumplir las expectativas de las grandes mayorías del país. (El Líbero)
Patricio Navia
