Aunque resulta difícil decirlo, y todavía más difícil imaginarlo, el gobierno del Presidente José Antonio Kast pudiera aprender una importante lección de lo que le funcionó bien al Presidente Gabriel Boric. En vez de andar peleando todo el tiempo con sus adversarios ideológicos más evidentes, Kast debiera aprovechar las oportunidades que tiene para forjar acuerdos con los líderes políticos que están dispuestos a negociar. Como los presidentes exitosos son aquellos capaces de construir acuerdos amplios y permanentes, Kast debiera olvidarse de sus adversarios más enconados y debiera abocarse a buscar puntos de acuerdo con aquellos partidos y líderes que quieren un país que funcione para las grandes mayorías y no un campo de batalla que divida y destruya a la república.
En periodo de campañas, la polarización es inevitable, ya que los candidatos promueven hojas de ruta a menudo contrapuestas. A mayor polarización, más interés le pone la gente a la campaña y más fácil resulta movilizar a los votantes. Pero cuando ya pasó la campaña, la polarización representa una amenaza para la construcción de acuerdos y coaliciones mayoritarias que permitan gobernar. Especialmente cuando el gobierno no cuenta con mayoría en el Congreso, la estrategia dominante debe ser buscar la construcción de grandes acuerdos que permitan implementar el tipo de cambio por el que votó una mayoría del país.
Hace cuatro años, el gobierno del Presidente Gabriel Boric se embriagó con la alta votación que obtuvo en la segunda vuelta e impulsó una serie de reformas que, si bien estaban en el programa de gobierno, no contaban con amplio apoyo popular. Boric había alcanzado una mayoría considerable en segunda vuelta (55,9%), pero su apoyo base de primera vuelta había sido sustancialmente más bajo (25,8%). Boric y su equipo equivocadamente pensaron que una amplia mayoría del país apoyaba su hoja de ruta, pero en realidad sólo uno de cada cuatro electores lo apoyó en primera vuelta. La mayoría que lo llevó al poder en segunda vuelta se construyó fundamentalmente con votantes que creían que la alternativa, José Antonio Kast, era peor.
Hoy, al Presidente Kast y a su grupo cercano, le pasa algo similar. Olvidándose que su votación en primera vuelta fue de 23,9%, Kast y su círculo cercano insisten en recordar sólo el 58,2% de segunda vuelta. Desconociendo que tres de cada cuatro personas hubieran preferido a alguien más como presidente, Kast cree tener un mandato para impulsar su programa de gobierno. Es más, buscando justificar esa idea de avanzar sin transar, algunos incluso insisten en alegar, mañosamente, que es el Presidente que más votos ha obtenido en Chile desde el retorno de la democracia. Pero olvidan que Frei logró también el 58%, y en primera vuelta, en 1993, y que Bachelet alcanzó un 62,2% en la segunda vuelta de 2013. Mientras Frei buscó gobernar con grandes acuerdos, Bachelet impulsó obstinadamente un programa de gobierno radical cuyos costos todavía estamos pagando.
Después de la aplastante derrota en el plebiscito de 2022, Boric nunca logró recuperarse del todo. Pese a todo, su legado incluye una reforma que pasó con un amplio apoyo. Polémica y con debilidades evidentes, la reforma de pensiones que se aprobó a comienzos de 2025 fue aprobada cuando el oficialismo y los principales partidos de la oposición lograron construir un acuerdo que permitirá mejorar las pensiones, manteniendo el sistema de capitalización individual y aumentando el porcentaje del sueldo que va mensualmente a la cuenta individual. La reforma de pensiones tiene debilidades evidentes, pero su aprobación fue uno de los grandes logros del gobierno de Boric. Cuando Boric y sus aliados finalmente se dieron cuenta de que la única posibilidad de pasar una reforma era a través de un acuerdo donde todos cedieran algo, la reforma que venía discutiéndose por más de 10 años logró aprobarse.
Es cierto que uno de los grandes ausentes en ese gran acuerdo fue el Partido Republicano del Presidente Kast. Por comprensibles discrepancias con elementos clave de la reforma, los republicanos optaron por votar en contra de la reforma.
Aunque es comprensible que los partidos más extremistas se opongan a los grandes acuerdos, cuando esos partidos llegan al poder, eventualmente se terminan de convencer de que la única forma de avanzar su agenda es con negociaciones que obligan a abandonar algunas prioridades para conseguir un apoyo más amplio. En el caso de Boric, la negociación obligó al gobierno a aceptar que se mantuviera el sistema de capitalización individual a cambio de fortalecer el pilar solidario. Boric entendió que los gobiernos exitosos se definen por los cambios que logran impulsar, no por las peleas heroicas que se pierden defendiendo la pureza de los postulados iniciales.
El gobierno del Presidente Kast se encuentra hoy en momento definitorio de su futuro. Si insiste en pelearse con sus enemigos declarados, en vez de sentarse a conversar con sus adversarios, Kast va a pasar a la historia como un gobierno que nunca aprendió que debía dejar la estrategia de polarización que le ayudó a ganar la elección para adoptar una estrategia de forjar diálogos y construir acuerdos que le permita convertirse en un gobierno que deje un legado claro y exitoso. (El Líbero)
Patricio Navia
