Ser liviano implica no tener carga física o emocional y marca rasgos de la personalidad. Se utiliza coloquialmente para describir a alguien simpático, agradable o fácil de llevar en el trato diario, “livianito de sangre”, como se dice. Hay que tener claro que, en lenguaje formal, el término no es positivo, sino negativo. Se refiere a una persona inconstante o superficial, alguien carente de profundidad. Alguien de no fiar, que cambia constantemente de opiniones y que no se toma las cosas importantes con la seriedad necesaria.
No hay mejor palabra para definir a lo que le sucede a la derecha hoy. La liviandad se ha hecho simplemente insoportable e increíble, para no creer. Para muchos de ellos, los egos son más importantes que el fondo, pareciera que no entienden lo que está en juego como país. No sólo estamos al borde de una recesión técnica con un desempleo galopante, lo que debiera cuadrar a todo el sector sin “peros”. Las auditorías han arrojado un despilfarro sin precedentes, “no hay plata” y hay que ser más creativos que nunca. Pero en vez de estar juntos en resolver todo eso, se dedican a pelear entre ellos. La acusación constitucional contra Grau fue un frente de peleas, ridícula, que le dio aire a la izquierda. Algo poco inteligente siempre. El indulto a las fuerzas de orden y seguridad, condenados por casos de abuso en el marco del “octubrismo”, es otro flanco de desavenencias inentendible. El viejo Chile Vamos no soporta que Republicanos y Libertarios marquen un “gol” y están siempre dispuestos a “tirar la pelota al corner”, aunque eso implique un triunfo para la izquierda. Desde ya, el Frente Amplio ha celebrado el rechazo de la acusación constitucional afirmando que eso “demuestra” (como si fuese científico) que Libertarios y Republicanos mentían. Lo cierto es que la acusación se salvó por la política y estos cálculos livianos de egos heridos. Por esa actitud que tiene condenado y podrido a Chile.
A esta liviandad se suma que un grupo de empresarios de derecha, envidiosos del éxito del programa Sin Filtros y no pudiendo pautearlo, decidieron invertir en un nuevo canal de YouTube para intentar ganarle el espacio. No sólo reclutaron a Gonzalo Feito, sino que invitan a los mismos panelistas y lanzan un programa exactamente a la misma hora y con el mismo formato. Un verdadero plagio a todas luces, lo que incluso podría tener instancias judiciales con facilidad. Parece increíble, la liviandad del ser y los egos enfermizos.
Esta liviandad hace olvidar qué es lo que está en juego, la visión de país. Algo más grande que la contingencia hoy. Son incapaces de mirar más allá de mañana y la batalla cultural que hay que ganar es de largo plazo, a 10 años más o más. No les importan las ideas, les importan ellos. No les importa el país, les importa ellos. Son altamente ingratos, ya que sin Sin Filtros Chile habría caído en la trampa del mamarracho constitucional de Loncón y compañía, que llevaba al país directo al abismo. La actitud parece de Pre Kinder, los niños pueden ser livianos, pero los adultos, no deben serlo. No, si tienen algo de inteligencia. Como diría Niall Ferguson, hay veces que las personas y los países “se auto arrogan el derecho de ser estúpidos” y la derecha lo está siendo a niveles pornográficos. La animadversión para con el programa venía desde antes, de hecho “se levantó polvo” buscando vetar a panelistas de Sin Filtros en cargos del gobierno. Parlamentarios electos hablan de la política no puede ser tipo “Sin Filtros”, es claramente un ataque concertado. La izquierda siempre le tuvo sangre en el ojo al programa, ya que sabe que “Chile Despertó” del letargo de las falsas promesas levantadas por ellos a causa del programa. Fue el culpable de que sus sueños no se hiciesen realidad. Lo cierto es que los culpables fueron ellos mismos, por no tener mesura y literalmente “cebarse”. Sin Filtros le dio voz a la derecha, se convirtió en la plataforma donde muchos que pensaban lo mismo, encontraron una real representación. La gente nos lo dice constantemente en la calle a quienes somos panelistas. Sin Filtros fue, además, “la cantera” de muchos hoy parlamentarios. Fueron electos gracias al programa. Pero la envidia, que es un tipo de tristeza, carcome, no soporta el bien ajeno. Esta moviliza y algunos decidieron no complementar, lo que siempre es bienvenido, sino minar. Es ese individualismo exacerbado que livianamente no entiende el fondo de las cosas, lo que como diría Julio Iglesias, lleva siempre a la derecha a “tropezar con la misma piedra”. No ven la idea país, ni ponen las necesidades primero. Es como si dijeran “si no soy yo, que no sea nadie”. Una cosa patológica que les va a impedir consolidar este gobierno y les va a asegurar que los próximos cuatro años retorne la alternancia desde la izquierda. Si no se trabaja en equipo con un proyecto común, siempre se dará “un paso adelante y dos hacia atrás”. Así no se avanza. No sé quiénes son los que están detrás de Purcel.tv, sólo sé que son miopes y que no están aportando, sino destruyendo. Serán en parte responsables de impedirle a Chile ocho años de gobierno que permitan enmendar el rumbo. Desatar una guerra entre quienes debieran ser aliados es poco inteligente y permite a la izquierda radical rearmarse y tomar palco, “comiendo cabritas”, sin tener que hacer mucho. La liviandad de la derecha es simplemente insoportable.
Despierten y no permitan que el triunfo hoy les maree la cabeza, se necesitan dos o tres gobiernos para enderezar el barco y es para eso para lo que hay que trabajar. (El Líbero)
Magdalena Merbilháa
