La fuerza por sí sola no basta-Pilar Lizana

La fuerza por sí sola no basta-Pilar Lizana

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2 muertos, 56 lesionados, 450 detenidos y 35 saqueos fue el balance policial de la jornada de conmemoración del 18-O. Acusaciones cruzadas entre la izquierda y la derecha iban y venían en la prensa y el twitter. El gobierno responsabilizando a la oposición por instalar una “sensación de impunidad”. Pero nadie se refirió a los 4 atentados que hubo en lo que fue la jornada más violenta en La Araucanía desde el inicio del Estado de Excepción. Al menos en Santiago.

“Hasta que la dignidad se haga costumbre”, decían los manifestantes en Plaza Italia en octubre de 2019. La bandera mapuche era vendida en cada esquina y muchos la levantaban como símbolo de la protesta. ¿Qué significa esa bandera? Para muchos, un contexto de violencia constante que lleva años y no ha visto una voluntad real de las fuerzas políticas por solucionar.

Si. Políticas. Ese es el objetivo de quienes se movilizan en La Araucanía. En los ´90 Aucán Huilcamán recorría el mundo llevando el mensaje del Pueblo Mapuche y buscando apoyos internacionales. Hacia fines de la década, la Coordinadora Arauco-Malleco planteaba el estado-nación mapuche. El 2010 se desclasificaban archivos de las FARC y nos enterábamos del entrenamiento que recibían los indígenas asociados a la causa. El objetivo era claro y la forma de alcanzarlo también. El ´90 se registró el primer hecho asociado a la violencia mapuche en democracia. Primero eran tomas pacíficas, cortes de caminos, robo de ganado y madera, que evolucionó a quema de escuelas e iglesias, atentados contra camioneros, enfrentamientos, barricadas e intercambio de balas.

Hoy, usar la técnica terrorista es la norma. El robo de madera y el narcotráfico, el financiamiento. La sensación de inseguridad reina en la Macrozona Sur. Más carabineros piden algunos; despliegues de militares, otros. Mano dura, lo gritan todos. El consenso es que ningún gobierno ni fuerza política ha mostrado voluntad real de querer solucionar el problema.

¿Qué hacemos entonces? Por ahora el Ejecutivo decretó Estado de Excepción en la zona. Se han visto avances importantes. Se han detenido violentistas, desarmado barricadas, incautado camiones robados y hasta se vivió un día sin atentados.

Pero ¿es la fuerza la solución? Me atrevería a decir que no totalmente. Restaurar el estado de derecho es misión del Estado y el uso del monopolio de la fuerza una de las maneras, pero el problema mapuche va más allá de la presencia de militares y policías. Cumplen un rol clave, no hay duda. Sin embargo, proteger las instituciones que sostienen al país es tan importante como recuperar la paz en La Araucanía. No abusemos de los militares.

Esa paz a la que contribuyen las Fuerzas Armadas y de Seguridad debe ir acompañada del trabajo conjunto de todos los actores. Las detenciones no sirven si los delitos no están tipificados y los castigos no son proporcionales. El Congreso tiene una labor
importante. También el Poder Judicial. Debemos ayudar a los logros de la fuerza. El proyecto de ley que tipifica el robo de madera como delito es un ejemplo de ello.

El uso de la fuerza ayuda, pero cuando va acompañado de silencio no avanza. Todos los poderes deben confluir hacia una respuesta de largo plazo que ponga la seguridad, el desarrollo y el bienestar de la comunidad en el centro. El compromiso de los partidos políticos, la piedra angular. La pregunta obligada: ¿qué pasará después de los 15 días que dura la excepción constitucional?

La tarea es de todos. Visibilizar el problema más allá de La Araucanía el comienzo. Un compromiso político transversal, la clave. (El Líbero)

Pilar Lizana

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