El nombramiento de la exfiscal regional de Tarapacá, Trinidad Steinert, como futura ministra de Seguridad Pública, marca la culminación de un complejo proceso de selección liderado por José Antonio Kast. Tras evaluar perfiles de alto tonelaje político —como el senador electo Rodolfo Carter— y considerar a diversas figuras de las Fuerzas Armadas y de Orden, el mandatario electo optó por un perfil técnico con experiencia directa en la persecución penal. La decisión busca dar una señal de combate frontal al crimen organizado, posicionando a Steinert como una figura clave frente a amenazas como el Tren de Aragua, banda a la que ya golpeó judicialmente en el norte del país.
El camino hacia la confirmación de Steinert no estuvo exento de tensiones. La Oficina del Presidente Electo (OPE) exploró inicialmente nombres de parlamentarios y exuniformados antes de convencerse de que un fiscal del Ministerio Público ofrecía el conocimiento de calle y el manejo policial necesario para la cartera “estrella” del gobierno. En este casting figuraron nombres como Eugenio Campos y Héctor Barros, pero fue la trayectoria de Steinert en zonas críticas como Colchane y su especialización en tráfico de migrantes lo que terminó por inclinar la balanza a su favor, con el respaldo del timonel republicano Arturo Squella.
Pese a la valoración positiva de su capacidad técnica por parte de sus pares, el salto de Steinert desde la Fiscalía Regional de Tarapacá a la primera línea política ha generado un debate sobre la autonomía del Ministerio Público. Aunque su renuncia fue aceptada por el fiscal nacional, Ángel Valencia, persisten dudas sobre el momento de su salida —a solo dos años de asumir un periodo de ocho— y eventuales conflictos de interés. No obstante, el equipo de Kast confía en que su flanqueo comunicacional por parte del comité político permitirá a la futura ministra centrarse en la gestión operativa y en el fortalecimiento de la seguridad ciudadana a partir del 11 de marzo. (NP-Gemini-La Tercera)
