La derrota y la calle-Claudio Hohmann

La derrota y la calle-Claudio Hohmann

Compartir

En una cruda columna del domingo Max Colodro escribió con crudeza: “La izquierda y la centroizquierda chilena han sufrido una derrota política sólo comparable a la caída de la UP… y simplemente no quieren mirar de frente ni estar a la altura de su drama”.

Y es que no fue solo el abultado resultado del 14 de diciembre -antecedido por uno incluso más amplio en el plebiscito de 2022-, sino que sobre todo fue una resonante derrota en la batalla de las ideas, que la izquierda y el progresismo sintió que iba ganando desde el inicio del movimiento estudiantil en adelante -convencidos de estar situado en el “lado correcto de la historia”-, cuando en realidad la estaba incubando a fuego lento, porque en una democracia las meras consignas, contrastadas con la realidad tienen un rendimiento limitado y suelen conducir a un colapso electoral como el que el sector sufrió en la segunda vuelta de la elección presidencial.

Durante una década, desde 2011 a 2021, la izquierda -la nueva izquierda de los jóvenes frenteamplistas unidos con el Partido Comunista- pareció que controlaba sin contrapeso el campo donde se libra la batalla de las ideas que finalmente hace suyas la sociedad chilena. No pocas lograron instalarse por algunos años como verdades irrebatibles en el foro público. Al tenor de ellas vivíamos en el país más desigual del mundo, las AFP les birlaban sus ahorros a los cotizantes -esa era entonces la causa de las bajas pensiones- y la Constitución “tramposa”, como no, debía ser reemplazada sin demora. Para colmo, no era el alza de 30 pesos en el pasaje del Metro la razón por la que se movilizaron los estudiantes secundarios y la gente en octubre de 2019 sino que eran, ni más ni menos, ¡30 años de abuso!

La violencia social era el corolario previsible para un guion de tales características. ¿Qué sociedad en el siglo 21 resistiría pasivamente trampas y abusos de esa índole, supuestamente institucionalizados en la mismísima Carta Fundamental que la rige?

No pasó mucho tiempo antes que se desvirtuara la veracidad de las consignas que constituían la base del ideario político de la izquierda. A modo de ejemplo -sin que ni por un momento se lo propusieran sus impulsores- por la vía de los retiros de los fondos de pensiones los chilenos pudieron comprobar que en lugar del supuesto robo legalizado de la AFP sus ahorros estaban intactos y ganando intereses en sus cuentas individuales. Pero ¿cuántas veces oyeron o leyeron que las administradoras se quedaban con buena parte de sus ahorros?

Aunque las posverdades referidas jugaron un rol relevante, la causa fundante de la derrota histórica de la izquierda y la centroizquierda chilena tiene su origen en un defecto fundamental: la incapacidad de ese sector de ofrecer un proyecto de desarrollo del país de cara al futuro. Renegar insensatamente de la modernización capitalista –“una parte de mi quiere derrocar al capitalismo en Chile” afirmó el Presidente Boric en julio de 2023- implicó el debilitamiento del pilar fundamental de política pública que puso al país a la cabeza del desarrollo humano en América Latina.

Últimamente, con ocasión de la campaña presidencial se observó un consenso para devolverle al crecimiento económico la prioridad que nunca debió perder en el sistema político, un impulso tardío de quienes apenas unos años antes se dejaban tentar por el decrecimiento y la refundación del país.

¿Qué le queda a la izquierda y a la centroizquierda chilena después del vacío político en el que ha quedado después de la elección presidencial? Muy poco tiempo para hacer la obligada travesía por el desierto que los malos resultados electorales de 2022 y 2025 recomiendan.

Mientras tanto, a partir del próximo 11 de marzo, cuando José Antonio Kast asuma en acto solemne la Presidencia de la República, volverá sobre la marcha a ser oposición. Si lo hace desde la calle, como lo anuncia el Partido Comunista, podría prolongar por un tiempo más largo del que imagina el regreso al poder. La alternativa está en la esencia del sistema democrático: hacer oposición en el espacio político que le concede a todos los actores que participan en él. Hacerlo bien allí no sólo será crítico para el futuro de la izquierda democrática, sino que también para el desarrollo del país. (El Líbero)

Claudio Hohmann