Aunque el tema más ganador para José Antonio Kast como candidato fue su mensaje de mano dura contra la delincuencia y la inmigración, la inflación será el tema que definirá si Kast logra consolidarse como un Presidente popular o si sigue el camino de mayor rechazo que aprobación que caracterizó al gobierno de su predecesor Gabriel Boric. Si Kast no logra revertir pronto su caída en las encuestas de aprobación presidencial, se instalará la idea de que el nuevo gobierno solo representa a una minoría del país. En un Congreso compuesto por una mayoría que mira la aprobación presidencial antes de decidir si apoya o se opone a las iniciativas oficialistas, la capacidad del gobierno para avanzar su agenda de reformas se verá severamente limitada si el Presidente no logra revertir pronto el brusco aumento en el porcentaje de chilenos que rechazan su gestión.

Kast no es responsable por el aumento en el precio del petróleo. Aunque la guerra en Irán se produjo producto de una decisión del Presidente de Estados Unidos, el hecho que Kast sea un aliado de Donald Trump no significa que el Presidente chileno haya tenido capacidad de influir en las decisiones que tomó la Casa Blanca. Pero precisamente porque es aliado de Trump y porque el gobierno de Gabriel Boric se ensañó en sus críticas a las decisiones del gobierno de Estados Unidos, Kast tiene poco margen para criticar esta guerra que ha hecho subir rápidamente el precio del petróleo.

Pasar el costo del aumento del petróleo directamente a los chilenos sí es una decisión que tomó el Presidente Kast. Es cierto que el gobierno anterior dejo al país en una situación fiscal incómoda. El gobierno de Boric fue especialmente irresponsable en su manejo fiscal y eso ha limitado mucho la capacidad de acción del gobierno entrante. Pero Chile no está ni quebrado ni en una situación en la que no había otra opción que traspasarle el costo de este shock a toda la población. El impacto en la inflación que tendrá esta decisión va a tener repercusiones graves para la economía del país y para el estado de ánimo de los chilenos. El gobierno tenía alternativas para minimizar el duro golpe que implica la decisión de aumentar drásticamente el precio de la gasolina y el diésel.

Es verdad que la opción de incorporar un componente de gradualidad al aumento de precios implica un costo fiscal adicional. Pero un gobierno que está realmente interesado en que el país retome el sendero correcto del desarrollo sostenido debe demostrarle a la población que entiende los problemas que tiene la gente y está dispuesto a hacer sacrificios para ayudar a solucionar esos problemas. En vez de anunciar un ajuste adicional del gasto público (incluyendo los sueldos de los funcionarios mejor pagados) para subsidiar por un tiempo limitado el shock de aumento de precios, el gobierno optó por actuar como si la única opción posible fuera pasar el aumento de precios al bolsillo de los chilenos.

La decisión puede ser fiscalmente responsable, pero es políticamente muy costosa. La respuesta de la población se dejó escuchar enseguida en una brusca caída en la aprobación presidencial. En varios sectores de la capital, se comenzaron a escuchar cacerolazos. Si la gente no creía que el país estaba en crisis, ahora todos ven nubarrones negros en el horizonte. La expectativa de inflación que se viene empeorará los ánimos.

Aunque la gente lo sentirá en sus bolsillos, el gobierno será uno de los principales afectados. Aunque no sea responsable del shock de precios del petróleo, la gente igual culpará al gobierno por no haber hecho nada para evitar traspasar los costos a la población. La impopularidad presidencial limitará la capacidad del gobierno para avanzar su agenda de reformas legislativas. Es mucho más fácil decirle que no a un gobierno cuyo Presidente tiene más rechazo que aprobación que a un gobierno con un Presidente con 60% de aprobación. Los propios legisladores de derecha criticarán al gobierno cuando la gente en las calles les reclame a ellos por los aumentos de precios.

Al optar por no apretarse el bolsillo en otros gastos para amortiguar el efecto del aumento del precio del petróleo, el gobierno optó por gastarse un valioso capital político. Endeudarse en un punto del PIB era un buen precio a pagar para alargar la luna de miel y poder impulsar la reforma tributaria que buscaba impulsar el crecimiento de la economía. Al ahorrarse el subsidio al petróleo, el gobierno pone muy cuesta arriba el éxito de sus reformas legislativas, incluida la reforma tributaria.

Con la decisión de pasar el shock del aumento de precios a los consumidores, el Presidente Kast ha convertido a la inflación en el principal problema del país. Aunque Kast tenía una agenda ganadora cuando el principal tema era la delincuencia, ahora el gobierno está forzado a hacerse cargo del problema de la inflación. Peor aún, la gente va a apuntar al gobierno como responsable por el aumento de precios. Además de tener que dar explicaciones técnicamente correctas, pero políticamente difíciles de vender, el gobierno de Kast pronto entenderá que, al haber caído su aprobación, su capital político no alcanzará para avanzar su ambiciosa agenda de reformas. (El Lïbero)

Patricio Navia